lunes, 31 de julio de 2017

Fue en Toledo

Fue en Toledo, la princesa de los riscos; 
la zagala de las lomas; la sultana de las vegas; 
la que airosa como un junco, se levanta 
sobre el duro precipicio de las peñas, 
por mirarse en el espejo de las aguas cantarinas de ese río,
que rodando sin descanso, bullidoras la festejan. 



Fue en Toledo, la que es reina de los montes y las rocas; 
la de los lindos cigarrales, que la colman de caricias y promesas; 
la gallarda, la del alma recogida; 
fue en la joya de Castilla, tan hidalga como entera. 
La que es madre generosa de labriegos, de guerreros y pintores; 
la que es novia de poetas; 
la que es vivo relicario de la historia de virtudes de la España. 
La que es maja, entre las majas; la que es buena, entre las buenas. 

Fue en Toledo... Fue en sus calles silenciosas, 
retorcidas cual las hoces de la siega. 
Esas calles pecho arriba, que parecen a la senda que va al cielo; 
esas calles tan estrechas, 
que al que pasa lo acarician con el roce de sus muros, 
con el beso de sus hierros, con el alma de sus piedras ..

Julián Sánchez-Prieto, "El Pastor Poeta" (1886-1979) 












http://miratoledo.blogspot.com.es/2017/06/fue-en-toledo.html

sábado, 29 de julio de 2017

Molinos de la Jara Occidental

Molino del arroyo de San Vicente

Pasaremos ahora a estudiar las peculiaridades de los numerosos molinos de La Jara y para ello comenzaremos el recorrido desde el oeste de la provincia.

Dejaremos para otra ocasión los molinos que se encuentran en la actual provincia de Cáceres pero que pertenecieron a La Jara como territorio histórico talaverano.

En las orillas del arroyo de San Vicente molía un artificio de típica presa jareña en arco invertido de grandes dimensiones. 



En un edificio anejo se instaló un motor auxiliar de gasoil que precisó del depósito de agua habitual en estos casos para su refrigeración (Sv 1) (Foto 40).Uno de los molinss del río

En el río Pedroso, a su paso por Mohedas de La Jara, encontramos hoy las ruinas de cuatro ejemplares.

El primero está dotado de un cubo de gran altura, unos nueve metros, afianzado con un vistoso refuerzo escalonado de mampostería de pizarra . 

Es un hermoso ejemplar en cuanto a su arquitectura popular se refiere. De los otros tres molinos, dos son de cubo y uno de presa, habiéndose este último adaptado también a motor.

El arroyo Cubilar y su tributario el Majano cuentan en sus orillas con las ruinas de siete molinos (Ma 1), (Ma 2), (Ma 3) y (Cu 1), (Cu 2), (Cu 3) y (Cu 4) (Foto 41). Todos son de presa en arco invertido con edificios muy toscos de pizarra.

Únicamente tienen como dependencias la sala del molino y en algún caso una pequeña cuadra adosada.

Por su cercanía a Campillo de la Jara pudieran ser estos los artificios que aparecen en las relaciones de Felipe II como molinos “de sequera”.Presa de uno de los molinos del río Huso

En las cercanías de Puerto Rey y Minas de Santa Quiteria hay dos molinos, uno sobre el río Fresnedoso con restos de un cubo y otro sobre el arroyo de Valderromero cuyo receptor es una presa en arco invertido (Frg 1) y (Vr 1) .

En término de Navalmoralejo, sobre el Andilucha, podemos todavía hoy visitar los restos de un molino con dos grandes rampas paralelas que movilizaban dos piedras. 

Los canales tienen dos grandes ensanches antes de las rampas que hacían las veces de balsa (Ad1).

Presa de un molino sobre el río Huso

En el río Uso todos los molinos movían sus piedras con las típicas presas jareñas, salvo el último de ellos (U 7) que contaba con tres rampas de buenas dimensiones (Foto 42). 

Estos molinos del Uso son en general de mayor tamaño que sus paisanos de la Jara, estando generalmente dotados de una cuadra y una cocina además de la sala del molino.

En el tercero de ellos (U 3) encontramos uno de los pocos casos de doble presa con doble canal pues, situado en la misma desembocadura del arroyo Cubilar en el Uso, toma caudal de ambas corrientes. 

Cuenta con dos cárcavos y en uno de ellos parece haberse alojado la única cuba de regolfo que funcionó en la comarca de La Jara.

Entrada a las rampas de un molino en el río Huso

El molino número cinco del río Uso (U 5) se adapta muy bien a la topografía de la ribera mediante una curiosa planta muy alargada. 

Es de los pocos casos en que el vector de paso del agua bajo el edificio no sigue una dirección perpendicular a la corriente fluvial, sino que esta es casi paralela al eje mayor del edificio molinero 

(Foto 43).

