viernes, 4 de octubre de 2019

El Arte Visigodo (I)

Resultado de imagen de santa maria de melqueSanta Maria de Melque   (Toledo)

De una manera genérica, estudiamos en la fase del arte visigodo todas las manifestaciones artísticas desarrolladas en la península ibérica desde la creación del reino visigodo en España, en el año 456 cuando el rey Teodorico desbarata a los suevos en Astorga y la mayor parte de la Hispania romana queda bajo la dominación visigoda, hasta que en el 711 y después de la batalla del río Guadalete prácticamente toda la península pasó a estar dominada por los musulmanes. 





Incluso, dado su interés para nuestro estudio, tenemos en cuenta en esta fase los monumentos más importantes del arte paleocristiano a partir de la mitad del siglo IV, incluidos los existentes en las Islas Baleares, que nunca fueron ocupadas por los visigodos.

CARACTERÍSTICAS GENERALES

Antes de pasar a efectuar en las páginas siguientes un estudio monográfico de los monumentos más importantes de esa época que aún se conservan, que suelen encontrarse en zonas rurales aisladas, pues las situadas en núcleos importantes han desaparecido casi totalmente en la época de la dominación árabe o, posteriormente, para ser sustituidos por otras construcciones románicas o góticas en los lugares donde los estamentos religiosos tenían los suficientes recursos económicos para poder «ponerse a la moda», vamos a hacer un breve repaso por épocas y estilos de las distintas etapas que se fueron sucediendo en el arte visigodo basándonos principalmente en su arquitectura.

Durante todo el siglo V, en el que se produjeron las invasiones, parece muy poco probable que ni en los asentamientos de los bárbaros ni en los núcleos hispano-romanos florecieran nuevos estilos artísticos. 

Los visigodos eran hasta entonces un pueblo nómada sin ninguna tradición arquitectónica y estaban dedicados a asegurar sus conquistas. En cuanto a los hispano-romanos, asentados principalmente en el este y el sur de la península, no parece que sufrieran demasiado al pasar del dominio romano al visigodo, manteniendo las mismas estructuras administrativas, religiosas y sociales y, de la misma forma, en el área de la creación artística también mantienen el estilo paleocristiano, heredero directo del romano, que existía desde el siglo III y del que pueden ser muestras significativas en España un conjunto de basílicas de tipo clásico, construidas entonces en esa zona y en las Islas Baleares, de las que nos quedan sólo los restos de sus plantas en excavaciones, y los mausoleos de Centcelles, de gran interés porque es el único edificio de ese periodo que se conserva en pie, y de La Alberca que es la construcción de doble bóveda más antigua que se conoce en España, a la que seguirán en siglos posteriores otros monumentos con esta misma característica como Santa Eulalia de Bóveda en Lugo, la Cripta de San Antolín en la Catedral de Palencia o la Cámara Santa de la catedral y Santa María del Naranco en Oviedo.

 De todas formas, del arte paleocristiano quedan muy pocos restos en nuestra península y su importancia es mayor por la influencia que se refleja en monumentos posteriores que por los vestigios que han llegado hasta nuestros días.

El siglo VI y la primera parte del VII están marcados por la aparición de dos estilos de construcción importados que tendrían una gran influencia en el desarrollo posterior del prerrománico español: el bizantino y el de las iglesias norteafricanas.

En el año 551 Justiniano, emperador de Bizancio, envió a España un ejército para ayudar a Atanagildo, que se había levantado en armas contra el rey Agila. 

Una vez que éste ha sido vencido y asesinado, accede Atanagildo al trono y, a cambio del apoyo de los bizantinos, deberá admitir que se apoderen de parte de las provincias Bética y Tarraconense, permaneciendo en ellas hasta que en el 624 fueron definitivamente expulsados por Suintila.

Durante esos 73 años, en esta zona del sudeste español debió ser bastante importante la influencia cultural de Bizancio y es indudable que se reflejó en las construcciones de la época, de las que nos queda casi intacto únicamente el Baptisterio de Gabia Grande, cerca de Granada, cubierto por cúpula semiesférica y con restos de decoración en mármol, vidrio, ónix y figuras recortadas en placas planas de piedra, estilo que recuerda al de los canceles aparecidos en la basílica de Elche, de la misma época y de la que sólo queda la planta con un magnífico mosaico con inscripciones griegas. Tanto el tipo de decoración como las formas de cobertura a base de bóvedas se reflejarían posteriormente en las construcciones visigodas.

De mayor importancia sería la influencia del estilo norteafricano. 

causa de la persecución de los cristianos por los vándalos en el norte de África, se produjo una corriente migratoria de aquellos hacia el reino visigodo que, aunque arriano, permitía la existencia de comunidades cristianas en su territorio. 

La aparición en España de estos nuevos grupos de cristianos, en una época en que el estilo arquitectónico visigodo estaba aún sin definir debatiéndose entre las influencias heredadas del paleocristiano, las que estaban recibiendo de Bizancio a través del Mediterráneo y las características propias de este pueblo germánico, se reflejó inmediatamente en una gran parte de las iglesias que se construyeron en el siglo VI.

La característica principal de estas iglesias, que eran generalmente de planta basilical, es la existencia de dos ábsides contrapuestos, lo que obliga a que las puertas de entrada a la basílica estén situadas en los costados, en los que habitualmente había pórticos adosados que a veces se utilizaban para enterramientos y que tenían el baptisterio en un compartimento exterior a la basílica. 

Esta estructura se puede observar en muchas de las plantas que se han excavado en todo el sur y el oeste de la península, entre las que podíamos destacar las de La Cocosa y Casa Herrera en Badajoz, San Pedro de Alcántara en Málaga y Torre de Palma en Portugal.

Fue a partir de estas construcciones que el estilo visigodo empezó a evolucionar buscando una concepción de los volúmenes totalmente diferente a la existente hasta entonces, basada en el tipo basilical romano, y que acabaría en las magníficas iglesias cruciformes de la última mitad del siglo VII.

