martes, 4 de julio de 2017

La Universidad de Toledo en el Siglo XVIII ( y III )

Resultado de imagen de Universidad de Toledo en el Siglo XVIIIEl profesorado 

Para ser docente era requisito imprescindible tener la graduaci6n de bachiller en la especialidad correspondiente.

Cada centro hacía la convocatoria de plazas y el plazo de presentación para solicitarlas, y tenían que depositar en la secretaría correspondiente unos treinta maravedís para los gastos ocasionados en la academia.

Tenían preferencia para ocupar dichas plazas los solicitantes que se habían graduado en la Universidad, a la que opositaban.

Los ejercicios que tenían que realizar duraban unas dos hora~ y estaban repartidos en teóricos y prácticos.

Para ingresar en la canónico-legal se le preguntaba al opositor por las Instituciones de J ustiniano, libros de Aristóteles para los de Filosofía, etc ... y el ejercicio práctico consistía en preguntarle por alguna experiencia docente, si la tenía. Terminada esta prueba, se le convocaba otro día para ser examinado a puerta abierta por los «académicos» (nombre con el que se designaba a los profesores) y concluido se votaba la aprobación o reprobación de cada opositor, por votos secretos de los académicos allí presentes; en caso de empate decidiría el maestrescuela.



También las vacantes de cátedras se hacían por separado en cada centro, pero tenían la particularidad que eran muy escasas, ya que tenían que ser aprobadas por Decreto Real. Todos los centros solían tener el mismo número de estas plazas a cátedras y eran ocupadas de la siguiente manera 12: Primero se comprobaban los títulos presentados por los candidatos. Después tenían que leer una lección ante los catedráticos correspondientes, que formaban tribunal entre el maestrescuela, doctores, maestros y cursantes. El número de miembros en cada tribunal variaba según los casos: para Teología y Derecho los miembros eran cinco, en Artes siete. Una vez finalizados los ejercicios votaban en sec.reto la aprobación o reprobación de los presentados. 

Los nuevos catedráticos estaban obligados a leer durante el curso escolar una serie de materias que estaban en función de la Universidad a la que pertenecían D. 

Las materias y horarios en Toledo, en la de Teología eran: «De natura et essen tia Dei», de 8 a 9 de la mañana; «pecatis» de 2 a 3 tarde; «de scientia» de 10 a 11 mañanaj «de actibus humanus» de 9 a 10 mañana; «de predestinatione» de 11 a 12 mañana. En la de Cánones: «de baptimus, et cius effectu» de 8 a 9 mañana; «de testa~ mentii» de 2 a 3 tarde. En la de Leyes: el libro tercero de justicia, el primero y «de legatis», de 9 a 10, 8 a 9 y 10 a 11 de la mañana respectivamente. En la de Medicina: «de signus prognosticis, diagnosticis» de 8 a 9 mañana; «de methodo curatura» de 9 a 10; «de febribus» de 10 a 11; de «de tumoribus» (cirugía) de 2 a 3 de la tarde. En la de Artes: «Lógica» de 8 a 9 mañana; «Metafísica» de 9 a 10 y «Física» de 11 a 12 mañana. 

Cuando un bachiller pretendía adquirir el título de licenciado, debía ajustarse a una serie de normas que se hacÍan públicas en las puertas de las respectivas Universidades y ayudaban a clarificar y organizar las diferentes graduaciones acadé- micas. Además, todos los ejercicios por los que pasaba el 'aspirante debían someterse a un método y a una regla constante, osea a las constituciones.

Como ejemplo, las normas o requisitos necesarios para conseguir el grado de licenciado en Teología eran 14: Tener el grado de bachiller con una antigüedad de un año. Someterse a un acto público denominado ordinaria magna. Debía defender nueve conclusiones de Moral, con sus correspondientes argumentos. Realizar una lección de una hora, con exposiciones de veinticuatro puntos de sentencias y dar una lección de las Sagradas Escrituras, con nueve argumentos y con una duración de cuarenta y ocho horas. 

Los estudiantes 4.1. 

Comportamiento y disciplina de los alumnos. 

Para estudiar en la Universidad era menester ser examinado de Gramática y aprobar los ejercicios que le ponía el tribunal. En el momento de matricularse, tenía que presentar en la secretaría la cédula de tener aprobada la gramática. Los alumnos podían asistir bien de actuantes o de oyentes y en este caso solo el primer año, exigiéndoles no tener más de quince faltas de asistencia. Deberían observar una gran moderación en sus costumbres, ser aplicados en los estudios, llevar hábitos honestos y decentes, formado por sotana, bayeta negra y manteo del mismo color y se les prohibía ir con capa.

