sábado, 12 de enero de 2019

Elementos Simbólicos de Poder de la Nobleza urbana en Castilla: los Ayala de Toledo al final del Medievo

Resultado de imagen de escudo los Ayala ToledoA lo largo de los siglos xiv y xv la corona de Castilla experimentó profundos cambios en todos los ámbitos; entre las modificaciones sociales más destacables se encuentra la transformación de la nobleza que dio lugar a la suplantación de la vieja aristocracia por un nuevo grupo oligárquico que ha dado en denominarse «nobleza nueva». 

Esta renovada aristocracia, que se consolidaría con el advenimiento de la dinastía Trastámara, se diferenciaba cualitativamente de la nobleza vieja en ciertos elementos básicos, como la estabilización del patrimonio a través del mayorazgo, la adquisición de señoríos jurisdiccionales, el empleo de nuevos modos de obtención de rentas, a traves del aprovechamiento de la ganadería trashumante o el asentamiento en rentas de la corona. 

A todos éstos podemos añadir un elemento que en nuestro estudio resulta de particular interés:la concentración espacial del poder. 




Una gran parle de los linajes nobiliarios castellanos del fina del Medievo proyectó su poder en el ámbito local, en una ciudad o villa de realengo y su tierra; esta operación de concentración espacial del poder se debía, sin duda, a la seguridad que proporcionaba la autonomía de estas ciudades y villas, pero, además, evidenciaba un cambio significativo de los modos de vida. 

La ciudad bajomedieval, centro de poder, reunía dentro de sus murallas a una serie dc personas e instituciones que, dc diversas formas, disputaban por el reparto de ese poder. En este contexto, una rama secundaria de uno de los más importantes linajes nobiliarios —la casa de Ayala— se estableció en Toledo, donde las reía-Ayala fue uno de los linajes que pasó al primer plano social y político de la
corona de Castilla con la instauración de la dinastía Trastámara .


Resultado de imagen de los Ayala ToledoEl célebre canciller Ayala (1332-1407), al final de sus días, estableció una división de su descendencia en dos ramas independientes: la de su primogénito Fernán Pérez se establecería en Álava, en el solar ancestral del linaje; la de su hijo segundo Pedro López se asentaría en Toledo, donde ya los Ayala tenían cierta influencia . 

En este ámbito local, en la ciudad y tierra de Toledo, Pedro López de Ayala y sus sucesores, que en 1470 se convertirían en condes deFuensalida, no dejarían de desarrollar su poder . 

Una vez señalada la «localización» del poder nobiliário, se puede establecer una clasificación en que se exponen los elemenfos que contribuyen a asentar la influencia de un linaje en un ámbito geográfico concreto; una exposición, en definitiva, de los fundamentos del poder local de la nobleza nueva castellana. 

Se pueden considerar cinco fundamentos básicos: el origen ilustre del linaje, la privanza regia, el patrimonio en la ciudad y la tierra, la solidaridad interna y externa del grupo familiar y el sistema de símbolos de poder del mismo. Si los tres primeros elementos han sido tradicionalmente estudiados por la historiografía, no ocurre lo mismo con los dos últimos, que sólo recientemente han atraído el interés de la investigación . 

En el presente trabajo nos ocupamos del último de los fundamentos expuestos, la simbología del poder, concretando sus elementos a través del estudio de la utilización quede ellos hace el linaje Ayala de Toledo ya presentado.

La simbologia del poder, aunque menos tangible que otros fundamentos,no fue menos operativa; en todo caso, al actuar sobre las mentalidades, contribuyó decisivamente a perpetuar la notabilidad de los linajes. Sin el complemento simbólico no es posible considerar sólido el poder de un individuo o de un grupo sobre el conjunto de una sociedad concreta. 

La Antropología Social nos aporta una noción clara acerca del valor del simbolismo: La cultura de todas las sociedades incluye un “manual” que presenta las tareas principales que deben ser realizadas, la definición de la función del personal clave e instrucciones específicas para desempeñar las funciones asignadas» 6~ 

El «manual simbólico» que diseña los comportamientos de los diversos grupos sociales no suele ser explicito, sino que se encuentra implícito en la actuación consuetudinaria de los hombres, en los rituales, mitos, proverbios, dogmas; en definitiva, en lo que podríamos denominar «usos sociales». 