Son aún del siglo VI y de parte del VII algunas iglesias, situadas en la franja central de la península, en las que se observa un intento de modificación de las plantas basilicales, fundamentalmente en las cabeceras, a las que se añade una especie de seudocrucero y cuya estructura indica la búsqueda de un espacio interior para el culto muy diferente al que existía en las basílicas clásicas y que acabaría llevando a las iglesias cruciformes. 

Dentro de este grupo son del siglo VI, es decir correspondientes al rito arriano las de Cabeza de Griego y la de Recópolis y ya del siglo VII, por lo tanto de clara adscripción cristiana, San Juan de Baños, de tipo basilical con tres naves y tres ábsides situados de una forma muy original y Santa Lucía del Trampal en Cáceres, muy semejante a la anterior en cuanto a su cabecera. 





Desgraciadamente la construcción en el siglo VI fue muy pobre, a base de mampostería y ladrillo y quizá por eso de estas iglesias sólo nos ha quedado las trazas de las plantas, pero sin ninguna construcción completa para poder estudiar el tipo de estructura que tenían. 

Por los restos encontrados se puede ver que la decoración, a base de capiteles imitando el estilo corintio y canceles y placas decoradas, generalmente con dibujos geométricos tallados siempre a dos planos, era rica pero de una técnica muy sencilla.

Sin embargo algunas del siglo VII, como veremos, de una técnica tanto de construcción como de decoración muy superior, nos han llegado en mucho mejor estado.

Es a mediados del siglo VII cuando el arte visigodo alcanzó su mayor esplendor, truncado por la invasión árabe. 

Sólo gracias a que se han encontrado algunas iglesias de esta época, situadas en zonas alejadas de los grandes núcleos de población, podemos hacernos una idea del esplendor a que debió llegar la arquitectura en las ciudades importantes, en las que sólo quedan algunas muestras de decoración encontradas en excavaciones o aprovechadas en construcciones posteriores como sucede en Toledo, Mérida y Córdoba, tres de las ciudades más significativas de la España visigoda.

Imagen relacionadaEn esta época fructifican todos los intentos anteriores para encontrar un estilo definido, totalmente diferente a los ya descritos en cuanto al tipo de iglesia, estilo que posteriormente sería desarrollado a partir del siglo XI en la arquitectura románica.

En la técnica de construcción se observa un gran avance respecto a los dos siglos anteriores, sustituyendo generalmente la mampostería por el uso de sillares pequeños, muy bien labrados, colocados en hiladas horizontales, evitando las juntas seguidas verticalmente y, como se ha podido comprobar en el traslado de San Pedro de la Nave, utilizando a veces grapas de madera entre los sillares para conseguir una mayor firmeza del conjunto.

Generalmente las ventanas suelen ser estrechas y con gran derrame.

El Arco de Herradura: 

Mención aparte merece la que podemos considerar como característica más importante del arte visigodo del siglo VII: la utilización del arco de herradura. 

Es necesario destacar que este tipo de arco no parece ser consecuencia de ninguna influencia exterior, sino una aportación totalmente autóctona, pues ya en la época romana aparece como decoración en estelas como la de Flavo, que se encuentra en el Museo Arqueológico de León; incluso la puerta de Santa Eulalia de Bóveda, unos dos siglos anterior a las iglesias cruciformes, tiene un arco de herradura de perfectas proporciones, lo que hace desechar la posibilidad de una importación posterior a ella.

Existen grandes diferencias entre estos arcos y los que se observan en los edificios árabes posteriores, entre las que podríamos destacar como más importantes el hecho de que el intradós esté prolongado aproximadamente en un cuarto de radio mientras que el trasdós cae verticalmente a partir del centro, lo que indica que la prolongación en herradura existe únicamente por motivos puramente decorativos porque todo el esfuerzo es soportado por el trasdós, que las dovelas convergen siempre hacia el centro y que no sea general la existencia de clave central del arco. 

Otra característica interesante es que las impostas estaban empotradas en el muro con el extremo soportado por una o dos columnas adosadas a éste, pero nunca entregas.

Son dignos de mención por sus perfectas proporciones los arcos de San Juan de Baños, tanto los de separación de las tres naves como el del ábside central y el del pórtico.

 También lo son las magníficas bóvedas de cañón en forma de herradura de San Pedro de la Nave que terminan en los cuatro arcos torales que soportan el cimborrio pero el más interesante de este tipo es el magnífico arco triunfal de la ermita de Santa María de Quintanilla de las Viñas, soportado sobre doble imposta sin capiteles y con una extraordinaria decoración.

El empleo del arco de herradura no estaba limitado a los edificios religiosos, ya que también aparece en algunas construcciones civiles de la época que se han conservado, como la Puerta de Sevilla en Córdoba o el Puente de Pinos en la provincia de Granada.

En cuanto a la forma de la planta de las iglesias de este periodo, se pueden distinguir dos grupos muy diferenciados:

Iglesias de transición. En este grupo incluimos las edificaciones ya referenciadas del siglo VII que, conservando todas las características constructivas y decorativas de la época, se pueden encuadrar entre las que pertenecen a una etapa de búsqueda de nuevos tipos de cabecera para las plantas basilicales como las ya referenciadas de San Juan de Baños y Santa Lucía del Trampal.

Iglesias cruciformes. La primera edificación de este tipo que conocemos es el Mausoleo de San Fructuoso de Montelios en Braga (Portugal), construido por el propio Fructuoso, que debió tener noticias muy exactas del Mausoleo de Gala Placidia y la iglesia de San Vital en Rávena y repitió en su propio mausoleo la misma estructura de cruz griega de la primera, pero con un espacio interior inspirado en San Vital. 

Se puede considerar que en este diseño de planta los arquitectos visigodos encontraron la solución a todos sus intentos de transformar la forma de sus iglesias, al menos de las situadas fuera de las ciudades principales, sustituyendo la planta basilical a la que habían intentado añadir diversas formas de cabecera, por la planta en forma de cruz, que posteriormente se extendió por toda Europa con el arte románico.

Las plantas son generalmente en forma de cruz latina, con la nave de crucero de la misma altura que la principal y torre de crucero sobre la intersección de ambos. Las cubiertas son ya normalmente a base de bóvedas de cañón sobre arcos de herradura y parece bastante común la existencia de un ábside exterior en el testero, siempre orientado al este, y un pórtico en el costado oeste protegiendo la puerta principal.

