sábado, 3 de junio de 2017

El uso ideológico de la Reconquista de Toledo (II)

En efecto, si Alfonso VI conquistara la ciudad de Toledo podría ser teóricamente considerado como superior frente a los demás reyes cristianos de la Península Ibérica, y este era un objetivo crucial. Sólo así se entiende, por ejemplo, el duro castigo al que sometió a Rodrigo Díaz de Vivar cuando, a comienzos de 1081, realizó unas expediciones de saqueo en tierras cercanas a las fortalezas cedidas por al-Qadir al rey de Castilla y León poco después de que aquél fuera repuesto en el trono de Toledo .

Estas acciones amenazaban el fingido protectorado del monarca castellano-leonés sobre la taifa, podían servir de revulsivo para que otros caballeros hicieran lo mismo, e invitaban a que los musulmanes desarrollasen actos de saqueo en esas tierras similares.



El rey y sus asesores, enojados, mandaron al exilio a Rodrigo Díaz, que primero marchó a Cataluña y luego a Zaragoza, donde permaneció desde finales del verano de 1081 durante los cinco años siguientes "'.

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Con este destierro, la promoción de García ürdóñez en La Rioja y la de Lope Jiménez en Vizcaya y Álava, Alfonso VI pretendía reforzar sus dispositivos políticos en la frontera este de Castilla para poder dedicarse con más sosiego al punto caliente de su política exterior en esos momentos; la taifa toledana".

AI-Qadir había vuelto a la ciudad del Tajo "con espíritu vengativo, dispuesto a hacer pagar a aquellos que dos años antes le habían expulsado" e instauró un "régimen de terror", acosando a los que conspiraron contra él. Ibn Bassam, en 1109, escribiría que en ese período los toledanos "tenían miedo hasta de su propia sombra".

El restablecido dirigente se dedicó a extorsionar a sus súbditos para poder pagar la su-puesta protección que le brindaba Alfonso VI n, provocando un descontento social que le impidió consolidarse en el trono (como anteriormente había sucedido con al-Mutawakkil), en parte debido a las acciones del rey castellano-leonés, que durante el verano y el otoño de 1081 devastó los campos de la zona .

En este contexto, en mayo de 1082, estalló una nueva revuelta en la ciudad, posiblemente promovida por el rey de Sevilla 74, que sólo se calmaría con la intervención del dirigente cristiano, lo que le permitió hacerse con el control absoluto de la taifa

Desde entonces sus campañas sobre las tierras de Toledo no iban a dejar de darse, con más o menos regularidad, hasta la toma de la urbe en 1085  , Este choque de intereses que se produce a finales del siglo XI en Toledo supone por encima de lo que los propios acontecimientos significan un enfrentamiento muchísimo más complejo, entre dos formas de organización política, económica y sociocultural totalmente distintas como eran los reinos cristianos y las taifas musulmanas, algo que ya se había venido manifestando sin mucha consistencia a lo largo de los siglos de conquista precedentes pero que ahora se revelará con toda su crudeza .

El descontento de la población musulmana en estos momentos era el producto de un choque entre la estructura social tributaria del reino de Toledo y la feudalizada de los territorios castellano-leoneses ",

El tipo de vinculación que mantenían los reyes musulmanes con los monarcas cristianos, y más concretamente al-Qadir con Alfonso VI (vinculación que fue iniciada ya por Fernando 1 con al-Mamún), era una forma evidente de dependencia feudal, de manera que el rey castellano-leonés, basándose en su superioridad bélica, no tenía ningún inconveniente en solicitar mayor cantidad de tributo según sus necesidades, consciente de que la propia organización económica de las taifas no estaba preparada para ello,

Ante la solicitud de más impuestos, las estructuras económicas taifales carecían de los resortes necesarios para hacer frente a las nuevas imposiciones sin aumentar la presión tributaria, lo que no sólo generaba descontentos entre los ciudadanos sino que iba en contra del Corán, favoreciéndose aún más el resentimiento social y gracias a él la conquista.