A través del estudio de éstos, es posible explicitar el sistema de conductas de una sociedad y, en concreto, el conjunto de normas de actuación a que un grupo social se debe. 

Al analizar el código de conducta de la nobleza castellana del final del Medievo, se observa una serie de signos, ideas y ceremonias que definen un estilo particular de vida y que, lo que es aquí más importante, simbolizan a la vez que legitiman su poder ante el conjunto de la sociedad de su tiempo. 

Se puede establecer un cuadro de los elementos que simbolizan el poder de la nobleza en la esfera local, para pasar más adelante a estudiar cómo dichos elementos son utilizados por ellinaje que centra nuestro interés.

— Elementos identificativos:

• Las armas. 
• La onomástica.
• El solar. 

— Elementos dignificadores:

• El mito del origen.
• El honor.

— Elementos funerarios:

• Las mandas piadosas testamentarias. 
• La pompa funeraria
• Lamemoria de los difuntos.

2. Elementos identificativos

 En primer lugar, la nobleza castellana bajomedieval presenta una serie de símbolos que mostraban a la sociedad cotidianamente cuál era el nivel social de la casa representada por ellos, un conjunto de signos materiales que identifican al propio linaje al tiempo que simbolizan su grandeza.

 Estos «elementos identificativos» son las armas, los usos onomásticos y el solar. El más directo de los elementos identificativos del linaje es el emblema heráldico. 



Este símbolo, en un principio, parece que fue utilizado por los cratas para ser reconocidos en el fragor de la batalla, dado que el casco con nasal ocultaba el rostro.


En la segunda mitad del siglo xítí esta primitiva divisa —señal externa de distinción en la guerra— había evolucionado hasta dar lugar a las armerías, sistemas formados por un conjunto de emblemas. 

Desde mediados del siglo xtv el empleo de estos elementos simbólicos se extendió notablemente, experimentando durante el siglo xv una gran profusión ~. 

Las armas empleadas por los Ayala de Toledo encontraban su justificación en la crónica genealógica del linaje. 

La casa condal de Fuensalida utilizó el símbolo heráldico de sus antecesores, en ascenso durante los siglos xiii y xív.

 Fue precisamente el primer Pedro López de Ayala, participante en la reconquista de Sevilla, quien adoptó este símbolo. Según la crónica, «este don Pedro López tomó el renombre de Ayala de su abolendo, e fizo por divisa lobos prietos de Vizcaya, e aspas de oro» 

Esta era la mejor manera de acreditar el parentesco que unía a los Ayala con el linaje de los señores de Vizcaya. 

El emblema heráldico de los Ayala, estudiado ya por algunos tratadistas de la época de los Reyes Católicos II, se describe del siguiente modo: Dos lobos pasantes de sable sobre campo de plata y una bordura de gules sembrada de sautores de oro.» 

A fines de la Edad Media las armas de los linajes solían admitir cambios por diversas motivaciones: entronque con otras estirpes, cambio de renombre, adquisición de señoríos, participación en un hecho bélico. A pesar de la permeabilidad de los emblemas, el de los Ayala permaneció inalterado durante siglos, hecho que corrobora la relevancia que al orgullo por el origen se concedía. 

En la profusa decoración heráldica del palacio de Fuensalida, morada urbana de los Ayala, aparecen las armas de algunos de los linajes con los que emparentaron; allí se pueden contemplar los emblemas dc los Castañeda, que eran las armas de doña Elvira, mujer de Pedro López , las de los Guzmán, por la ascendencia materna del mismo, y las de los Orozco, por la ascendencia materna de Elvira de Castañeda 

En todo caso, no se permitió en ningún momento que el emblema principal del linaje se fundiera con otro. 

Un segundo elemento que contribuía a expresar el orgullo del linaje era la onomástica; en el caso de los Ayala toledanos constituyó un evidente símbolo de permanencia, dada la constante repetición del nombre completo de los parientes mayores del linaje. 