Dentro del grupo de iglesias cruciformes se podrían distinguir dos épocas: en la primera, formada por Santa Comba de Bande, San Pedro de la Mata y en el que también incluimos Santa María de Melque, que aunque ha sido considerada durante mucho tiempo como mozárabe, actualmente existen pocas dudas respecto a su origen visigodo dada su gran similitud con las otras dos. 

Resultado de imagen de San Pedro de la MataEn ellas la planta es una cruz con una sola nave y tiene adosados a los costados de la misma pequeños compartimentos, posiblemente posteriores porque, aunque todas ellas tuvieron inicialmente un origen funerario, después se utilizaron como iglesias monacales, mientras las de construcción posterior se construyeron directamente para este fin.

San Pedro de la Mata (Toledo)

En esta segunda fase se incluyen San Pedro de la Nave, Santa María de Quintanilla de las Viñas y San Giao de Nazaré que, conservando la estructura básica en forma de cruz, son ya originalmente de tres naves, estando las laterales distribuidas en pequeños compartimentos independientes, posiblemente utilizados unos para funciones específicas del culto y otros como celdas de monjes inclusos.

Evidentemente, de esta última época del arte visigodo nos han llegado, además de iglesias de estos dos tipos, otras con características menos definidas, lo que hace difícil encuadrarlas en uno de ellos, como la Cripta de San Antolín en la Catedral de Palencia ó San Pedro de Balsemao.





 Además tenemos noticia histórica de muchas otras construcciones en las grandes ciudades de las que sólo quedan restos de decoración reutilizados en otros edificios posteriores, pero de las que debemos suponer que tendrían un objetivo distinto, serían de un tamaño muy superior y, por lo tanto, de una estructura muy diferente al de las iglesias rurales que han llegado hasta nosotros. 

Basta observar que la basílica de Cabeza de Griego, con una planta de 48m de longitud y 26 de anchura, es con gran diferencia la mayor que conocemos de esa época y coincide con que es la única que estaba situada en una sede episcopal, aunque no de gran importancia.



jueves, 3 de octubre de 2019

El origen de los Enigmáticos Verracos de los Vetones.

Los verracos son uno de los elementos más reconocibles de los pueblos celtibéricos, en concreto, de la tribu de los vettones. 

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Verracos de Castillo de Bayuela

Esas moles de piedra que suelen aparecer aisladas en mitad de un campo de cultivo parecen guardianes infatigables, testigos eternos de todo lo que ha sucedido a su alrededor y que, por desgracia, no nos pueden transmitir.

Este aura enigmática pero al mismo tiempo, su carácter sencillo y rústico han convertido a estas estatuas en objeto de numerosos estudios que han catalogado, analizado e interpretado la presencia de los verracos en las tierra que antaño poblaran los vettones, pueblo guerrero y ganadero del occidente de la Meseta castellana.




¿Qué son los verracos?

Los verracos son figuras esculpidas en granito que suelen representan toros, cerdos, jabalíes y en ocasiones, animales no identificados. Son exclusivos de los vettones y se han encontrado más de 400 ejemplares, número al que hay que sumar todos aquellos que seguramente siguen ocultos y que aún no se han descubierto.

Verraco de Villanueva del Campillo

No son precisamente figuras con mucho detalle sino más bien todo lo contrario: son esculturas de formas convencionales y reconocibles, casi abstractas. 

Algunos presentan órganos sexuales masculinos pero sin embargo, no existe ninguno con órganos sexuales femeninos.

Todos los hallados hasta ahora tienen la misma postura, de pie, aunque de algunos se puede deducir que se hallan en posición de embestida. 

Las medidas pueden variar de unos a otros: los hay de medio metro de largo y otros que casi alcanzan los tres metros. En cuanto a la tipología, se han destacado cinco clases de toros y cuatro clases de cerdos lo que se ha interpretado como distintos estilos pertenecientes a diferentes talleres regionales.

¿Quiénes fabricaron los verracos?

Como he mencionado antes, los verracos son algo exclusivo de los vettones, pueblo celtibérico establecido en las actuales provincias de Ávila, Salamanca, el sur de Zamora, el oeste de Toledo y el norte de Cáceres, aunque ya sabemos que es difícil delimitar con precisión los territorios que abarcaba cada tribu.

Los vettones eran pastores y también poseían tierras de cultivo, lo que llevó a una mayor especialización en las herramientas agrícolas y permitió un aumento de población que a su vez, provocó la necesidad de crear asentamientos grandes. La jerarquización social llevó a un aumento del comercio y a la acumulación de riqueza en manos de las élites.

Los recursos ganaderos eran, sin duda, el bien más preciado ya que obtenían leche y carne, piel y cuero y cuernos y huesos. Por esto, se cree que algunos de los recintos amurallados que aparecen en el interior de los asentamientos pudieran servir a modo de corrales donde recoger al ganado.

Seguramente los artesanos dedicados a tallar estos verracos eran especialistas que trabajaban al servicio de la élite. Se necesitaban herramientas concretas para llevar a cabo estas figuras además de un trabajo laborioso que podía provocar que estos artesanos no pudieran dedicarse a nada más.

El modo de trabajar comprendería cuatro fases: extracción del bloque de granito, delineación de los contornos de la figura, despeje de la zona de las patas y quizá un pedestal para afianzarlo al terreno y, por último, la definición de los rasgos anatómicos.

¿Dónde están los verracos?

Existen numerosos verracos diseminados por toda la zona vettona así que nombraré algunos de los más emblemáticos:

La Mesa de Miranda (Chamartín): son dos los verracos encontrados en Chamartín. Uno de ellos, algo deteriorado, se encuentra en la plaza de esta localidad y el otro, puede verse en el aula arqueológica del yacimiento.

Tornadizos de Ávila: veinte fueron los verracos hallados en este lugar, situados en fila al igual que los Toros de Guisando. Allí se han conservado ocho, estando los otros en Ávila capital. Sus distintos tamaños y estilos hacen que no se haya podido establecer una explicación precisa de su simbolismo, aunque quizá se basaba en la protección del ganado.