Molino abovedado en el río Huso

El sexto molino (U 6) es el que presenta aspecto de mayor antigüedad. 

Tiene cegado el receptor y parte de la sala que, para dotarle de mayor resistencia, está abovedada y presenta huellas de varias reformas y adaptaciones. 

Está construido, junto al séptimo de los molinos del Uso, en típica arquitectura popular de mampostería granítica, material menos frecuente que la pizarra en los molinos jareños. 

El séptimo ejemplar también se sitúa en el encajonado cauce bajo del Uso, donde sus avenidas hicieron necesario el recrecido de sus muros dado que las aguas lo destejaban al no estar anteriormente cerrado con bóveda.P

lantas esquemáticas de los molinos del Pedroso, cerca de Mohedas

Probablemente las aguas del embalse de Azután ocultan los restos de un octavo molino del Uso que podría haber estado más cercano a la Ciudad de Vascos y ser el que se nombra en el Libro de la Montería.Otro de los molinos del Pedroso
http://lamejortierradecastilla.com/molinos-de-la-jara-occidental/


viernes, 28 de julio de 2017

La viuda de Don Rodrigo, último rey visigodo

Un caluroso día de julio del año 711, el ejército del rey godo don Rodrigo sufrió una terrible derrota en la batalla de Guadalete a manos de Tariq, el caudillo de las tropas árabes que acababan de invadir la península Ibérica. 

El rey murió en la batalla. Su esposa, la bella Egilo, perdía de golpe marido y corona tras apenas año y medio de reinado.

Al verano siguiente desembarcó en nuestras costas el valí o virrey de los árabes. Era el cruel y despiadado moro Muza que, por suerte para España, regresó a Damasco al cabo de dos años y dejó en su lugar a su hijo Abd-el-Aziz. 

Era este joven todo lo contrario de su padre: un gobernante justo, firme pero inclinado a la clemencia, una personalidad brillante y, además, un apuesto galán con fama de mujeriego. 

Sucedió que Abd-el-Aziz se enamoró de la viuda de don Rodrigo y se casó con ella apenas su padre emprendió el viaje a Arabia. 

El nuevo valí eligió Sevilla como residencia. Sevilla era ya por entonces una gran ciudad, pues aunque la corte de los reyes godos estaba en Toledo, fue en la ciudad andaluza donde había quedado la antigua nobleza romana y la tradición cultural de aquellos tiempos.


De modo que allá se trasladó Egilo con su nuevo esposo. 

Él veía por sus ojos y trataba de complacerla en todo, y ella aprovechó esta debilidad para iniciar su propia Reconquista entre mieles y caricias. 

La idea de Egilo era alentar a Abd-el-Aziz para que rompiera con el califato de Damasco y se proclamara rey de una España independiente, comenzando así una dinastía mestiza, goda y árabe a la vez, en un reino que daría cabida al recién llegado y que integraría también aquel pasado romano; y una dinastía que, al mismo tiempo, representara de algún modo una continuación de la anterior.

Egilo comenzó por tratar de convencer a su esposo de que adoptara frente a sus súbditos los modos mayestáticos que habían sido habituales en la corte de los godos. 

Se empeñó en que exigiera la prosternación a quienes recibía en audiencia, y, para lograrlo, esta ingeniosa mujer mandó abrir una puerta baja en la sala de audiencias, una puerta que, por su poca altura, obligaba a inclinarse y agachar la cabeza a quienes accedían a la presencia del valí. 

Pero faltaba lo más importante: conseguir que su marido se pusiera la diadema o corona de los reyes. Él se resistía, alegando que su religión no permitía utilizar ese símbolo, pero Egilo le dijo que sus correligionarios no tendrían por qué enterarse nunca, ya que la llevaría sólo cuando ambos estuvieran en la intimidad. Él, por supuesto, accedió una vez más a su capricho.

El drama sobrevino cuando el secreto llegó a una de las mejores amigas de Egilo, una dama casada con otro alto dignatario árabe. Acudió a visitarlos y, como era de toda confianza, el valí la recibió con la corona puesta. La dama sintió celos y al llegar a casa le propuso a su marido que llevara también una diadema. Él le respondió lo mismo: que le estaba prohibido por su religión, y entonces ella exclamó: 

“¡Te juro por la religión del Mesías que yo la he visto sobre la cabeza de vuestro príncipe!”

El hombre dio cuenta de esta información a los principales jefes musulmanes, que llegaron a la conclusión de que Abd-el-Aziz se había hecho cristiano. 

Decidieron entonces asesinarlo, y así lo hicieron un día del verano del 716, mientras oraba en la mezquita. 

