sábado, 19 de noviembre de 2016

La extraña caída del Reino Visigodo (I)

Sin duda uno de los episodios nucleares de la Historia de España es la invasión musulmana del siglo VIII. 

Me llama la atención que con la relevancia que tiene porque gente en el pasado ha dicho que este episodio fue importante y porque efectivamente parece que tuvociertas consecuencias a largo plazo (al menos para esa minoría de la población de la que nos habla la historia), no se acentúe la carga de fantasía que tiene el episodio.

Crónica Albeldense, detalle. ¿Qué tiene Chindasvinto en la mano?

Sí, ya sé que la historia es un puñado de mentiras en las que nos ponemos de acuerdo y sí, no ignoro que el episodio de la invasión cuenta con imaginativos historiadores que como notas sueltas nos ofrecen interpretaciones heterodoxas (hola Olagüe). De esto ya hablé en cierta ocasión, hoy lo vuelvo a hacer.

Paso por alto los episodios fantásticos de las batallas de Guadalete y Covadonga y me permito abrir un poco el campo de visión: ¿en menos de diez años conquistar seiscientos mil kilómetros cuadrados (el reino visigodo llegaba a la Septimania) habitados dispersamente por —probablemente— algo más de un millón de personas y todo ello utilizando a un par de miles de soldados (en la estimación que hace Roger Collins)? ¿Una conversión rápida de ese millón de personas a una nueva lengua, idioma y religión? Las preguntas ya apuntan al requisito de un esforzado ejercicio de imaginación por parte de la audiencia.

Creo que la clave de la invasión de los moros está en sus victorias militares concretas. Igual que creo que la extraña caída del Imperio Romano de Occidente tiene mucho que ver con derrotas militares muy concretas, la extraña caída de los visigodos también la podemos relacionar con hechos de armas.

La Batalla de las Navas de Tolosa fue mucho después, pero me gustan las banderas.

A la muerte de Witiza el reino estaba hecho unos zorros (hay crónicas medievales que dicen que no, que todo estaba bien; recordemos que toda afirmación sobre los sucesos de esta época cuenta con su particular desmentido, lo que hace que casi cualquier historia nos valga). Existe un misterioso Concilio XVIII de Toledo que tuvo lugar durante su reinado que puede que aprobara una efectiva separación de la Iglesia de España de la Iglesia de Roma. 

Sabemos que a los últimos reyes visigodos tradicionalmente nuestra historiografía los puso a caer de un guindo porque se les responsabiliza de perder contra los moros. Sabemos también que nuestros cronistas solían atribuir a la sociedad del atardecer visigodo toda clase de comportamientos poco cristianos (cosa que tiene sentido si pensamos como un cronista altomedieval: la invasión es un castigo por nuestros pecados).

Hay quien dice que en las actas de ese misteriosísimo concilio —del que nadie jamás escribirá una bonita novela con batallas, amor cortés y temor de Dios— se dejaría a los sacerdotes el emparejarse (en la cristiandad del siglo VIII no era un disparate) y lo que más me llama la atención: se aprobaría la poligamia. Ahí es nada (por cierto, lo de la poligamia nos suena a cierta otra religión ¿verdad?).

Tenemos noticia de que a Witiza le sucede Don Rodrigo. Apúntese que la monarquía visigoda no era hereditaria sino electiva. De hecho, lo normal en los reinos fundados por germanos y godos era la elección del rey entre los prebostes del reino (curiosamente también era la forma de elegir gobernante entre los mongoles. En términos reales había un puñado de familias nobles que se alternaban, no siempre pacíficamente, en el poder). Sé que estamos muy acostumbrados a hablar de monarquías hereditarias, pero esta es una de esas cosas que son más propias de la Edad Moderna que de la Edad Media. No me meto ahora en este tema pero aprovecho para cagarme en la destrucción que hizo Walt Disney de nuestra historia. Sigo.

La palabra «restauración» me parece que describe mejor que «reconquista» lo que sucedió.

Don Rodrigo sucede a Witiza pero la arqueología (¡monedas!) nos dice que contemporáneo a Don Rodrigo había un tal rey Argila al menos en la Tarraconense y en la Septimania. Cuando los moros toman toda la península, el sucesor de Argila en la Septimania, Ardón, es el último rey visigodo del que tenemos noticia que sigue pelando contra los moros (y probablemente muere en batalla contra ellos, apenas unos meses antes de la famosa batalla de Covadonga).

Lo más importante para los invasores era el hecho de que los visigodos estaban viviendo cierta guerra civil. Esa guerra civil pudo haber sido un poco más seria que las habituales guerras civiles entre los nobles visigodos de años atrás: no sólo estaba el conflicto sucesorio, sino también el apuntado problema religioso del que no tenemos mucha noticia.

A esto hay que sumar dos problemas militares frecuentes para los visigodos: la expansiva amenaza bizantina, los levantiscos montañeses y los francos que no se podían estar quietos. Curiosamente los musulmanes les resolvieron uno de sus problemas de política exterior a los visigodos con la toma de Cartago en 698.

La conquista musulmana de su provincia de África —que pasaron a llamar Ifriqiya— llevó al Imperio Bizantino a unos años de inestabilidad política —muchos emperadores arrastrados por el Hipódromo, mutilaciones y cabezas en picas— y los hizo retroceder al Mediterráneo oriental. Recordemos que bizantinos y visigodos se enfrentaron en batalla varias veces y el sureste de España con las Islas Baleares llegó a ser parte del Imperio de los griegos romanos.

Interior de la iglesia de San Juan en Santianes de Pravia (s. VIII).

Apúntese que en las crónicas nos dicen que a la hora de la invasión el rey Rodrigo estaba peleando contra los "pamploneses".

La región de los montañeses, de frecuente conflicto, es una región fronteriza con el hostíl reino de los francos. Si los visigodos tenían algo parecido a un ejército, lo suyo es que estuviera ubicado en esa zona, lo que dejaba campo libre para el indefenso sur.

Nótese también qué tipo de ejército tenían los visigodos: un ejército compuesto por miembros de las familias nobles que apoyaron la elección del rey. La monarquía visigoda era un poder básicamente judicial y militar. Ciudades y villas contribuían al sostenimiento del rey por medio de tributos, pero su aportación terminaba ahí. El propio rey era un líder militar en batalla.

Y esto hace que cobre sentido mi hipótesis de que la invasión puede darse gracias a una singular victoria de los moros contra los godos.

Musa y Tariq, conquistadores de la península, acabaron fatal: uno asesinado y otro en la miseria.

Por una parte tenemos a un grupo de bereberes que unen sus fuerzas con godos que no quieren a Rodrigo de rey. Al otro lado tenemos el ejército del rey encabezado por el propio rey al que siguen las familias nobles que le son leales. 

http://www.cronicasdeunmundofeliz.com/2015/10/sobre-la-extrana-caida-de-los-visigodos.html

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