Toros de Guisando, El Tiemblo: sin duda son los verracos emblemáticos por excelencia, siendo mencionados en Don Quijote de la Mancha y también por Lope de Vega. Miden un metro y medio de altura y casi tres metros de largo por lo que su visión causa una gran impresión. Seguramente se encuentran en el mismo lugar en el que fueron emplazados originalmente. Están alineados hacia el oeste y presentan muy buena conservación.

Ulaca (Solosancho): en el castro de Ulaca se encontraron dos verracos. Uno de ellos estaba junto a un manantial a los pies del poblado y actualmente se puede ver en la plaza de Solosancho. En los alrededores se encontró otro que fue llevado al castillo de Villaviciosa, actual hotel Sancho Estrada. Se desconoce cuál sería su ubicación original.

Villanueva del Campillo: dos verracos fueron encontrados en una finca cercana a esta localidad, donde se conservan actualmente aunque se pretende que sean trasladados a la plaza del pueblo una vez que se hayan restaurado. Uno de ellos, con 250 centímetros de largo y 243 centímetros de alto, es el verraco más grande de la Península.

Coca, Segovia: existen tres ejemplares: dos frente al arco de la Villa y un tercero incrustado en los muros del castillo.

Castillo de Bayuela, Toledo: hay dos ejemplares en perfecto estado de conservación que pueden observarse en la Plaza de San Antonio.

Toros de Guisando en El Tiemblo, Ávila (imagen de gredossandiego.net)

Estos son sólo algunos de los verracos más significativos a los que hay que añadir aquellos situados en los museos de las capitales como Ávila, Salamanca o Toledo, trasladados para preservar su conservación, y otros repartidos en lugares públicos.

¿Qué significan los verracos?

Desde el siglo XIX han sido muchas las teorías formuladas alrededor del posible significado de los verracos y hoy día aún no se ha podido llegar a ninguna conclusión definitiva debido a que ni todas las figuras son iguales ni tampoco se han podido establecer patrones a partir de los cuales elaborar una hipótesis.

Significado funerario: existen algunos verracos que son contenedores o cierres de sepulturas ya en época romana, lo que no quiere decir que fueran esculpidos por romanos ni en época romana sino que seguramente se reutilizarían con este fin. 

Esto puede querer decirnos dos cosas: que era una forma mediante la cual los romanos pretendían atraer a los indígenas usando sus propios símbolos, o que las élites indígenas empezaban a asimilar las tradiciones romanas

Demarcadores de zonas de pasto: según esta teoría, las élites usarían los verracos para señalar los territorios que les pertenecían. Esto podría explicar los distintos estilos de esculturas que existen.
Protectores del ganado: ya que el ganado era la principal base económica de los vettones, no sería raro que los verracos actuaran como una especie de enormes amuletos o talismanes que servían para proteger a los animales.

Elemento identitario: ya que algunos verracos se han encontrado en las zonas fronterizas con los galaicos, astures, carpetanos y oretanos, se ha sugerido que los verracos también podían delimitar las fronteras con estos pueblos. 

No existen -o no se han encontrado aún- verracos en la zona fronteriza con los vacceos, quizá debido al vacío poblacional que existían en esta tribu, y hay una presencia muy débil en la región limítrofe con los lusitanos, con quienes los vettones tenían más similitudes.

Verraco de Botija en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (imagen de Artemy Candón en http://herodotohistoriant.blogspot.com.es)

En cualquier caso, parece ser que los verracos servirían de emisores de un mensaje colectivo, algo que todo el mundo comprendería nada más ver las figuras en la distancia, y por eso algunos autores creen que es posible que existieran actos públicos alrededor de estas esculturas tan peculiares.

Para respaldar esta teoría, se alude al mantenimiento que requerirían estas esculturas: recortar el pasto que crecería alrededor de las figuras y la renovación de la cornamenta (no era de granito sino seguramente de elementos naturales que se estropearían).

Quizá se realizaban actos relacionados con el uso y propiedad de los terrenos que delimitaban los verracos, lo que dotaría de un valor social y comunitario al paisaje que los rodeaba. Además, es posible que se celebraran a su alrededor eventos relacionados con el calendario pastoril.




En cualquier caso, los verracos siguen encerrando un misterio que los expertos no han sabido desvelar.

Como siempre, sólo queda esperar nuevos descubrimientos que puedan proporcionarnos más información acerca de estas imponentes esculturas de granito.


miércoles, 2 de octubre de 2019

Consuegra: De Encomienda a Priorato de San Juan (y III)

Resultado de imagen de casa la tercia consuegraLA CÁMARA PRIORAL DE CONSUEGRA 

De forma paralela al declive de las encomiendas menores del Campo de San Juan, asistimos al ascenso de la antigua villa y bailía consaburense.

Casa de la Tercia, Consuegra

Según el profesor Carlos de Ayala, el funcionamiento de una mesa común para mantenimiento de la dignidad prioral se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIII y sólo a partir de entonces empezó a diseñarse una específica mesa prioral, diferenciada de los ingresos ordinarios que cada comendador gestionaba en su respectiva circunscripción.

Esta mesa prioral estaba formada por diversas rentas de carácter jurisdiccional y, sobre todo, ciertas encomiendas especiales que recibieron entonces el nombre de cámaras priorales.

No se sabe la fecha exacta de la conversión de Consuegra en cámara prioral, pues en 1308 todavía se menciona a un comendador de la bailía de Consuegra; sin embargo, poco después ya sólo se cita al lugarteniente del prior, el oficial de la Orden encargado de administrar la bailía en nombre de la autoridad prioral.

Por este motivo desde principios del siglo XIV y no antes, podemos hablar ya con toda propiedad del Priorato de la Orden de San Juan en Consuegra.

En todo caso, no creemos que haya que devaluar en exceso el papel histórico de Consuegra en el siglo XIII. Como hemos visto, era una de las villas más prósperas de la Orden de San Juan en toda la corona de Castilla y su extenso alfoz proporcionaba suculentas rentas a los titulares de la bailía, a la dignidad prioral y, a través de las responsiones, al propio convento principal de Oriente.




Por su parte, el castillo de Consuegra era reconocido por entonces como un referente militar y espiritual de la Orden de San Juan en España.