Nada volvió a saberse de Egilo. No debió de correr mejor suerte, pues a los ojos de los árabes aparecería como culpable de haber inclinado a su marido hacia su religión. 

Aquel día murió al mismo tiempo el sueño de una mujer, un sueño que hubiera podido llevar por caminos muy distintos la historia de España.


Bibliografía:
Semblanzas visigodas - José Orlandis
http://themaskedlady.blogspot.com.es/search?q=toledo&updated-max=2009-05-12T13:41:00%2B02:00&max-results=20&start=25&by-date=false

jueves, 27 de julio de 2017

"Ni quito ni pongo rey"

Bertrand du Guesclin 

Castilla estaba sumida en plena guerra civil entre el rey Pedro y su hermanastro, el bastardo Enrique de Trastámara.

Toledo estaba al borde de la resistencia y necesitaba ser abastecida. No cabía más dilación. Era el momento de preparar el encuentro final y cada uno de los contendientes llamó a sus fuerzas. Pedro guarneció la fortaleza de Carmona y partió hacia Alcántara buscando acercarse a Toledo y permitir el contacto con los refuerzos que esperaba del norte. Le acompañaban 1.500 jinetes moros enviados por el rey de Granada.

Pedro I de Castilla

El Trastámara evolucionó rápidamente y avanzando por la noche sorprendió a Pedro acampado en Montiel, con sus fuerzas diseminadas por la comarca y sin haber recibido todavía la columna que llegaba de Andalucía. Sin darles tiempo para agruparse, el 14 de marzo de 1369 fueron derrotados.

Pedro pudo refugiarse en el castillo, pero a pesar de los cañones de que disponía, la fortaleza no estaba preparada para un asedio. 



Se imponía cualquier otro tipo de solución, y el fiel Men Rodríguez de Sanabria acudió a la tienda del francés Bertrand du Guesclin, uno de los apoyos de Enrique, con el que había combatido en Montiel. 

El motivo era que Sanabria conocía a du Guesclin y quiso negociar con él la salida del rey, ofreciéndole a cambio algunas plazas. El francés le prometió facilitarle la huida a Pedro, para lo que debíapresentarse esa noche en su tienda.

Ruinas del castillo de la Estrella, Montiel, Ciudad Real

La leyenda y la historia se confunden en uno de los más trágicos hechos de nuestro pasado. 

Habiéndose presentado don Pedro como se le requirió en la noche del 22 al 23 de marzo de 1369, fue apresado por los otros capitanes mercenarios que habían sido avisados, y apareció el propio Enrique de Trastámara, armado para el combate y gritando:

—¿Dónde está ese judío hideputa?

—¡El hideputa seréis vos, pues yo soy hijo legítimo del buen rey Alfonso! – respondió inmediatamente Don Pedro.

Parece que los hechos pudieron suceder así: los dos hermanos entablaron entonces combate, pero du Guesclin intervino de alguna forma haciendo trampas a favor de Enrique, tal vez con una zancadilla, o ayudando a su señor a quedar encima de Pedro cuando ambos cayeron al suelo durante una lucha en la que el Trastámara dio muerte a Pedro por su propia mano.

Enrique II de Trastámara

Según la leyenda, cuando le recriminaron al francés su actitud tan poco caballeresca, du Guesclin se limitó a decir:

—Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.

El fratricidio de Montiel se convertirá en tema literario y serán múltiples sus versiones. La noticia se extendió rápidamente por una Europa imbuida de principios caballerescos, y Pedro recibió así las loas que de otra forma no hubiera logrado. Sobre Enrique y du Guesclin llovieron las más duras críticas, pero su condición de vencedores les puso a cubierto de las consecuencias de sus actos.

Concluía ensangrentado un reinado que se había desenvuelto entre sangre, había estado marcado por los asesinatos y las luchas y eran actores finales del drama quienes habían sido sus protagonistas desde aquella lejana primavera de 1350 en que Pedro el Cruel comenzó a gobernar.


Bibliografía:
Pedro I – Luis Vicente Díaz Martín
http://themaskedlady.blogspot.com.es/search?q=toledo&updated-max=2012-02-19T10:48:00%2B01:00&max-results=20&start=8&by-date=false

miércoles, 26 de julio de 2017

La Corredera de Talavera, Fotos Antiguas

La Corredera desde su lado oeste. En primer plano a la izquiedra el rótulo de la farmacia de don Abel.

También se ven los albañales y al fondo la vieja torre del Reloj.

Aunque durante unos años se llamó calle José Canalejas en honor del político de ese nombre y presidente del gobierno asesinado, la mayor parte de su historia se denominó Corredera del Cristo.

