lunes, 5 de junio de 2017

El uso ideológico de la Reconquista de Toledo (y IV)

Esta actitud explicaría también el hecho de que la recién cristianizada mezquita se pusiese bajo la advocación de la Virgen María (defensora de los cristianos frente a los musulmanes en las batallas de la conquista), para recordar a los musulmanes que Ésta era la madre de Dios, porque Jesucristo era Dios y no un profeta anterior a Mahoma como ellos defendían.

De hecho, el rey dio a la Iglesia importantes dotaciones en materia política y judicial con el fin de que reorganizara la vida religiosa en la ciudad, dejando bajo su control a todos los monasterios de la urbe y estableciendo que el que la rigiera tuviese el suficiente poder como para juzgar a los obispos, abades y clérigos de los reinos castellano-leoneses.



En el preámbulo de la carta donde esto se establecia aparece una frase verdaderamente explícita; "".para que la que hasta entonces fue habitáculo de de-monios, pennanezca en lo sucesivo como santuario de los espíritus celestiales y de todos los cristianos" . Tal frase se puede tomar con una prueba de que, de alguna fonna, desde el momento de la toma de la ciudad estaba claro que la mezquita mayor debía convertirse en iglesia cristiana.

Resultado de imagen de Reconquista de ToledoA su vez, afirmaciones como la precedente están en la base de la visión "diabólica" de la ciudad de Toledo que se empezará a manifestar en el siglo XII y, sobre todo, a partir del XIII. Se evidencia aquí, por lo tanto, un tipo de concepción de lo que urbe significaba en el momento de su conquista cristiana mucho más compleja de lo que tradicionalmente se ha venido considerando.

Toledo era vista con anhelo por los cristianos, en tanto que representaba una especie de "paraíso perdido", pero a su vez se observaba con temor; se percibía como un lugar maldito en el que los pecados de los visigodos habían provocado un castigo divido que condujo a la "pérdida de España"'.

Es en este ambiente en el que hay que estudiar la sustitución del rito mozárabe de Toledo por el rito romano que defendía la Santa Sede, contando con el apoyo de los monjes cluniacenses. Alfonso VI siempre se mostró partidario de la reforma eclesiástica que se proponía desde Roma, y que entroncaba con la nueva cultura europea que estaba llegando a la Península Ibérica a través del camino de Santiago, por lo que es lógico que al tomar Toledo uno de sus primeros objetivos fuera el de restaurar el culto basándose en los planteamientos defendidos por el Papa.

Pero existe una causa, no obstante, que explica el rechazo del rito mozárabe y la implantación del romano, y que seguramente fue clave; la propia cultura de los mozárabes.

¿Cómo podían fiarse los cristianos venidos del Norte del rito religioso de una comunidad que en nada se diferenciaba de los musulmanes salvo en creer en los preceptos básicos del cristianismo, los cuales, sin embargo, desarrollaban de forma distinta en sus ceremonias? ¿No estaría el cristianismo mozárabe contaminado de alguna forma por el islam tras una convivencia de casi cuatro centurias, como había evidenciado la herejía adopcionista desarrollada en el siglo VIlI?

¿Y si fueran herejes? Por otro lado, si fuera cierto lo que más tarde afirmaría Rodrigo Jiménez de Rada, que cuando llegó Tariq en el año 714 Toledo se quedó "casi sin habitantes, pues muchos habían huido a Amaya, otros a Asturias y otros a las montañas" 'o, (para dar legitimidad a los que conquistaron la ciudad en 1085, considerándolos así como los here-deros de los toledanos que huyeron), ¿quiénes eran esos cristianos que había en la ciudad?

Por estas razones, el monarca ni siquiera aceptó la disposición divina a favor del rito de Toledo, manifestada en la victoria que obtuvo un caballero mozárabe frente uno partidario del culto romano en un combate entendido como un juicio de Dios, ni la posterior evidencia de la predilección celestial por el mozárabe cuando, en otra prueba, el libro de este rito saltó de una hoguera mientras que el romano se quemaba en ella 102,

Algo que no se debe interpretar como si de un enfrentamiento entre el mandato divino y el regio se tratase, ya que si tenemos en cuenta el carácter providencialista de la monarquía, y que el que era monarca lo era por la gracia divina, se puede concluir que la voluntad regia era, en realidad, una manifestación de la voluntad de Dios, abalada además en este caso por las disposiciones que el Papa como representante de San Pedro en la tierra enviaba desde Roma.

El rey, por lo tanto, no se dejó "amedrentar por el milagro ni convencer por los ruegos" y "mantuvo su resolución y ordenó, bajo pena de muerte o de suplicio de los que se opusieran, que el oficio trancés fuera observado en todos los rincones de su reino" 

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0041_01.pdf

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