En sus dependencias residía el comendador de Consuegra, sus subalternos y un buen número de capellanes. También era la sede administrativa de la bailía y como tal custodiaba el primitivo archivo de la misma.

En los primeros tiempos debió servir también de residencia de los priores en sus estancias ocasionales en territorio manchego; sin embargo, la rudeza de sus instalaciones motivó que surgiera la necesidad de levantar un nuevo palacio en la villa aledaña.

Resultado de imagen de casa la tercia consuegraEl artífice de dicha construcción fue el prior frey Fernán Pérez Mosejo (1280-1293). Este personaje que ostentó también el cargo de gran comendador de los cinco reinos de España (1286-1293), se distinguió por su labor de mecenazgo en todo el reino de Castilla.

 En el Campo de San Juan sabemos que realizó obras en el castillo de Consuegra y mandó construir las casas de morada o palacios de Consuegra, Madridejos, Urda y Manzaneque, la torre de Alcázar (1287) y el cortijo de Los Foyos.

Fuera del Campo de San Juan mandó edificar el palacio de Toledo y el de Ávila, una torre en San Juan del Camino y otra en el castillo de Castronuño, así como las casas de la Orden en Córdoba y en Montoro.

Moriría en 1293, recibiendo sepultura en el interior de la iglesia de Santa María de Consuegra, en una capilla que él mismo mandó labrar.


A mediados del siglo XIV, el prior de Castilla y León administraba directamente las cámaras priorales de Consuegra, Castronuño y Lora del Río, no obstante, según todos los indicios, era la cámara consaburense la más rica de todas. Los ingresos del prior procedían de diversas fuentes. Por un lado estaba la renta señorial derivada de la posesión y explotación de la tierra.

La intensa política de repoblación que llevó a cabo la Orden de San Juan en su Campo durante la primera mitad del siglo XIII estaba orientada a atraer población, es decir, pecheros y a explotar los yermos de su vasto término. No obstante, en el siglo XIV algunas de estas pueblas habían desaparecido o estaban en vías de desaparición (Tirez, Móstoles, Villaverde, Villacañas de Algodor, Castilnovo).

Los motivos de estas despoblaciones son múltiples y no siempre debieron ser coincidentes. Podemos apuntar en primer lugar los efectos negativos de la crisis bajomedieval (empeoramiento climático, plagas y en menor medida la peste), pero también hay que tener en cuenta la atracción que supuso la conquista y repoblación del valle del Guadalquivir y el reino de Murcia, y sobre todo, el cambio de política económica.

En efecto, desde finales del siglo XIII la monarquía y las autoridades señoriales habían fomentado la ganadería especulativa en detrimento de la agricultura y ganadería tradicionales.

Las razones son fáciles de entender, se conseguían mayores beneficios y sobre todo, se obtenían de una manera más fácil y rápida. Estas rentas podían venir de la venta y arrendamiento de pastos (herbajes), del cobro de derechos de tránsito del ganado trashumante (montazgo) y de la explotación de la propia cabaña ganadera para la posterior exportación de la lana.

De esta forma la Orden de San Juan —como el resto de órdenes militares— fomentó la creación de espacios adehesados (Tirez y Borregas por ejemplo), aprovechando también la debilidad demográfica que se experimenta ya en toda la corona de Castilla.

En este sentido no es de extrañar que a lo largo del siglo XIV las iniciativas repobladoras de la Orden de San Juan en La Mancha fueran escasas, no documentándose mas que los casos de Villafranca de los Caballeros y la Puebla de Santa María del Monte (término de Urda), aunque sólo la primera consiguiera consolidarse.

Otra importante fuente de ingresos del Priorato eran los derivados de la administración eclesiástica, ya que como es sabido la Orden de San Juan no era solamente una institución militar y señorial, sino también religiosa.

El derecho eclesiástico más importante era sin duda el diezmo. Los sumos pontífices habían concedido en el siglo XII a las diferentes órdenes militares el derecho de cobrar el diezmo en las iglesias que se construyeran en sus términos.

 Este privilegio chocaba frontalmente con los intereses de la iglesia diocesana que tradicionalmente era la perceptora de dicha contribución. En nuestro caso, las iglesias del Campo de San Juan estaban adscritas a la archidiócesis de Toledo, dentro del arcedianato de Toledo y arciprestazgo de La Guardia.

El conflicto entre ambas instituciones se solventó con dos concordias fechadas en 1228 y 1229.

El arzobispo de Toledo reconoció al prior el derecho de percibir dos tercios del diezmo de los frutos de las villas y aldeas de su señorío.

El tercio restante —la tercia— iría a las arcas diocesanas. Como hemos dicho se trataba de una renta muy sustanciosa, por lo que no es de extrañar que las autoridades de la Orden tuvieran que mostrar en más de una ocasión las avenencias citadas para evitar las injerencias del arzobispo o de sus subordinados en las iglesias del priorato.

 Los derechos de tránsito constituían uno de los privilegios más antiguos asociados al señorío consaburense.




Desde 1173 se cobraba portazgo en el castillo de Consuegra sobre las recuas y mercancías que marchaban a tierras de Andalucía y Segura. También se cobraba el montazgo sobre el ganado trashumante en los términos del castillo de Consuegra y los de Peñarroya.

 Finalmente había también todo un conjunto variopinto de cargas y prestaciones de menor importancia como los acarreos de leña, el llamado pecho de San Miguel (medio maravedí para campesinos con yunta), las entregas de ropa y paja para los castillos, la limpieza de caces, los servicios en las sernas de la Orden, etc.

Mención aparte merecen los monopolios señoriales, fundamentalmente el horno comunitario para cocer pan, bien es cierto que para el siglo XV estas cargas estaban ya muy devaluadas o en claro desuso.

Para administrar los bienes y rentas adscritos al priorato y para ejercer las funciones propias del poder señorial, el prior contaba con una serie de oficiales y subalternos. Éstos solían tener más ascendencia sobre la población dependiente que la propia autoridad prioral, generalmente ausente.

La documentación del siglo XIV cita a los lugartenientes del prior, normalmente freires de la Orden que se encargaban de las labores administrativas y financieras.

