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lunes, 24 de abril de 2017

Memoria reciente del castillo de San Servando. Sus preludios

En los años cuarenta, captaría el interés para alojar un ideal educativo apadrinado por el Frente de Castillo de San Servando fotografiado por Casiano Alguacil hacia 1885.

FOTO ARCHIVO MUNICIPAL DE TOLEDO

En Toledo, el nombre de San Servando se asocia al castillo situado en la orilla izquierda del Tajo, un secular vigía del puente de Alcántara. En origen, fue un castelum romano, quizá rehecho en época islámica y, más tarde, aprovechado por fuerzas cristianas. 



En 1380 fue reforzado por el arzobispo Tenorio para después, ya sin valor estratégico, sufrir una continua dejación hasta el siglo XX.

Banderas en el torreón del homenaje del castillo de San Servando, en julio de 1949. FOTO ARCHIVO ANTONIO PAREJA
Sin embargo, el nombre de la fortaleza, en realidad, se debe a una edificación cercana, el monasterio que Alfonso VI otorgó a los benedictinos, en 1095, y dedicó a los santos Servando y Germano, como voto por haber salvado su vida, el día de tales mártires, el 23 de octubre de 1086, en la batalla de Zalaca.

Al cenobio llegaron monjes marselleses que sufrirían repetidos ataques almorávides, lo que justificó su marcha en 1110. Siglos después, otras órdenes y el propio arzobispado ocuparon aquel lugar que, en 1932, acogería el nuevo Hospital Provincial. Este proceso lo divulgó, en 1927, el militar e historiador Castaños Montijano (1852-1929) para ser salvadas, sin éxito, las últimas huellas del antiguo convento.

En 1874, gracias a la Comisión Provincial de Monumentos, la fortaleza fue declarada Monumento Nacional, siendo la primera de España que recibió tal distinción y, a su vez, la primera del patrimonio toledano, siguiendo, en 1878, la Sinagoga del Tránsito y la Puerta del Sol. Sin embargo, los muros tan sólo abrazaban ya un maltrecho solar aplicado como almacén de pólvora y ocasional aprisco. 

Castillo de San Servando fotografiado por Casiano Alguacil hacia 1885. FOTO ARCHIVO MUNICIPAL DE TOLEDO
A pesar de todo, el castillo fue escenario esporádico de actos de todo tipo. En 1889 se propuso erigir una pirámide, de 20 metros de altura, dedicada a la unidad católica de España, además de colocarse cruces y estaciones del Vía Crucis en alguna Semana Santa. Para los «scouts» toledanos, San Servando era un destino de excursiones festivas, como para los cadetes, aún alojados en el Alcázar, un paraje de puntuales prácticas. 

No faltaron tampoco las voces que pedían arreglar los accesos para favorecer las visitas turísticas. Finalmente, ningún proyecto llegaría a buen puerto hasta la posguerra civil.

En los años cuarenta, el Castillo captaría el interés para alojar un ideal educativo apadrinado por el Frente de Juventudes (entidad creada, en 1940, para encuadrar niños y jóvenes entre los 6 y 21 años), que ya tenía en Toledo una Academia Cultural, ubicada en la calle Hospedería de San Bernardo 4 y 6. Aquí residían las Falanges Juveniles de Franco que, entre sus actividades, ofrecía clases gratuitas de cultura general a cargo de un sacerdote y dos profesores. Aunque este proyecto, desde el curso 1941.42, se encuadró en el sistema educativo, los recursos eran escasos. 

Fue crucial el papel de un activo maestro y pedagogo, Matías Martín Sanabria (1901-1965), llegado a Toledo en 1934, que ahora ejercía como delegado del Frente de Juventudes y profesor de Prácticas de Magisterio. En 1946 creó un aula para niños de cinco años («una escuadra», como se aludió en una memoria posterior), a cargo de una maestra, Otilia López Pintor, a la que pronto sustituyó Alicia Santos Forcelledo hasta 1978. En 1948 el aumento de matrícula hizo crecer el número de aulas: una más de iniciación, a cargo de Maria Eugenia Martín de Vidales, y otra, de grado elemental, que tuteló Manuel Martín-Abad Cáceres. La falta de espacio hizo que todas las clases se llevasen al edificio de Magisterio, frente al paseo de Merchán. 

