sábado, 27 de septiembre de 2014

Trascendencia de los Judios en Toledo

No es posible referirse a los judíos españoles sin tener presente a Toledo, ya que esta ciudad es donde surgió el mayor esplendor hebreo del medioevo, y de ella la gran tradición sefardí que existe hasta nuestros días. 

Una villa plena de recuerdos de sus estudiosos y sabios judíos, que levantaron el conocimiento medieval europeo hasta límites casi increíbles, permitiendo recuperar conocimientos de muchas civilizaciones previas. Su gran esplendor tuvo lugar entre los siglos X y XIII. 

Es un hecho comprobado que en esa época los judíos españoles empezaron a desempeñar un papel esencial en la difusión de las ciencia y la filosofía del Oriente. 

Se dedicaron con particular ahínco a la descomunal empresa de traducir al latín los clásicos árabes, ya fueran originales como traducidos del griego. En esa ciudad se creó la famosa Academia de Traductores, entre donde figuraban no pocos judíos o, por lo menos, anusim, sin cuyos conocimientos de idiomas sería imposible esa tarea. Asimismo, funcionaba un centro del estudio de la Cábala, que se hizo famoso y creó la llamada "leyenda de la magia toledana". 

Muchos judíos de esa ciudad castellana tenían la impresión que la ciudad habría sido fundado cuatro milenios antes por sus antepasados, descendientes directos del patriarca Noé. Suponían que Toledo había sido capital en la época de Hiram de Tiro, el rey que ayudó a Salomón a erigir el Templo en Jerusalén. 

De cualquier modo, en aquellos tiempos todos los judíos de la ciudad eran vasallos del Rey de Castilla, y estaban bajo su protección. Tenían una absoluta libertad religiosa y contaban con un gran rabino, que disponía de dayanim (jueces) y personeros, para administrar la numerosa congregación. El mayor barrio judío se concentraba en las pendientes al sur de la ciudad, que descienden hasta el Tajo, que de hecho se dividía en dos sectores, la Alcaná y la Aljama. 

Los hebreos más ricos se concentraban alrededor de la parroquia de S. Tomé, y no lejos estaba la llamada "Casa del Judío", que fue la residencia de don Isaac Abravanel, que prestó fondos a la Reina Isabel para que pudiera financiar la expedición de Colón.

 En 1290 el padrón de Huete, hace constar que la judería de Toledo contaba con alrededor de 5.000 habitantes judío, lo que la situaba a una distancia excepcional de todas las restantes juderías de los reinos de Castilla y León. La judería se localizaba inicialmente en la parroquia de San Martín, desde donde se fue extendiendo hacia las de Santo Tomé y San Román. 

A fines del siglo XIV había en Toledo no menos de diez sinagogas, y hoy todavía se pueden contemplar dos: “Santa María la Blanca” y el “Tránsito”, fehacientes recuerdos de un pasado tan glorioso. Pero como en toda España, la comunidad fue objeto de rencor y envidia, y víctima de no pocas persecuciones. En el siglo XIV sufrió las consecuencias de las guerras civiles en Castilla. 

En 1355 las tropas de Enrique de Trastámara invadieron una de las aljamas toledanas y pasaron a cuchillo a 1.200 judíos. Ese rey solía realizar frecuentes "incursiones" contra los judíos de esa ciudad, de las que sacaba cuantioso botín, y afírmase que en el sitio de la ciudad de 1368 a 1369 muchos miles de judíos murieron de inanición. Finalmente, los pogromos de 1391 también llegaron hasta esa ciudad castellana, y fueron muchos los hebreos que –nuevamente- perdieron la vida de manos de la turba enfurecida. 

A principios del siglo XV se privó a los judíos del derecho de ejercer cargos públicos, y en 1480 se les obligó a residir en ciertas partes de la ciudad. En mayo de 1485 la Inquisición, que antes estuvo en Ciudad Real, se estableció allí, proclamando un período de gracia de cuarenta días, que luego fue prolongado por noventa más, invitando a los conversos a presentarse ante el tribunal para confesar sus pecados.

 Además, los inquisidores obligaron a los rabinos a proclamar en las sinagogas que todo judío que supiera de marranos judaizantes y no los delatara, sería objeto de una anatema, lo que era todavía un castigo muy severo para la masa devota. Este método de obtener testimonio de los hebreos, un procedimiento que fue muy discutido en su época por su carácter perverso y malsín, llegó a convertirse en un sistema aplicado sin miramiento en todas las juderías de esa época hasta la Expulsión. 