Eran los encargados de recibir las rentas señoriales y de rendir cuentas a la dignidad prioral, por lo que la población campesina personalizaba en ellos todo lo negativo de la presión señorial.

Con frecuencia esta negatividad estaba plenamente justificada, ya que estos lugartenientes solían abusar de su poder, lo que provocaba continuas quejas ante el prior. Si no eran atendidas, estas quejas podían derivar en reclamaciones ante instancias superiores (cabildo provincial o pleitos ante los tribunales regios).

En 1308, por ejemplo, se reunió en Castronuño (Valladolid) un capítulo de la Orden que entre otras cosas concedió unas ordenanzas a la villa de Alcázar ante las quejas del concejo de la localidad por los muchos agravamientos e fuerças e desaforamientos que recibien del que era comendador de la baylia de Consuegra e del freyle que tenia la casa de Alcaçar e de otros omes.

Otra figura destacada en la administración señorial de Consuegra y su tierra era el alcalde mayor, normalmente una persona con conocimientos en leyes —normalmente un bachiller— que ejercía la justicia civil y criminal por delegación señorial.

Atendía fundamentalmente los pleitos entre los concejos, como el que se suscitó en 1445 entre el concejo de Alcázar y los de Villarta, Arenas y Herencia; o el de 1494 entre Alcázar y Madridejos. También vemos con relativa frecuencia al alcalde mayor interviniendo en los asuntos de la administración concejil, sobre todo en lo que atañe a la elección de los alcaldes locales.

 Por ejemplo, en 1487 el licenciado Juan de Heredia, alcalde mayor y lugarteniente del prior, declaró nula la elección de alcaldes que se había hecho aquel año en Alcázar de San Juan porque no se había contado con la opinión del prior.

El asunto derivó en un pleito ante el consejo real de Castilla que dictó sentencia a favor del concejo de Alcázar Mención a parte merecen los alcaides que guardaban las torres y castillos de la Orden.

En origen tenían una función estrictamente militar, defender la fortaleza y mantenerla bien provista de bienes y pertrechos en previsión de posibles ataques enemigos.

Para ello gozaban de ciertos bienes y rentas, normalmente dehesas, y algunos derechos señoriales cedidos por el prior.

Ahora bien, desde fecha relativamente temprana —seguramente desde la primera mitad del siglo XIII—, los alcaides funcionaban también como mayordomos encargados de administrar los bienes adscritos a la fortaleza y por tanto, actuaban como oficiales o delegados del poder señorial (prior, comendador).

En ocasiones vemos al alcaide abusar de su poder, como ocurrió en Consuegra a mediados del siglo XV, cuando el concejo de la villa se vio obligado a denunciar ante el cabildo provincial de la Orden los abusos que cometía el alcaide del castillo.

El concejo se quejaba de los malos tratos “asy de obra como de palabra”, el prendimiento injustificado de los vecinos, la destrucción de las cosechas por los ganados, hombres y perros del alcaide; la percepción de “la parada de cada una cosa de las que traen a vender”, la caza en tiempos de veda, la tala desmesurada de los montes de la villa, el aprovechamiento de los enseres de los vecinos sin previo pago de dinero, la protección de malhechores y el hurto de paja.

En esta ocasión la reclamación tuvo éxito ya que el prior del Hospital en Castilla y León, don Gonzalo de Quiroga, intervino en la querella concediendo un privilegio al concejo de Consuegra por el que ponía coto a dichos abusos (1452).

Como administradores y hombres de confianza que eran, los alcaides y mayordomos de las casas y castillos de la Orden podían ser incluso esclavos, como ocurrió en el castillo de Cervera (hoy Alameda de Cervera), donde se cita a un moro de nombre

Alí como administrador de las sernas, dehesas y otras tierras propias de la Orden de San Juan en los términos de dicha fortaleza.

Esto prueba que las viejas interpretaciones maniqueas, mundo musulmán versus mundo cristiano y la ideología cruzadista ligada de manera permanente a las órdenes militares hay que ponerlas en entredicho o al menos, no siempre operaron de una manera tan radical como pone de manifiesto cierta historiografía de corte tradicionalista .

CONCLUSIÓN

El ascenso de Consuegra a la categoría de capital del priorato de Castilla y León de la Orden de San Juan fue un proceso paulatino que se inicia con la donación del castillo de Consuegra en 1183 y culmina con la constitución de la cámara prioral de Consuegra a principios del siglo XIV. En los siglos XII-XIII no se puede hablar con rigor de priorato, sino más bien de encomienda o bailía, bien es cierto que se trataba de una encomienda especial, seguramente la de mayor categoría y rentas de todo el reino de Castilla.

Durante esta primera etapa, el castillo de Consuegra fue sin duda una de las sedes conventuales más importantes de la Península Ibérica, sin embargo, en estos momentos la presencia del prior de Castilla en sus dependencias fue más bien esporádica y en ningún caso se puede hablar de sede prioral, o al menos no era la única.

El repaso a la data tópica de los documentos medievales de la Orden de San Juan en los que interviene el prior de Castilla y León como otorgante, receptor o simple testigo, prueban que la dignidad prioral rara vez estuvo en Consuegra y, por tanto, no puede considerarse sede o cabecera del priorato durante los siglos XIIXIII.

La corte prioral, al igual que el resto de cortes medievales, era de carácter itinerante por lo que era habitual que se localizara allí donde hubiera asuntos que dirimir.

 Además, el prior de Castilla y León era una de las máximas autoridades señoriales del reino, por lo que solía pasar largas temporadas en la corte regia, ejerciendo el consilium propio de cualquier buen vasallo.

De esta forma va a ser habitual ver al prior en castillos, villas y ciudades situadas al norte del Sistema Central y cuando aparece en la Transierra, se suele localizar en Toledo, Santorcaz, Humanes, Brihuega, Olmos, etc, y en mucha menor medida en Consuegra o en sus aldeas.

 También es frecuente encontrar al prior al frente de la hueste de la Orden en los principales hechos de armas que salpicaron los siglos XII y XIII: toma de Cuenca, Cáceres, la batalla de Las Navas de Tolosa o los sitios de Córdoba y Sevilla.