Corredera, por ser el lugar de cierta amplitud y rectilíneo en el que siguiendo la ronda de la muralla se celebraban justas, carreras de caballos o encierros de toros, y “del Cristo” por haberse instalado en una de las torres vaciadas la capilla del Cristo de los Mercaderes a mediados del siglo XVIII, aunque ya en 1622 se instala una cruz en el mismo lugar.

Según Pedro Gayarre durante el siglo XV también se llamaba calle Real y este mismo autor propone que el nombre de Corredera podría provenir de las aguas que “corrían” por ella y que venían a depositarse al final de la calle junto a El Salvador, lo que originaba problemas de salubridad pública y continuas obras de dragado y empedrado.




La Corredera en una foto de principios del siglo XX

La Corredera comienza en la Plaza del Reloj y acaba en la plazuela de El Salvador. Fue una de las calles principales de la Talavera medieval, tradicionalmente muy comercial, y muestra de ello son las casas pintadas con motivos simbólicos mercantiles o la capilla del Cristo de los Mercaderes en una de las albarranas, mientras que en la torre que está frente a la Casa de la Iglesia, antiguo convento y colegio de las Agustinas, es donde está el panel de azulejos con la referencia de Cervantes a Talavera en su obra Los Trabajos de Persiles y Segismunda, además de la torre que está junto a El Salvador.

La Corredera en una vieja postal dondese perciben las casas pintadas de la izquierda y los soportales de la derecha

También los soportales, tan tradicionalmente castellanos y que se perdieron en su mayoría nos hablan de la actividad comercial tradicional, de la que aún quedan como muestra las esparterías.

También se celebraban en ella las procesiones religiosas más significativas y fue una de las vías antiguas de más trasiego antes de consolidarse la cañada de Alfares como vía principal de paso posteriormente.

Detalle de los soportales de La Corredera en la foto anterior

Las viviendas y comercios adosados a la muralla, oculta tras ellos, proceden de los antiguos tenderetes que se apoyaban en el muro pero que con el paso del tiempo fueron haciéndose menos precarios en sus materiales y más definitivos en su estructura.

Antiguamente también se situaban en la zona de el Palenque algunas fraguas, y los herradores y albéitares o veterinarios, además de la cárcel pública y la alhóndiga, que era el depósito público y casa de venta y compra de grano . 

En épocas más recientes también contó la Corredera con algunas oficinas bancarias.

Arcos efímeros en honor de la Virgen del Prado instalados en La Corredera

A esta calle se asomaba el palenque de la iglesia del convento de los Jesuitas y luego de los agustinos, después mercado de abastos y junto a él se encontraba la puerta Nueva o de las Cebollas donde hasta hace poco se han vendido verduras y plantones de productos hortícolas, así como y también fueron tradicionales en ella los puestos de melones y sandías con zambombas y panderetas en Navidad, además de tres kioscos de chucherías. 

Junto a la albarrana de El Salvador había una fuente muy frecuentada hasta los años 60.

La Corredera vista desde su lado oeste, al fondo la antigua torre del Reloj

Todavía quedan algunas casas de aspecto dieciochesco en la acera izquierda, alguna de cierto empaque en la acera derecha y la casa del Arcipreste.


Extremo oeste de La Corredera con la torre de El Salvador al fondo


La Corredera en una foto de la colección de Telefónica de los años 20


lunes, 24 de julio de 2017

Goswinta, reina visigoda

Goswintha pertenecía a la aristocracia visigoda del siglo VI. Hacia el año 545, o tal vez algo después, se casó con Atanagildo, un poderoso magnate que a la muerte de Teudiselo ya reivindicó su derecho al trono. No lo consiguió entonces, pues fue Agila el elegido. 

Al cabo de un par de años Atanagildo protagonizó una rebelión contra el rey en Sevilla, una gran ciudad habitada por muchas familias de la aristocracia hispano-romana. 

La rebelión desembocó en una guerra civil durante el transcurso de la cual Atanagildo solicitó ayuda al emperador Justiniano, que envió a sus tropas. 

La contienda duró tres años. 

Al cabo de ese tiempo los godos, temiendo que Justiniano aprovechara sus luchas internas para apoderarse de Hispania, decidieron ponerle fin asesinando a Agila y reconociendo como rey a Atanagildo.

El nuevo monarca eligió como capital a Toledo, y allí residía toda la corte. Tenía dos hijas de Goswinta: Galswinta y Brunegilda, que alcanzaron la edad casadera durante los últimos años del reinado de su padre.



El rey Sigeberto I de Austrasia eligió por esposa a Brunegilda, a quien Gregorio de Tours describe como bella, virtuosa, juiciosa y de trato agradable. La boda se celebró en Metz, y tras el enlace la nueva reina abjuró del arrianismo para convertirse al catolicismo.

