viernes, 14 de febrero de 2014

Las Aldabas de Toledo

Aldaba o aldabón, es esa pieza metálica abatible de varias hechuras que se instalaba en los viejos portalones y servia para llamar golpeando con ella, también conocido como llamador. En la actualidad es un mero elemento de la decoración. A mediados del siglo pasado debido a la evolución tecnológica, comenzaron a sustituirse por timbres eléctricos.

Desde las sociedades primitivas hasta las sofisticadas civilizaciones, el hombre ha sentido la necesidad de protegerse contra el medio hostil que le rodea, utilizando de morada durante milenios las cuevas naturales. La transformación de los humanos haciéndose sedentarios, origino la construcción de casas en el suelo y la exigencia de una puerta para su seguridad, desde entonces esta circunstancia debió de crear la necesidad de llamar, y aunque vendría después, este quizás fuese el requisito del origen del llamador. Uno de los ejemplares más antiguos hallado en la ciudad romana de Pompeya, se compone de una argolla colgada de una cabeza de Mercurio.

Toledo entre sus muchos valores cuenta con un interesante legado de estas herramientas, las encontramos al descubierto, expuestas en las puertas de algunas de las viejas viviendas toledanas del casco viejo donde se exhiben importantes y variados ejemplos de aldabas o aldabones. A tenor de sus representaciones donde están presentes las cabezas de león, figuras de ángeles, dragones y seres fantásticos, podemos pensar que poseen una carga simbólica importante. Cabe destacar en esta heterodoxia las forjadas en hierro (materiales que explicitan valor y fuerza) con forma fálica, significado adscrito con la capacidad fisiológica de la fertilidad en los humanos.

Otra de las peculiaridades que singularizan a estos objetos, es que aún se conserva la creencia de que una herradura colgada en la casa sobre la puerta principal confiere protección. Quizás por esta razón nos podemos explicar el porque algunos modelos de aldabas tienen forma de “U”. Igual que la herradura, las aldabas debían ponerse en las puertas con sus puntas hacia arriba, esta posición evitaba que la suerte se resbalase.

Se componen fundamentalmente de cuatro partes.

1/ La placa, que es una plancha de chapa con distintas formas y un taladro.

2/ El espigón, un espárrago con una anilla en su extremo.

3/ El martillo, que es la pieza que golpea.

4/ El tas, es la parte que recibe el golpe al llamar.


El hierro en el periodo románico adquiere un notable protagonismo en el desarrollo de estos objetos adquiriendo forma de argolla o gruesa anilla. Durante la permanencia del gótico los maestros del pasado en sus herrerías forjaron distintos prototipos de aldabas, muchas de ellas con formas caprichosas y artísticas de animales o seres mitológicos, algunos de estos ejemplares hoy subsisten con otros fabricados en las siguientes centurias. Se crean entonces notabilísimos ejemplos de llamadores fabricados en hierro fundido, adquiriendo un especial relieve los modelos de bronce o latón con figuras dispares. No obstante los ejemplares más repetidos son los de cabeza de león y los de la mano que coge la bola.

En el pasado la aldabas, además de ser piezas inseparables en todos los portillos, marcaban las grandes puertas de entrada de ciertas casas de insignes nobles y palacios representativos de los poderes económico, político y religioso, dada su definida composición artística. Cuanto más peculiar y trabajadas eran sus filigranas, más distinguida era la mansión. Viene a colación el antiguo refrán “a tal casa, tal aldaba”, expresando sin duda esa idea de supremacía que establecía la presencia de este objeto. Asimismo el proverbio “tener buenas aldabas” significaba que la familia contaba con el respaldo de amistades cuya influencia les podían aportar distintos privilegios.

Gracias a la inspiración creadora de los antiguos maestros forjadores entusiastas de su trabajo, uno puede disfrutar de los muchos encantos que tiene el pasear por las calles de Toledo. En este sentido se puede ir descubriendo en los rincones más insospechados modelos de aldabas, las cuales cada vez nos sorprenderán más porque encontraremos ejemplares únicos y verdaderas e interesantes piezas de museo.

Es evidente mi admiración por algunos propietarios que después de haber remodelado, restaurado o construido su casa antigua, han respetado la original puerta de madera recuperando todos sus herrajes y su romántica aldaba, dando así continuidad a la supervivencia del patrimonio histórico. Es también evidente, por lo tanto, mi repulsa hacia las personas enemigas de lo ajeno que no tienen ningún escrúpulo en destruir, romper, arrancar cuanto metal se cruza en su camino, sin importarles el valor histórico de estos elementos donde un día quedo impregnado el sudor de los herreros que, pegados al fuego, forjaron el hierro transformándolo en un adminículo artístico de gran belleza.




Callejon del Vicario

Santo Domingo Real

Calle de la Ciudad














Callejon de Anaya





















































































































Yunque de forjador


Autor: Felix Muñoz Arroyo
Fuente: http://retazosdetoledo.com/aldabas-de-toledo/
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