De igual forma, la institución colegiada más importante del reino, el cabildo provincial, que se solía convocar todos los años por primavera, por mandato del prior y con presencia de los principales miembros de la Orden en el reino de Castilla y León, rara vez se reunió en Consuegra, prefiriéndose por el contrario otras villas y lugares situados en la Meseta norte: Wamba, Armezillo y sobre todo Fresno Viejo y Castronuño, en la actual provincia de Valladolid.

A partir de finales del siglo XIII la situación cambia sensiblemente. Los priores de Castilla y León pasan más tiempo en Consuegra, se levanta un palacio en la villa y se crea una pequeña corte con el servicio y los lugartenientes de la institución.

En una fecha próxima, en la primera mitad del siglo XIV, asistimos a la erección de la cámara prioral de Consuegra, es decir, un territorio administrado directamente por el prior y cuyas rentas se dedicaban básicamente a su mantenimiento.

Sólo a partir de este momento podremos hablar con propiedad del Priorato de la Orden de San Juan en Consuegra y no antes.

La difícil coyuntura política de la corona de Castilla en el siglo XV, salpicada de luchas nobiliarias y guerras civiles, y la señorialización de los cargos de la Orden, derivaron en la necesidad de dividir la cámara prioral de Consuegra en dos, una con sede en la antigua villa consaburense, conservando su nombre, y otra con capital en la pujante villa de Alcázar de San Juan.

 Las primeras noticias de esta división administrativa datan de mediados del siglo XV (1457), sin embargo, habría que esperar a principios del siglo XVI para que la división tuviera carácter oficial.

En 1504, el maestre y el capítulo general de la Orden, reunidos en Rodas, decidieron aprobar dicha escisión al crear la cámara prioral de Consuegra y la cámara prioral de Alcázar de San Juan “con la fortaleza de Peñarroya”.

Finalmente, en ese mismo año, se desgajó de la cámara de Consuegra la nueva encomienda de Yébenes de San Juan “con la torre de Azuqueca”.

Sin lugar a dudas, esta reorganización administrativa supuso un revés a los intereses de la villa consaburense que veía así perder peso específico en el mapa político-administrativo de la Orden. Poco después (1517) asistimos a un nuevo conflicto nobiliario por la titularidad del priorato.

La solución, un tanto salomónica, consistió en fundar un nuevo priorato con sede en Alcázar de San Juan, el llamado priorato de León, a cuyo frente se situó don Antonio de Zúñiga, gobernando al efecto las villas de Alcázar, Quero y Villafranca, más la fortaleza de Peñarroya.




Por su parte, Consuegra quedó como sede del priorato de Castilla, encabezado por don Diego de Toledo. No obstante, ambos titulares, el prior de Castilla y el prior de León, eran nobles absentistas, más preocupados por la alta política del reino y la vida en la corte que por los asuntos de su señorío.

 La intromisión de la monarquía hispánica en los asuntos del priorato se manifiesta, en fin, con la política de “venta” masiva de privilegios de villazgo a favor de las aldeas de Consuegra a mediados del siglo XVI. Con ello se evidencia el ocaso de la antigua y pujante villa de Consuegra.

La paradoja es que para entonces, la vieja bailía de Consuegra de los siglos XII y XIII, luego cámara prioral o priorato a partir del XIV, comenzó a denominarse Gran Priorato, un término ostentoso y rimbombante, acorde sin duda con la elevada alcurnia de la mayoría de sus titulares, pero también por las suculentas rentas que proporcionaba a la dignidad prioral.

JESÚS M. MOLERO GARCÍA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA


martes, 1 de octubre de 2019

Consuegra: De Encomienda a Priorato de San Juan (II)

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A mediados del siglo XIII queda pues perfectamente delimitado el Campo de San Juan en La Mancha, un señorío compacto de unos 3195 Km2 llamado a ser el más extenso e importante de toda la corona de Castilla. 

Encabezado por el castillo y villa de Consuegra, se extendía desde la sierra de Orgaz-Los Yébenes al norte, a las lagunas de Ruidera al sur, y desde el Riánsares y la sierra de El Romeral en Villacañas al este, al camino de Córdoba a Toledo por Guadalerzas al oeste. 

Ocupaba pues los términos municipales actuales de Tembleque, Turleque, Manzaneque (parcialmente), Los Yébenes (parcialmente), Urda, Consuegra, Madridejos, Villacañas, Camuñas, Villafranca de los Caballeros y Quero en la provincia de Toledo; y Alcázar de San Juan, Herencia, Puerto Lápice, Las Labores, Arenas de San Juan, Villarta de San Juan y Argamasilla de Alba en la de Ciudad Real. 




De forma paralela a la definición de los límites exteriores, la Orden de San Juan se preocupó por fomentar la repoblación interior, concediendo al efecto ciertos privilegios a quienes se decidieran por venir a poblar las aldeas de la tierra de Consuegra. 

La fórmula seguida fue la de conceder cartas de población (cartaspuebla), remitiendo al fuero consaburense y otorgando privilegios y exenciones fiscales temporales a los nuevos moradores. 

De esta forma se crearon o refundaron varias aldeas, dependientes todas de la villa principal, Consuegra, y se regularon las obligaciones y derechos de los vasallos con respecto a la institución señorial, la Orden de San Juan de Jerusalén.

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La primera carta puebla conocida es la de la aldea de Villacañas (1230), seguida de Manzaneque (1231), Urda (1232), Arenas y Villarta (1236), Madridejos y Camuñas (ambas en 1238), Herencia (1239); Quero, Tembleque y Alcázar en 1241, y finalmente Turleque, Villaverde y Villacañas de Algodor en 1248. Seguramente también contaron con carta-puebla los despoblados de Tirez, Móstoles y Castilnovo.

 El elevado número de cartas conservadas contrasta con la práctica ausencia de este tipo de instrumentos en otros dominios de órdenes militares (caso del Campo de Calatrava por ejemplo) y demuestra, por un lado, hasta qué punto estaban interesados los oficiales de la Orden de San Juan en repoblar el Campo homónimo, y por otro, el elevado grado de madurez de tipo político e institucional que había alcanzado nuestra institución en la primera mitad del siglo XIII .