Desde luego la política de Alfonso VI, consolidación de la que su padre Fernando I había iniciado tiempo atrás, era muy inteligente, ya que aunque estaba destinada a conseguir éxitos a largo plazo permitía aprovechar las circunstancias inmediatas para beneficiarse de forma continua y acelerar la consecución de los objetivos fijados.

En este sentido, a pesar del evidente desfase cronológico y de que no sea lo más acertado, tal y como afirma B. T. Reilly ("A decet seriorness, of course, that we resi"t the temptation to see in Alfonso VI a Machiavellian earlier than Machiavel/i himself. Like any king, he was first andforemost a warrior and a politician"), la política de Alfonso VI con respecto a las taifas cristianas podría calificarse de maquiavélica.

Lo cual no es incompatible con la explicación que da Scales , basándose en un testimonio de Ibn Bassam, al afirmar que la toma de Toledo no se debió a ninguna acción de Alfonso VI sino al asesinato de Ibn al Hadidi, que "corrió el velo de la desventura" al dividir a la comunidad toledana en bandos.

Este asesinato fue considerado por algunos como una fitna, una prueba de Dios que si era superada permitiría a los fieles salvarse, pero la umma de los fieles fracasó en su intento de mantenerse unida. Efectivamente la descomposición de la comunidad islámica, y no sólo de ella, provocó la toma de la urbe por los cristianos, pero esa descomposición tenía una causa; el apremio político, militar y económico al que se estaba sometiendo a los musulmanes, unido a la incapacidad de su gobernante para enfrentarse a él.

En este sentido, más allá de las explicaciones simplistas que se han venido dando sobre la división de la sociedad toledana en dos grupos, cada uno de los cuales partidario de una solución distinta al conflicto (unos querían que tras la expulsión de al-Qadir el control de la taifa quedase en manos de Alfonso VI, y otros, los que habían llamado a al-Mutawakkil, en manos de un dirigente musulmán aunque enemigo de la taifa), de lo dicho anteriormente se desprende que el fraccionamiento que se produjo fue mucho más complejo, y que más que causas religiosas sobre todo lo que determinó tal quiebra social fueron las circunstancias políticas del momento.

Así, podemos dividir a los grupos sociales de Toledo en el momento anterior a la toma de la ciudad por los cristianos del siguiente modo, según sus ideas políticas ':

1. Los miembros de la administración del reino con al-Qadir a la cabeza, caracterizados por no tener una postura política coherente y actuar movidos por el contexto político de cada momento sin unos objetivos claros. Eran un grupo minoritario y odiado por el conjunto de la sociedad.

2. La oposición musulmana dividida en dos grupos: Moderados: habían perdido toda esperanza en al-Qadir y alMutawakkil les había fallado. Estaban empezando a aceptar un hecho evidente; ningún gobernante de al-Andalus podía ayudarles, por lo que una posible entrega del reino a Alfonso VI mediante una capitulación para conseguir unas condiciones beneficiosas sería mejor que una conquista que parecía inevitable (esta opción triunfaría).
Radicales: se negaban a cualquier trato con una fuerza cristiana y pedían la purga del régimen de al-Qadir mediante la vuelta a la más severa rectitud islámica. Tan sólo eran partidarios de llamar a una fuerza religiosa, política y militar que existía en el norte de África y que podría llevar a cabo sus planes; los almorávides (esta es la opción que triunfó en toda al-Andalus tras la toma de Toledo, y la que hizo que sus repercusiones no fueran mucho más graves).

3. Los judíos y los cristianos mozárabes también sufrieron bajo el reinado de al-Qadir. Es posible que los judíos prefieran ser gobernados por el rey castellano-leonés, ya que existían ciertas perspectivas que les animaban a creer que bajo su mando su situación mejoraría. Un judío en una delegación castellana, por ejemplo, se quejó a al-Mutamid de Sevilla de que el pago de las parias a Alfonso VI lo hacía en moneda devaluada, y tal queja fue acompañada de insultos, por lo que el dirigente musulmán le asesinó.
La respuesta del monarca cristiano fue inmediata; organizó una incursión de castigo para vengar la muerte del judío y advertir al gobernante de la taifa sevillana sobre las consecuencias que tendría cualquier injerencia en Toledo.

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0041_01.pdf


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