Se dieron también muchos casos de cristianos que denunciaban a conversos, sencillamente para vengarse de ellos por razones totalmente ajenas a la religión. Y una denuncia, como se sabe, era suficiente en muchos casos para condenar al infeliz denunciado. Parece ser que casi mil nuevos cristianos fueron juzgados por el Santo Oficio. Y por último, y como suele suceder con tanta frecuencia en este relato, los apellidos Toledo y Toledano se escuchan a menudo en este rincón oriental del Mediterráneo. Entre los siglos XI y XIII, llegó a ser la Jerusalén occidental, capital indiscutible de los judíos hispanos, conserva una profunda huella sefardí. En el siglo XII Yehuda al-Harizi en su Tahkemoni, dejaba consignada, su admiración por el número de sinagogas de sin igual belleza que Toledo atesoraba. 

Tuvo dos juderías que ocupaban un sector considerable de la mitad meridional de la ciudad. Desde la Puerta de Cambrón hasta la calle de San Cristóbal, pasando por las del Colegio de Doncellas, de San Pedro Mártir y del Salvador, se extendía la ciudad hebrea que, ceñida al sur por el Tajo, albergaba, a finales del siglo XIV, nada menos que once sinagogas y cinco escuelas anejas a las sinagogas.

 Las dos sinagogas, que se conocen con los nombres de Santa María la Blanca y El Transito, el baño probático vecino a la primera y la casa en que habitaría posteriormente el Greco, siguen rodeados de calles quebradas y serpenteantes. 

El poema de Ya’aqob Albeneh, consagrado a la revuelta antijudía que al aljama de Toledo sufrió el 17 de Tamuz (20 de junio de 1391), en su estrofa 32 exclama: ¡Ay de las sinagogas / trocadas en ruina, / donde han anidado milanos y buitres; / pues partieron los hijos de Israel!. Existieron entre otras:


1º La Sinagoga mayor; 

2º El Templo viejo; 

3º El Templo nuevo ó Nueva Sinagoga, edificada o reedificada por Yosef ben Susán y luego conocida como de Santa María la Blanca; 

4º La Sinagoga del príncipe Semuel Ha-Leví Abulafia, ministro de Pedro I de Castilla, construida hacia 1357, luego iglesia de Nuestra Señora del Tránsito; declarada Monumento Nacional el 1 de Mayo de 1877; 

5º Sinagoga del Cordobés, cuyo fundador parece ser un miembro de la distinguida familia procedente de Córdoba, Abraham al-Kurtubi, poeta;

6º La Sinagoga de Ben Zizá, cuyo apellido era muy frecuente en Toledo, siendo atribuida su fundación a Yahya ben Zizé, a Bibach ben Zizé, ó a Ishaq ben Zizá ben Abuy Yosef;

7º La Sinagoga de Ben Abidarham, también conocida como Sinagoga de Almaliquím, la cual fué construida por Rabí David ben Selomó ben Abu Darham; 

8º La Sinagoga de Suloqia ó ha-Suloqiyyá; 

9º La Sinagoga de Ben Arych;

10º La Sinagoga de Algi’ada; y 

11º La Sinagoga de Çofer ó Sofer, mencionada en documentos de 1397 a 1403.

 En cuanto a los centros de estudio y oración (especie de colegios mayores rabínicos) que funcionaban en Toledo con el título de midrasím, madrisas o madrasas: 

1º La madrisa de Rabbi Ya’aqob, cuyo nombre pudiera deberse al recuerdo de Rabi Ya’aqob ben Aser, el autor de los Turim, fallecido en 1340; 

2º La madrisa de Ben An-neqawa, cuyo nombre nos recuerda a su fundador Semuel al-Neqawa, asesinado en 1341; 

3º La madrisa de Ben Wa’qar, que fué fundada por la familia toledana de los Ben Wa’qar, en la cual figuran entre otros el cabalista Yosef y el médico del rey Alfonso XI, Semuel Abenhuacar; 

4º La madrisa de Rabí Israel, cuyo nombre conmemora el de Rabi Israel ben Yosef Israelí, fallecido en 1326, amigo de Aser ben Yehiel; 

y 5º La madrisa de Rabi Menahem, que perpetuaba el recuerdo de Menahem ben Zérah, autor de Zedah la-Dérek, fallecido en Toledo en 1385. 

En la Biblioteca de la Catedral de Toledo, existe una magnífica colección, con la mayoría de los manuscritos traídos de Italia en el siglo XVIII por el Cardenal Zelada. En su callejero cuenta con: Calle Samuel Leví, Calle Sinagoga y la Travesía del Judío.

 Existieron dos cementerios judíos: uno en el "Cerro de la Horca", donde fueron reaprocechados materiales de un cementerio musulmán del siglo XI; y otro en la zona de "Fábrica de Armas", en el sector de la Vega más cercano al río.

Fuente: http://sefardies.es/ver_localidades.php?id_localidad=599

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