En 1949 se sumó un maestro más, Adolfo Tordera Cortecero que, como los anteriores, permanecería hasta 1978. Sin embargo, el mal estado de las instalaciones exigiría otro traslado. El nuevo y definitivo lugar fue la planta baja de la Diputación. Allí, se habilitaron los espacios necesarios como aulas, decorando una de ellas el pintor Ruiz de los Paños con personajes de Walt Disney. En junio de 1950, Martín Sanabria, afirmaba que aquel proyecto no nacía para competir con otros centros docentes, ni tenía un carácter benéfico, pretendía ser un «lugar de selección», que abría sus aulas a «todas las clases sociales». Pronto se irían creando nuevas aulas e incorporándose más docentes que consolidaron la institución.

El centro recibiría el nombre oficial de Escuela Graduada de San Servando y, más tarde,Colegio San Fernando. El cierre llegaría en 1978, al suprimirse el Patronato Escolar Primario del Frente de Juventudes del que dependía. Según Cruz Orozco, que estudia el ocaso del sistema educativo impulsado por el Frente de Juventudes, indica que en los años sesenta reunía a casi 6.000 alumnos sobre un total de 3,7 millones de escolares de Primaria. 

En cambio, los colegios católicos, desde la firma del Concordato, en 1953, ya captaban más alumnado. En aquel momento, en la provincia de Toledo, había más de 5.600 niños y niñas instruidos por religiosos, frente a los poco más de 300 que atendía Juventudes. Aunque esta institución pretendió educar conforme al espíritu ideológico del Movimiento, a medio plazo, además de cubrir las plazas escolares que no creaba con suficiente celeridad el Ministerio de Educación Nacional, sus centros funcionarían como colegios públicos con buenos docentes y magníficos logros, algo que ocurrió en Toledo con resultados sobradamente probados por varias generaciones.

Mientras así evolucionaba la sección de Primaria, la Academia de Cultura seguía anunciando, desde 1943, en su sede, de la calle Hospedería de San Bernardo, clases de cultura general (en horario de tarde-noche), la preparación para alumnos (siempre niños) de nueve años en adelante para el examen de ingreso en el Instituto, o bien en Magisterio, además de becar los estudios a quienes aprobasen los niveles correspondientes. En 1944 llegaba a Toledo Blas Tello y Fernández Caballero. que ejercería como gobernador civil hasta 1951, siendo un fuerte adalid del proyecto educativo iniciado por Martín Sanabria y que ahora, bajo una nueva cobertura normativa, podría ampliarse a niveles superiores con una docencia reglada y reconocida.

En el curso 1948-49 el número de alumnos de la Academia de Cultura era de 150, desde Primaria hasta quienes cursaban quinto de Bachillerato, más 180 becados en otros estudios. En aquel momento, Tello anunció el deseo de que aquella Academia acogiese en un futuro el alumnado de la «clase modesta y trabajadora» de la provincia que no tenía acceso a las enseñanzas medias, para lo que sería preciso habilitar un internado en Toledo. Para lograrlo puso su atención en el arruinado castillo de San Servando de manera que, el 18 de julio de 1949, una vez cedido por la Dirección General de Bellas Artes, presidiría el izado de banderas en la antigua fortaleza, anunciado que, en un año, estaría ya en uso el nuevo colegio. Sin embargo, los deseos tardarían en cumplirse en medio de otras circunstancias que señalaremos en un siguiente artículo.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN 10/04/2017 14:40h - Actualizado: 10/04/2017 19:40h.
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-memoria-reciente-castillo-san-servando-preludios-201704101440_noticia.html

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