Sigeberto tenía un hermano llamado Chilperico, que era rey de Neustria. Este no se caracterizaba por su rigidez de costumbres y, además de tener varias concubinas, estaba ya casado con Audovera, con quien tenía varios hijos; pero al tener conocimiento de la boda de su hermano con una princesa de tan alto rango, quiso aspirar también él a una hija de rey y solicitó la mano de Galswinta. 

Logró anular su matrimonio para poder desposarla, de modo que, con Audovera en el convento y libre ya el rey del obstáculo que hubiera impedido el enlace, la hija de Atanagildo partió hacia Neustria. Su esposo la recibió en Rouen y tras la boda también ella, al igual que su hermana, abrazó la fe católica.

El matrimonio fue un fracaso desde el principio, porque Chilperico no cumplió su palabra de alejar a sus concubinas y continuaba siendo el amante de Fredegunda, una aldeana franca que servía en palacio. Galswinta, descontenta, quiere regresar a Hispania, pero, aunque se muestra dispuesta a entregar la dote y abandonar incluso las ricas joyas que ha traído consigo, el rey la retiene con engaños y la hace estrangular en su lecho. Poco después Chilperico se casaba con Fredegunda.

No habría de transcurrir mucho tiempo entre la muerte de la reina de Neustria y la de su padre. Atanagildo fallecía en el año 568, dejando vacante el trono durante cinco meses, hasta la designación de Liuva, duque de la Narbonense. 

Este asoció al trono a su hermano Leovigildo, quien se hizo cargo de las provincias de Hispania mientras Liuva gobernaba el territorio al norte de los Pirineos. Leovigildo decide reforzar su poder aliándose con la familia del rey difunto, y para ello se casa con la viuda.

Goswinta era mujer inteligente y con gran sentido político, pero también una arriana fanática y, según Gregorio de Tours, la principal instigadora de las persecuciones contra los católicos en tiempos de Leovigildo. 

Este tenía dos hijos de su primer matrimonio: Hermenegildo y Recaredo, ambos asociados al trono desde muy jóvenes. Goswinta maniobró para que el mayor, Hermenegildo, se prometiera con Ingunda, la hija de Brunegilda y Sigeberto.

Ingunda, apenas una niña, llegaba a su destino en el año 579, pero la felicidad de Goswinta pronto se troca en decepción: la fe católica de su nieta era sólida, y no aceptaba convertirse al arrianismo. Viendo que la persuasión no daba frutos, la reina probó métodos más drásticos y llegó a maltratarla: la agarró del cabello con fuerza, la derribó y comenzó a cubrirla de golpes y patadas que la dejaron ensangrentada. A continuación ordenó que fuese arrojada a la piscina bautismal arriana, pero ni siquiera bajo tan graves circunstancias cedió un ápice Ingunda.

Así las cosas, el ambiente era irrespirable y la convivencia entre ambas un imposible. Leovigildo había confiado a su hijo el gobierno de la Bética y, para aliviar la tensión, se ocupó de el joven matrimonio abandonase cuanto antes la corte para residir en Sevilla. 

Una vez allí, fue Hermenegildo quien abrazó el catolicismo, por influencia de la esposa y del obispo San Leandro. Ese mismo año se rebela contra su padre y se proclama rey en los territorios que gobernaba, comenzando así una guerra de cinco años. Finalmente el príncipe fue hecho prisionero y moría a manos del carcelero Sisberto.

Ingunda huye con su hijo Atanagildo e intenta buscar refugio en Constantinopla, pero fallece durante la travesía. El rastro del niño se pierde al llegar a Bizancio, donde reinaba el emperador Mauricio.

El triste destino de la princesa no fue lamentado por Goswinta, que por razones de Estado tampoco tuvo empacho en negociar el matrimonio de Recaredo con la hija de Chilperico y Fredegunda. No se detuvo ante la consideración de que Chilperico era el asesino de su hija Galswinta, y si la boda no llegó a celebrarse fue tan solo porque el rey de Neustria moría cuando la novia ya estaba a punto de cruzar la frontera.

En el año 586 fallecía también Leovigildo, pero ello no supuso para la viuda su retirada de la vida pública. Por el contrario, Recaredo hubo de alcanzar un acuerdo con ella en virtud del cual la reconocía como su propia madre. El joven siguió sus consejos y fue un continuador de la política que ella había impulsado. Se trató de nuevo el asunto del matrimonio con una princesa franca, esta vez hermana de Ingunda, pero, dadas las malas experiencias de aquella princesa en la corte de Toledo y su trágico final, en Austrasia no aceptaron la propuesta.

