miércoles, 16 de noviembre de 2016

El Castro de la Sierra de la Estrella y su Contexto Histórico (I)


El conocimiento de la Edad del Hierro en la región occi-dental de la provincia toledana es todavía muy precario. Lasintervenciones arqueológicas se reducen a unas campañasde excavación en
Arroyo Manzanas

sólo parcialmente publi-cadas (Moreno Arrastio, 1990: 275-308), esporádicas pros-pecciones como la del presente estudio o publicaciones dehallazgos casuales.Se deben a Jiménez de Gregorio la mayor parte de lasnoticias (Jiménez de Gregorio, 1992: 5-38), aunque sea ne-cesario matizar la adscripción cultural de varias de ellas.Entre los hallazgos casuales siempre han tenido una espe-cial predilección las esculturas zoomorfas o verracos.

Estos elementos han servido para delimitar las tierrasasignadas a los pueblos vetones de las fuentes clásicas, es-pecialmente para diferenciarlos de los carpetanos, situadosmás al Este (González-Conde, 1986: 87-93), postura que seavala en época romana con el establecimiento de los límitesentre las provincias Lusitania y Tarraconense, que grossomodo corresponderían con la delimitación anterior.

El descubrimiento de las estructuras del castro de la Sie-rra de la Estrella vendría a ratificar esta postura, pues no cabeduda de que la morfología de este asentamiento se relacio-na directamente con la de los castros vetones de recintosmúltiples y ubicaciones escarpadas. En concreto pareceninnegables los paralelos con lugares como
Las Cogotas
o
LaMesa de Miranda
.Las primeras noticias sobre el Castro de la Sierra de laEstrella se deben a Jiménez de Gregorio (
art. cit.
, 1989: 26--30), quien opina que sería uno de los más importantes dela zona. Desgraciadamente, al no poseer datos arqueológi-cos concretos y fiables sobre el conjunto prerromano en lacomarca es difícil pronunciarse al respecto, aunque no esimposible que así sea. En este sentido, algún autor ha es-tablecido una secuencia jerárquica no exenta de problemasde base, colocando este yacimiento en segundo lugar delpoblamiento regional, con la categoría de “castro” dentro deun esquema tripartito encabezado por los
oppida
(Álvarez--Sanchís, 1998: 609-631; 1999: 115 y ss). Pero consideraeste investigador dos oppida del poblamiento: Augustobriga y Caesarobriga (Talavera la Vieja y Talavera de la Reina, res-pectivamente), cuando está demostrada la inexistencia deocupación indígena, al menos para Talavera de la Reina(Urbina Martínez, 1990).



La característica ausencia de materiales cerámicos ensuperficie, como se ha comentado con anterioridad, hacedifícil el encuadre histórico del yacimiento de la Sierra de laEstrella. Si hemos de basarnos en los paralelos de recintos como Las Cogotas o la Mesa de Miranda, de evidente similitud formal con el Castro de la Estrella, tanto en los tipos deconstrucción de los parámetros murados, como en el esta-blecimiento de varios recintos o la propia ubicación del po-blado, se trataría de un hábitat antiguo dentro de la Edad delHierro, e incluso con raíces en el Bronce Final, propio deestas gentes para las que la ganadería ocuparía un impor-tante papel económico (Sánchez Moreno, 2000; Álvarez--Sanchís, 1999).

Aunque la mayoría de los autores inciden en la impor-tancia fundamental de la ganadería no hay que olvidar tam-poco la extraordinaria riqueza mineral de estas comarcas.Para otras zonas extremeñas se ha constatado una relacióndirecta entre asentamientos amurallados y torres con vetasde hierro primero y menas de galenas argentíferas ya entiempos de Sertorio y César (Ortiz y Rodríguez Díaz, 1998).Algunos de nosotros realizamos hace tiempo un acercamientoen este sentido (Urbina Martínez, 1994), poniendo de relie-ve la gran riqueza metalífera en minerales de hierro, cobre,plata y oro.

Concretamente en la Sierra Ancha existen me-nas de hierro, cobre y plata. La existencia de unos moldesde fundición en Arroyo Manzanas con una cronología de ini-cios de la Edad del Hierro, los hallazgos casuales de jarrostartésicos o enterramientos principescos como la Tumba del Carpio (Fernández Miranda y Pereira, 1992: 57-94; PereiraSieso, J. y Álvaro Reguera, 1990), permiten bosquejar unosinflujos orientalizantes que se suponen ligados a la explota-ción de esos recursos minerales.No obstante, el ejemplo más cercano y mejor estudiado, el Raso de Candeleda (Fernández Gómez, 1986; 1997), su-giere una secuencia cronológica distinta, en la que el recintoamurallado de la sierra sería la última etapa de una serie concomienzo en el llano o primeras estribaciones de la monta-ña, provocada por la llegada de púnicos y romanos.

En definitiva, se trataría del último refugio indígena ante el acosode los invasores mediterráneos.Los vetones están escasamente documentados en lasfuentes antiguas. Las referencias geográficas de Estrabóno Plinio son de carácter general y los emplazan al Norte uOeste de los carpetanos, junto al Tajo y al norte del Siste ma Central (Roldán Hervás, 1968-1969: 73-106). Una cita (Nepote, Hamilcar, 4, 2) los hace responsables de la muer-te de Amílcar, confirmando la llegada de los púnicos al Tajo:“

hic cum in Italiam bellum inferre mediatretur; nono anno postquam in Hispaniam venerat, in proelio pugnans adver-sus Vettones occisus est”

.Sea como fuere no vuelven a aparecer hasta las guerrasde las legiones romanas contra Toledo, donde actúan enunión de carpetanos y celtíberos ( Livio 35, 7, 8 ): “
(M. Fulvius)apud Toletum oppidum cum Vacceis Vectonisque et Celtiberissignis collatis dimicavit exercitum earum gentium fudit fuga-vitque regem Hilernum vivum cepit”.

http://www.academia.edu/2436586/El_castro_de_la_Sierra_de_la_Estrella._Un_asentamiento_de_la_II_Edad_del_Hierro_en_la_comarca_toledana_de_La_Jara

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