Por las noches se les exigía que se recogiesen cuanto antes en sus posadas y que no fueran cantando por las calles, para no interrumpir el sosiego de los vecinos. AsÍmismo no podían resistirse a la justicia, ni estar de chanzas con mujeres, ni riñas, ni llevar armas, etc., con apercibimiento a que el que faltase a una de estas providencias quedaría excluido del fuero académico. Todas estas prohibiciones y algunas otras se encuent'ran reflejadas en los edictos universitarios 

Educación recibida en la Universidad 

Estaba basada en la «honestidad», «obediencia», «modestia» y «cortesía». Según Gómez Sánchez 16, los alumnos seguían la línea del humanismo cristiano, perfeccionando y cuidando la moral. Era fundamental que la ciencia y la virtud fuesen unidas y se nota una constante por hacer hombres seguros de sí mismos, con criterios rectos, disciplinados, basados en las virtudes morales. Con una educación de esta manera, no cabe duda que la mujer era considerada como causa del pecado, arma del diablo y expulsión del Paraíso.

El estudiante era vigilado en su compostura y disciplina académica e in~hJ.~9 en' los, colegios mayores de Toledo, a la mujer se la prohibía la entrada y al éstudiánte hablar con cualquier mujer. La obediencia era virtud obligada en cualquier academia, aunque no siempre se notaba y cuando se producía algún altercado o alboroto (como salir sin permiso de la sala, arrastrar los pies en el suelo, poner carteles prohibidos, tirar bellotas y castañas a algún académico, silbar, etc.) eran considerados faltas graves y a los culpables se les sancionaba con multas o con la expulsión de la Universidad, perdiendo el curso escolar. Cuando ocurría algo de este tipo, el alumno solicitaba al maestrescuela su reingreso, haciendo constar su arrepentimiento y obligándose a tener buenos modales. 

Cuando las faltas eran consideradas sólo leves eran multados con una cantidad determinada y así limpiaban su falta de disciplina. Las expulsiones o multas cumplían siempre la función educativa del escarmiento individual y a la vez servían de ejemplo a los demás. Es una educación basada en el premio o el castigo. La modestia consistÍa en actuar con decoro, sencillez y compostura en el vestir, conversar, comidas, etc., y la cortesía se basaba en el honor y la deferencia, ya que toda persona debía ser respetada y honrada según su dignidad y categoría social. En relación con el alojamiento de los estudiantes, los caseros para hospedarles tenían que hacer una solicitud al Tribunal de Censura de Toledo y éste se le concedía o denegaba.

El casero de la solicitud 17 debería poner el lugar donde se encontraba la casa, la parroquia más próxima, su buen comportamiento, buen ejemplo e incluso en muchas ocasiones especificaba su pobre situación económica, por ser pensionista, carpintero, sastre, sacristán, viuda y no poder ayudar al sustento de la casa con el dinero que ganaba. Además, los caseros se obligaban a tratar al estudiante con esmero y equidad, así como apoyar políticamente al gobierno monárquico y cuando los estudiantes tenían reuniones sospechosas, salidas a deshoras o juegos prohibidos, deberían comunicarlo.

Las calles que hemos encontrado más nutridas de casas donde se hospedaban los estudiantes, aparte de los colegios de San Bernardino y Santa Catalina, eran las del Juego de Pelota, callejón del Lócum, callejón del Moro, calle del Angel, Granada; San Marcos, Plata, Nuncio Viejo, del Refugio, la Soledad, callejón de Juan Labrador, calle de la Merced, Plaza de la Magdalena; calle de San Miguel, plaza de San Justo; calle de las Bulas, la Trinidad, plaza de Recoletos, calle del Correo; calle de Jardines, callejón de San Pedro; callejón de San Ginés, plaza de la Cruz, etc. 18. Respecto a los grados académicos, se otorgaban a los estudiantes entre junio y septiembre, aunque hay casos en que se daban en los meses de verano. El grado de bachiller era el más otorgado, por ser académicamente el más corto, seguido del licenciado y doctor, que era el más escaso. Hemos hecho un pequeño muestreo entre los años 1704, 1713 19 Y 1742, 1745 2 °, para comprobar en qué se graduaban y el número de tÍtulos otorgados.