La denominación personal de los aristócratas castellanos bajomedievales se componía, al menos, de un nombre de pila y del «renombre» o apellido familiar.

 Era corriente, además, el uso de un patronímico entre ambos, pero este patronímico en el siglo xv había perdido su sentido originario y ya no hacía referencia a la denominación paterna, sino que se aplicaba libremente, como el nombre de pila, o bien se heredaba junto con el renombre, de modo que formaba parte de él .

 Todo linaje utilizaba varios nombres de pila con insistencia, entre ellos el del fundador de la casa y los de antepasados ilustres. Era lógico que los Ayala toledanos optasen repetidamente por el nombre «Pedro», ya que era el que habían llevado el fundador de la rama toledana y su padre el canciller, artífice, en definitiva, de la fundación.

 En todo caso, «Pedro» era un nombre bastante corriente en la época y, por tanto, no expresaba gran cosa por sí mismo  

Más interesante es el uso del patronímico López que en este linaje pasó a formar parte del renombre; no es errada, por tanto, la denominacíon «López de Ayala» que emplean algunos autores para referirse al linaje condal. 

La utilización de estos dos nombres pone de manifiesto la profunda devoción que los Ayala de Toledo sentían hacia su antepasado el canciller; pero, además, evidencia, y esto es lo fundamental, cl deseo de expresar la permanencia del grupo familiar, siempre regentado por un Pedro López de Ayala.

 El tercer elemento identificativo considerado, el solar, era uno de los aspectos fundamentales del orgullo nobiliario; constituía uno de los requisitos para poseer y mantener la condición misma de nobleza. La notoriedad de un linaje se medía en función del ámbito geográfico en que su «solar» era conocido  

El lugar en que el linaje tenía su origen o su asiento principal —el solar— se embellecía con edificios ostentosos. En principio, una fortaleza rural, un castillo, señalaba el solar del linaje; sin embargo, en una época en que la nobleza se hallaba bien implantada en la ciudad, el palacio urbano vino a sustituir al viejo enclave rural 

Los Ayala, un linaje urbano, se enorgullecían en primer lugar de sus «casas mayores» de Toledo, ubicadas en la collación de Santo Tomé, donde emprendieron la construcción de su primera vivienda ostentosa, aunque pronto levantarían otras en Guadamur y Fuensalida.


 La residencia urbana de los Ayala ha sido considerada por una gran especialista como «el más bello de los palacios mudéjares toledanos existentes» ; lo hizo levantar Pedro López en torno a 1440, en estilo mudéjar, utilizando como modelos otros palacios toledanos, pero incorporando novedades que expresan el afán de elevarse por encima de los demás oligarcas locales. 

Buena prueba de ello es el hecho de que la decoración en yeso empleó motivos flamígeros que todavía en aquel momento no habían penetrado en Toledo

Resultado de imagen de castillo guadamurLos modelos éticos caballerescos 19 debieron influir poderosamente en Pedro López II a la hora de afrontar la segunda gran obra arquitectónica del linaje: el castillo de Guadamur, al que muy pocas fortalezas toledanas en el siglo xv podían comparársele, tanto por la belleza en la factura como por la vanidad que desprende. 

El colosal edificio se encontraba en obras en 1468 

 La construcción de la tercera gran obra arquitectónica del linaje fue más tardía; el tercer conde de Fuensalida hizo levantar un enorme palacio en la cabeza de su estado señorial, Fuensalida, para lo cual compró en 1497 las casas adyacentes a la que ya poseía en el centro de la población 

 Un palacio urbano, un palacio rural y un castillo constituían el conjunto arquitectónico del linaje Ayala a fines de la Edad Media. 

Estos edificios denotan una posición económica y política singular, pero manifiestan, por encima de todo, una intención de simbolizar su poder, de competir —también en el terreno del arte— con otros grandes linajes toledanos.

https://revistas.ucm.es/index.php/ELEM/article/viewFile/ELEM9595110163A/23342

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