LA ENCOMIENDA DE CONSUEGRA 

Desde el punto de vista administrativo, Consuegra se convirtió a partir de finales del siglo XII en sede del convento principal de la Orden de San Juan en la Transierra castellana, cabeza de una encomienda mayor y residencia —más bien ocasional—, del prior de Castilla y León.

 La institución comendataria con sede en Consuegra se fundó muy pronto y su titular lo era también de todo el convento de aquende serra. Se trataba pues de una dignidad importante en el seno de la Orden, no en vano era el único que tenía subalternos a su cargo, los subcomendadores.

 Durante todo el siglo XIII van a ser frecuentes las ocasiones en las que el comendador de Consuegra realice destacadas funciones político-representativas, administrativas y jurisdiccionales. Aparece en la documentación recibiendo donaciones a la Orden, algunas de ellas realmente importantes como los castillos de Setefilla, Almenara y Lora, en Andalucía (1241). 

También figura en la entrega del castillo y villa de Archena (1244), otorgada por el infante don Alfonso a frey Guillen de Mondragon, titular de la bailía consaburense, con mención expresa a los servicios "que me fizo e me fara". 

En ambos casos se trata de donaciones relacionadas con la intervención del comendador y las huestes sanjuanistas en las campañas militares por tierras andaluzas y murcianas, respectivamente. Con bastante frecuencia el comendador de Consuegra interviene en la formación e incremento del patrimonio de la Orden, sobre todo en el proceso de adquisición de heredades. 

Se le suele ver también presentando clérigos al arzobispo de Toledo, promoviendo la concesión de cartas puebla, interviniendo en los acuerdos de límites y jurisdicción, en los asuntos cotidianos de los concejos, en pleitos entre otros señores o instituciones, etc. Como vemos, en el siglo XIII el comendador de Consuegra tenía un papel principal, no sólo en el Campo de San Juan, sino también en el conjunto del priorato castellano-leonés.

 A los ejemplos citados podríamos añadir las menciones que aparecen en las concordias, como la celebrada en 1237 con la Orden de Santiago, donde se especifica que los santiaguistas no podían prender a vasallos de la Orden de San Juan sin ponerlo en conocimiento del comendador de Consuegra.

En este mismo documento, es el comendador de Consuegra y no el de Peñarroya el que recibe de la Orden de Santiago un pago anual por "ayuda del agua de Guadiana que saco por La Mancha de Montaragon". 

La superior jerarquía del comendador de Consuegra se aprecia también en su intervención en otros lugares y encomiendas menores situadas en la Transierra. Tal es el caso de Villar del Pozo (Ciudad Real), el lugar de Cortes en el término de Alcaraz (Albacete) o la encomienda de Olmos (El Viso de San Juan, Toledo). 

En un evocador documento fechado en 1216, el comendador de Consuegra Gutierre Ermíldez aparece citado como "comendador mayor de todas las cosas del Hospital en la Transierra", prueba evidente de su autoridad en todo este sector. 

Por todo ello podemos concluir diciendo que durante el siglo XIII la figura del comendador de Consuegra va a ser la segunda dignidad en importancia en el priorato de Castilla y León, después del propio prior. En este sentido, no es de extrañar que algunos comendadores de la bailía de Consuegra lograran también alcanzar la dignidad prioral.

Conocemos el caso de Gutierre Ermíldez, comendador de Consuegra y de toda la Transierra en 1216, cargo que parece ser que compatibilizaba con el de prior de Castilla (c. 1202-1217); Fernant Ruiz, titular de la encomienda entre 1229 y 1237 quien obtendría después el título de prior de Castilla y León (1237-1252) o Ruy Perez, comendador de Consuegra en dos períodos, entre 1238-1243 y de 1250-1251 que lograría más tarde la dignidad prioral(1253-1255).

El comendador de Consuegra era auxiliado en sus funciones por el llamado socomendador, cargo que se documenta desde 1230. Conocemos el nombre de algunos de estos subcomendadores: Pero Gonçalvez (1230-1237), Pero Martín (1238), Pero Gonçalvez (1248), Lorenço García (1248) y Guillen Garcia (1248).

 También suelen aparecer citados varios compañones o freires caballeros que sin ser comendadores, vivían de las rentas de la encomienda. Es el caso de Pero Bernaldo, Diego Ruiz, Lope Gonzalez y Rui Pelaez (1248) y otros muchos que seguramente omiten los documentos.

 Estos caballeros solían acompañar al comendador en sus desplazamientos por todo el reino, tanto para atender a los asuntos de la administración señorial como los de índole político-militar. 

También es frecuente la referencia al freire capellán, cuya misión sería la de atender las necesidades espirituales de la comitiva. En el resto del Campo de San Juan se organizaron también desde muy pronto una serie de encomiendas menores que dependían directamente de la bailía de Consuegra y que tuvieron como misión organizar la repoblación de sus respectivas circunscripciones. Son las encomiendas de Tirez, Azuqueca, Móstoles, Alcázar, Madridejos, Turleque y Peñarroya. 

Esta última tuvo en origen cierta relevancia, equiparable incluso a Consuegra, pues en fechas tempranas (1214) vemos a su titular, frey Montesino, interviniendo en el repartimiento de Alcaraz, formando parte del cabildo provincial en Castilla y León o testificando en la concesión de diversas cartas de población.




 Sin embargo, a medida que se consolide el avance repoblador y el peligro de la frontera se desplace definitivamente al sur de Sierra Morena, el castillo y encomienda de Peñarroya fue cediendo poco a poco protagonismo en la estructura jerárquica de la Orden, quedando equiparada a otras encomiendas menores.

 A pesar de todo, no creemos que los comendadores de las localidades citadas gozaran de excesiva relevancia en el seno de la institución sanjuanista, ni que las sedes respectivas tuvieran una vida longeva. 

En efecto, estos comendadores menores, al igual que la citada figura del subcomendador, habían surgido en un momento coyuntural en el que se necesitaba la presencia de oficiales de la Orden para asegurar el éxito de la repoblación, pasado ese período inicial, ya no serían necesarios, desapareciendo todos en la segunda mitad del siglo XIII-principios del XIV. 

JESÚS M. MOLERO GARCÍA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

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