 Otro dato a tener presente, en relación con la vida estudiantil, es que los jóve. nes universitarios gozaban ya de una serie de beneficios a la hora de incorporarse al servicio militar. U na resolución dada en abril de 1775 por D. Juan Gregario, Intendente de Toledo, dice: «Los que estén matriculados sin fraude y con aprovechamiento en la Universidad, gozarán de exención del sorteo para el ejército por espacio de cuatro años, los necesario~ para recibir el grado de Bachiller» 21. En otro escrito del conde de Alange, Ministro de la Guerra, fechado el 26 de marzo de 1795 en Toledo, dice: .Con respecto a las Universidades, quiere S.M. se consideren unos cuerpos distintos para este servicio, incluyendo en él a todos los cursantes, y los que después de graduados hacen oposiciones a sus cátedras, seña· lando los Intendentes la cuota de hombres que corresponda al número de estu· diantes, computando cada cuatro por un vecino» (21 bis).ç

Algunos aspectos económicos 

Los sueldos de los profesores y catedráticos de las diferentes materias que se ¡m· partían en los centros universitarios de Toledo eran muy similares entre sÍ. Se les asignaba anualmente, de san Lucas a san Lucas, y las únicas diferencias notables se centraban en las faltas de asistencia a clase, descontándosele al finalizar el curso del sueldo asignado. El encargado de llevar la contabilidad de estas faltas era el bedel. El volúmen de gastos más importante lo formaba el sueldo de los profesores, aunque en los papeles de contabilidad hemos encontrado también gastos referen· tes a limosnas, que anualmente daban al Hospitalito del Rey para ayudar a los pobres; por oraciones ofrecidas a profesores y maestrescuelas, por la oración latina de principio de curso, por obras en casas que pertenecían a la Universidad y donde se hospedaban algunos profesores y como gasto anual contÍnuo, en las fiestas que la Universidad celebraba por santa Catalina, la Concepción y san Ildefonso.

La fiesta de la Inmaculada Concepción, que se celebraba en San Juan de los Reyes, era el 8 de diciembre. La fiesta de santa Catalina se celebraba en el Colegio mayor el 25 de noviembre, y la fiesta de san IIdefonso, patrón de Toledo, el 23 de enero. Entre los años 1748·1758, los sueldos que tenían era como sigue: 22 y 23 el be· del 9000 reales de vellón; el alguacil 4000; el barrendero 1133; el relojero 1870; el maestro de ceremonias 6000; el secretario 15400 y el de los catedráticos alrededor de 34000. 

En este muestreo se aprecian unos sueldos repetitivos sin subida alguna. Coincide con esta, la afirmación de Anes 24, respecto a que suben los precios al consumo sobre todo a partir de 1770 yen cambio los salarios llevan una tónica de continuismo, bastante por debajo de los precios.
Aspectos comunes de la vida ordinaria 

En un escrito de 19 de junio de 1788 25, siendo maestrescuela de la academia de Teología el Dr. D. Pedro Escolano de Arrieta, se vierten serias acusaciones sobre la calidad de enseñanza impartida en dicho centro toledano, diciendo que su enseñanza era perjudicial, nociva y destructiva, poniendo como causa el tener profesores seglares, así como la poca asistencia a los ejercicios prácticos y a las clases, tanto de los profesores como de los alumnos.

Además, las Reales Cédulas de Su Majestad de 3 de agosto de 1781 y 22 de enero de 1786 exigen a los cursantes y profesores de todos los reinos la obligación de asistir y ejercitar en los centros académicos. Este centro era poco frecuentado, llegando en ocasiones a que el mismo maestrescuela, el año 1780, tuviera que expedir un auto mandando que todos los cursantes y profesores asistieran con regularidad a las clases; y al no cumplirse, el año 1784 tuvo que publicar un segundo auto. Además, a los alumnos de este centro se les acusa de flojos, holgazanes y de poca asistencia.

Como es natural, hubo una respuesta al maestrescuela por el claustro, en defensa contra las acusaciones vertidas anteriormente, diciendo que «esta Universidad, lejos de ser nociva su enseñanza, no se propone otro fin en sus tareas literarias que el de formar jóvenes útiles para la cátedra, púlpito y confesionario, y dando ejemplo de haber salido hombres eminentes que no han hecho de menos e! honor a la nación.» Entre otros, también hemos encontrado un escrito de D. Antonio de León quejándose de no ser invitado al claustro de profesores, por no haber recibido el recado p"r parte del bede!, que incluimos en el apéndice documental. 
Luis  Martín Martín

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0027_08.pdf

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