sábado, 21 de diciembre de 2013

Convento de Santa Clara Toledo


En 1250, cuando aún vivía Clara de Asís, un grupo de chicas se deciden a juntarse para entregar su vida a Dios, bajo la inspiración de Clara, y lo realizan en las afueras de la ciudad toledana, cerca de la ermita de Sta. Susana. 

Pusieron la casa bajo la advocación de ³Sta. María² y, por analogía con la casa de Asís, se le llamó también de ³S. Damián². 

También a las afueras de la ciudad residían ya los franciscanos, en la ermita de La Bastida, quienes desde el comienzo estuvieron en comunión espiritual con las hermanas.

Poco más de un siglo después, por temor a las incursiones de sarracenos, se prohíbe que nadie viva fuera de la muralla. Residían entonces en ³Sta. María y S. Damián² unas 30 religiosas con su abadesa, la M. Sancha Alfonso. 

Gracias a las donaciones de Dña. María Melendez pueden trasladarse al interior de la ciudad, y en 1371 llega al arzobispo de Toledo, D. Enriquez Gómez, la bula papal para proceder a la erección canónica del nuevo convento.

Los primeros siglos de vida de esta comunidad fueron de gran esplendor económico (debido a las numerosas donaciones y al ingreso de las infantas Dña. Inés y Dña. Isabel, entre otros motivos). 

Sin embargo, no fue así en los siglos posteriores: sabemos, por ejemplo, que la abadesa M. Beatriz de Portugal escribió al Cardenal Cisneros pidiéndole ayuda para salvar la situación de tremenda que se vivía en la casa. Pero esta pobreza económica y material, lejos de impedirlas vivir su carisma, les ayudó a unirse a Cristo pobre como damas pobres.

En 1835 llega la orden desamortizadora de Mendizábal, pero al ser más de doce hermanas, no cierran la casa, sino que se les unen las comunidades de San Juan de la Penitencia y San Martín de Valdeiglesias. En el siglo siguiente, la comunidad también resistió la guerra civil (1936), manteniendo la vida contemplativa clariana, no sin grandes sobresaltos y temores, esperando el martirio como les sucedió a muchas de sus hermanas. 

Una bala de cañón abrió un boquete en la pared de la huerta, hecho del que las hermanas sacaron su provecho: así podían pasar al Convento de las Comendadoras o de las Dominicas (o ellas al suyo) sin salir a la calle, en caso de necesidad o para participar en la Eucaristía. En la actualidad sigue viviendo allí un grupo nutrido de hermanas, entregadas al Señor y a sus criaturas con alegría y por amor.

1 comentario:

  1. Pequeña corrección. La primera imagen que ilustra el texto en realidad corresponde al convento de los Carmelitas Descalzos.

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