Para entonces Goswinta ya era anciana y una catarata blanca velaba uno de sus ojos, pero sus energías no se hallaban mermadas. Ni siquiera logró fulminarla el peor de los golpes que se le podía asestar: la conversión de Recaredo al catolicismo cuando aún no llevaba un año de reinado. La anciana reina guardó silencio, pero cuando en dos ocasiones los arrianos trataron de sublevarse, ella se lanzó con vigor a las conspiraciones. 

Junto con el antiguo obispo de su fe, urdió una conjura contra Recaredo. Descubiertos ambos, el obispo fue exiliado mientras que el destino de Goswinta resulta incierto en las crónicas, que nos cuentan, de forma muy ambigua, que “llegó al fin de su vida”, algo que sugiere que tal vez la muerte no se produjo de modo natural.

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El Rio Jébalo (5) acabamos de conocer Alcaudete

Portada plateresca de la iglesia de Alcaudete

En la entrada anterior sobre el río Jébalo habíamos conocido la historia y la arquitectura de Alcaudete, hoy vamos a acabar de conocer este pueblo jareño, antes de continuar hacia la desembocadura.

IGLESIA 

bóvedas de crucería en la iglesia de Alcaudete

En 1534 un párroco murciano llamado Juan de Algarra dejó al morir todos sus bienes para financiar la construcción del que tal vez sea el templo más monumental de La Jara que, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, domina hoy el paisaje urbano de Alcaudete. 

Los dos curas que siguieron a don Juan fueron sobrinos suyos y se llamaron ambos Cristóbal de Bustamante, continuando la obra de su tío y haciéndose enterrar los tres bajo sendas losas de pizarra en la capilla mayor.



El edificio es de grandes proporciones y está edificado en mampostería con sillería en los ángulos. Tiene una sola nave dividida en tres tramos y la capilla mayor con cinco paramentos es algo más baja. 

Las cuatro bóvedas respectivas son de crucería ojival y en sus claves aparecen esculpidos el blasón del fundador, el jarrón de azucenas símbolo de la advocación y otros motivos. Se trata de una iglesia de estilo ojival con detalles del renacimiento, como la define el Conde de Cedillo. Desde antiguo era conocida la riqueza de la parroquia de Alcaudete de la que dependían las iglesias de varios pueblos cercanos, hasta el punto de que se ha conservado el dicho: “ Cura de Alcaudete, obispillo sin roquete ”.

No debemos dejar de observar la portada plateresca de la fachada sur del templo, formada por un arco semicircular entre columnas sobre pedestales y un ancho friso con salientes de exornos, además de un entablamento con otro friso adornado con águilas en sus lados. Entre los motivos decorativos podemos observar los blasones de los párrocos benefactores de la obra y dos leones. La torre, de construcción posterior, es de estilo herreriano.

Azulejos talaveranos en los arrimaderos de la capilla mayor de la iglesia de Alcaudete

OTROS LUGARES DE INTERÉS

A la entrada del pueblo se puede ver una pequeña fábrica de orujo. Se sitúa a la izquierda de la carretera de Los Navalmorales y tiene interés por su sencilla y peculiar arquitectura industrial. Desde hace siglos han molido seis o siete molinos maquileros en el río y algunos de ellos se conservan en buen estado, representando unas buena muestra de estos venerables ingenios.

Una muestra de la arquitectura industrial rural, esta fábrica de orujo de Alcaudete

Aunque hay datos que sugieren la existencia de un puente antiguo, durante toda su historia estuvo Alcaudete anhelando la construcción de uno que ayudara a cruzar el Jébalo, y tanto el concejo talaverano como la Mesta hicieron diferentes proyectos que no se sustanciaron hasta el siglo XVIII. 

Hoy día el llamado Puente Viejo está arruinado por las inundaciones de posguerra pero, río abajo, queda todavía en pie el llamado Puente Cacharro.Puente Viejo de Alcaudete restaurado

FIESTAS

Aunque ha perdido gran parte de sus antiguos ritos, Alcaudete cuenta entre sus fiestas tradicionales con una celebración de gran interés pero que ha decaído en los últimos años. 

Se trata de lasoldadesca que el dos de Febrero, día de la Candelaria, salía por las calles del pueblo formada por un grupo de hombres adornados con cintas de colores según el cargo que ocuparan en la comitiva: general, coronel, teniente coronel, tambores, dos banderas, pinche y alabarderos. Acompañaban a la procesión en la que, como es creencia, las gentes esperaban ver a la vuelta la vela de la Virgen apagada o encendida para saber si se prolongarían los rigores del invierno. Después de estar presente en la misa, el grupo recorría las calles con el redoble de los tambores. 

Llegados a la plaza formaban círculo, bailaban las banderas y el pinche, que llevaba una especie de cetro adornado con cintas, también danzaba saludando por orden a las diferentes jerarquías del grupo. 

Esta soldadesca participaba también en la cuestación para las “ánimas benditas” y en el entierro de la sardina.La Inmaculada, patrona de Alcaudete, aparece representada en varios paneles de las viviendas de Alcaudete

El día ocho de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción como advocación del templo que es y patrona del pueblo. Hay misa solemne, procesión, novillada curiosamente invernal, bailes y pólvora.

GASTRONOMÍA

En cuanto a la restauración, debemos señalar que en torno a la carretera se han instalado varios establecimientos siguiendo la tradición de los viejos mesones. En ellos se puede degustar la cocina de la zona. Tradicionalmente ha tenido fama el cordero preparado en diferentes guisos y el cochinillo, pero hoy existen industrias chacineras donde se venden al público buenos embutidos y derivados del cerdo. Aunque tal vez, el producto autóctono característico de Alcaudete sea su sabrosa y tierna lechuga, además de otros productos de su feraz huerta.

http://lamejortierradecastilla.com/el-jebalo-5-acabamos-de-conocer-alcaudete/

domingo, 23 de julio de 2017

Primera época de la red telefónica en Toledo (1890-1914)

Los primeros aparatos se instalaron en las instituciones públicas, eclesiásticas o militares, empresas, despachos, negocios, redacciones y en pudientes domicilios particulares



Para el público había dos locutorios, el de la Estación -en el paseo de la Rosa-, y otro en Barrio Rey, 8 (que después se llevó a Zocodover, 18), además de atender en la oficina central, en el callejón de San Ginés, 6, frontero a las Cuevas de Hércules

Operadoras de teléfonos en 1901. Revista Blanco y Negro

En 1848, sobre un torreón del Alcázar toledano, se colocaba una estación del telégrafo óptico que unía Madrid con Cádiz, según el plan que ideó José María Mathé Aragua (1800-1875) general de Estado Mayor. En 1857 llegaba la telegrafía eléctrica para uso público a las oficinas del Estado (actual Delegación de Hacienda) situadas en la calle Alfonso X.

Desde aquel momento la ciudad quedaba unida a la red general que permitía enviar telegramas, incluso, más allá de las fronteras españolas. 

El siguiente peldaño de las modernas telecomunicaciones sería el teléfono, cuya implantación en Toledo arrancó a finales de 1890, el mismo año que en el alumbrado eléctrico ya se había hecho presente, el 14 de abril, en las calles más céntricas.

La telefonía comercial había nacido en Estados Unidos, en 1877, de la mano de Graham Bell (1847-1922), tras imponerse a otras patentes más adelantadas a su invento. En la España peninsular los primeros ensayos también se fechan en 1877, pero ceñidos a los ámbitos científicos, oficiales y algún a sagaz inversor que creó sus propias líneas en Barcelona y Madrid.

La regulación administrativa crecería ligada a los vaivenes entre conservadores y liberales de la Restauración, lo que lastró una progresión racional de la red telefónica hasta comienzos del XX. En 1882, el Estado fijaba la telefonía como servicio público mediante concesiones a particulares para explotar redes locales reducidas a cierta distancia, a períodos limitados de tiempo y otros detalles, a menudo, cambiantes. 

En 1890 se trató de reorganizar el caos de licencias vigentes. En el caso de Toledo, según recogen dos diarios madrileños (La Correspondencia de España y El Pabellón Nacional), el 4 de octubre de 1890, efectuada «la subasta para el servicio telefónico en esta capital», se adjudicó a Benigno Balbín Campomanes, cuyo nombre figuraría como administrador hasta 1914. En otra fuente se señala que también intervino, como responsable del proyecto Mariano Ortiz y Rubio (1840-1907), un acomodado personaje unido a la política local en las filas conservadoras. No obstante, parece que el empuje económico y empresarial para crear la red se debió a una conocida e influyente familia encabezada por Rodrigo González-Alegre y Álvarez, domiciliada en la calle de la Plata, en el gran edificio que fue Hospital de Bálsamo, transformado totalmente, en 1933, para acoger las nuevas oficinas de Correos.

Rodrigo González-Alegre (1823-1879) había sido un relevante prohombre, diputado a Cortes en dos ocasiones, alcalde y concejal de Toledo (1859-1863), gobernador civil de Madrid (1871) y senador en 1872. Tras su muerte, su «Viuda e Hijos», lograron, en 1880, ser comisionados del Banco de España en Toledo y gestionar la primera sucursal que se abría en la ciudad, en 1884. En 1890, una de las hijas -como ya publicó Pilar Tormo en 1990-, Isabel González-Alegre y Fanjul (1867-1937), casada con el abogado -y «rico propietario»- Rafael Corcuera y Argüelles, y previa autorización ante notario por ser mujer, se hacía cargo de la concesión para crear la primera red telefónica de Toledo.

Ella fue quien solicitó al Ayuntamiento abrir la «sede» del «Centro de Teléfonos de Toledo», que ya iba captando los primeros abonados. A partir de ese momento, en las referencias publicadas, desaparece el nombre de aquella mujer para citarse a quienes ejercieron la administración, aunque la propiedad empresarial parece que mayoritariamente continuaba en manos de la familia González-Alegre y Corcuera.

El desarrollo técnico y el tendido de la red urbana debió realizarse a lo largo de 1891. En el mes de noviembre, Miguel Gistau, «Jefe de la Central de la Red Telefónica de Toledo», solicitaba al Ayuntamiento permiso para abrir un locutorio público frente a la terminal del ferrocarril, en realidad una simple «caseta de madera de metro y medio de frente y dos y medio de fondo». El objetivo era enlazar en este punto las notificaciones de los efectos que llegaban por tren para el comercio local. Una reseña de prensa en El Toledano, del 5 de diciembre del mismo año, recoge la visita efectuada a la «estación central» telefónica que mostraron los directivos.

Lo que suponía la puesta en marcha del servicio. Los primeros aparatos se instalaron en las instituciones públicas, eclesiásticas o militares, además de algún hospedaje -como el Hotel Castilla (1892)-, empresas (la Fábrica de Armas), despachos, negocios, redacciones (La Campana Gorda, 1897) y en pudientes domicilios particulares. Para el público había dos locutorios, el de la Estación -en el paseo de la Rosa-, y otro en Barrio Rey, 8 (que después se llevó a Zocodover, 18), además de atender en la oficina central, en el callejón de San Ginés, 6, frontero a las Cuevas de Hércules. Aquí parece que existía un amplio salón que la empresa alquiló, sucesiva y transitoriamente, a la «Sala de Armas Ballade» para la práctica de esgrima (1902) y al Centro Instructivo de San Luis Gonzaga a finales de 1907.

En 1893 la compañía daba servicio a Ajofrín, Argés, Bargas, Burguillos, Cobisa, Gálvez, Olías y Polán, ofreciéndose a los ayuntamientos que lo solicitasen ante el «administrador de la Red» de Toledo, con el reclamo de ser la «más barata y bien servida de España». Por aquel entonces una conferencia de tres minutos en la propia central para un no abonado se situaba en 10 céntimos. Además, durante muchos años, como un señuelo comercial, la Red Telefónica regalaba objetos varios a los abonados cuyo número coincidiese con ciertas cifras de sorteos y loterías públicas.

Mientras, en el resto del país, se consignaban más de cuarenta redes privadas, cada una con sus locutorios exclusivos e, incluso, medios técnicos, lo que dificultaba las conexiones, aun estando muy próximas entre sí. Desde 1894, fue creciente el auge de la Compañía Peninsular de Teléfonos que adquiría, en 1908, las redes de Barcelona y Madrid. Luego seguirían más absorciones, hasta explotar en régimen monopolio las líneas interurbanas.

El 15 de diciembre de 1903, uno de los directores de la Red toledana, Joaquín Samper, reunía a las autoridades para inaugurar el enlace con Madrid, lo que facilitaría a la prensa local recibir más informaciones de sus corresponsales. En ese momento, aún figuraba como administrador Benigno Balbin, cargo que mantuvo hasta su marcha a su Colunga natal (Asturias), en 1914, año en el que la concesión toledana era absorbida por la ya citada Compañía Peninsular de Teléfonos.

Según El Eco Toledano, esta operación comercial derivó de la subasta efectuada, el 13 de noviembre de 1913, una vez concluida la concesión de veinticinco años, más un tiempo de prórroga, que hizo el Estado a la sociedad explotadora de Toledo para reasignarla ahora de nuevo. Este dato periodístico, de ser literalmente exacto, significa que los primeros pasos administrativos para crear el teléfono en la ciudad se situarían hacia 1888.

Tal cambio empresarial hizo que se trasladase la oficina y locutorio central desde el callejón de San Ginés hasta la calle de la Plata, 20. En el periódico La Región, de 4 de abril de 1914, aparecía una carta remitida por Manuel Tourné y Esbry – por cierto, teniente coronel de Infantería-, despidiéndose de los toledanos e informando de su renuncia para continuar con la explotación que había finiquitado el 31 de marzo anterior.

Al mismo tiempo que Toledo vivía los actos del III Centenario del Greco, la nueva sociedad telefónica prometía al público en general inmediatas mejoras y algún esfuerzo tecnológico como el que asombraría a la ciudad unos años después.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN 05/06/2017 21:28h 
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-primera-epoca-telefonica-toledo-1890-1914-201706052128_noticia.html


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