martes, 10 de junio de 2014

Los Oppida de los Vetones

Los vettones como el resto de culturas de la Península, sufrió cambios en vísperas o a lo largo de la conquista romana, estos cambios se obServan a principios del s. II a. C., y se obServan claramente en la arquitectura y en el trazado de algunos poblados. 


Las murallas que se van construyendo, tienen sillares angulosos y de gran tamaño, la aparición de torres de planta cuadrada, como en La Mesa de Miranda, y aumenta la superficie ocupada de los poblados, como en Las Cogotas o Salamanca, y se fundan otros nuevos, como El Raso. Es ahora cuando se observa que existen jerarquías entre ellos, y los poblados que son más importantes se organizan en barrios, talleres, zonas de santuario, mercados... Estos poblados fortificados de la Segunda Edad del Hierro reciben el nombre de Oppida, palabra que empezó a usar Julio César para los grandes asentamientos de la Galia.

Estos centros, por su tamaño y por sus defensas, se consideran por algunos como los primeros centros urbanos prehistóricos de la Meseta occidental. Por ejemplo, hacia el 300 a.C. Salamanca ya tenía una superficie de 20 ha., es casi seguro que otros poblados alcanzasen su tamaño actual, como Las Cogotas, sus casi 15 ha., o La Mesa sus 19 ha. Por entonces se fundaría El Raso, con la misma superficie que Salamanca. Más tarde, La Mesa de Miranda amplía sus recintos a tres y ocupa 30 ha., llegando a invadir parte de la necrópolis. Esto se ha relacionado con la conquista romana y esos periodos de inseguiridad, ya fueran las expediciones del pretor Postrumio en el 179 a. C., o las correrías de Viriato a mediados del s. II a. C.

Las prospecciones y excavaciones arqueológicas llevadas acabo, han permitido observar que en estos poblados vivió mucha gente, en viviendas, talleres, posibles edificios públicos repartidos por calles, esto es, algo planificados. También se han hallado zonas no construidas, que pudieron servir como lugares para la estabulación del ganado colectivo. La zonación en barrios de viviendas ricas, otros más pobres, viviendas extramuros, talleres, basureros... podría incluso estar hablando de una diferenciación social, que se refleja también en los cementerios. El caso más claro de jerarquización de poblados, podría ser Ulaca, en la provincia de Ávila, considerado un Oppidum, por su santuario rupestre, la sauna, ambos forman un centro sagrado que debió ser el único operativo en la comarca, y la superficie de sus defensas, unas 70 ha., incluso llega a ser uno de los centros urbanos más grandes de la Península en la Segunda Edad del Hierro.


Se podría pensar que fue gracias a al influencia de Roma, por la que la sociedad vettona se fue convirtiendo en una sociedad urbana. Algunos textos dan testimonio histórico de la primera toma de contacto entre los vettones y los romanos, este fue en 193 a. C., en la campaña del pretor Marco Fulvio quien vence y hace huir en el oppidum de Toletum, un ejercito formado por carpetanos, vettones, vacceos y celtíberos. En esos años, llegan objetos romanos, como vajilla para el consumo del vino, aceite, telas... y es posible que los materiales romanos de los yacimientos como Salamanca, Toro, Coca, Las Cogotas, La Mesa de Miranda o El Raso de Candeleda, sean de esta época, y su llegada seguramente supuso una gran impacto de tipo económico, lo cual podría hacer pensar que el desarrollo de los Oppida fue impulsado por esta necesidad de relación con Roma, aunque no se debe pensar que fue Roma la impulsora de este fenómeno, ya que desde el s. VI a. C. hay pruebas del proceso que desembocará en los centros urbanos. 

La producción de hierro, fundición del bronce, fabricación de cerámica, tejidos, talla en piedra, y las producciónes agrícola y ganadera, más el almacenamiento de alimentos a gran escala, además de los ajuares de los cementerios, y de las relaciones comerciales e intercambio de productos a larga distancia, que se han podido comprobar en poblados y necrópolis, permite hablar de una creciente industrialización de los poblados vettones, generaciones antes de la llegada de Roma. 

No se puede negar que la demanda del mundo romano en la Península, aceleró el proceso. Es ahora cuando se generaliza el uso de la cerámica a torno y su producción a gran escala, lo que debía exigir la dedicación de artesanos a tiempo completo sin dedicarse a tareas de subsistencia, como al agricultura o la ganadería. En este momento se observa la paulatina desaparición de la cerámica a mano peinada y la parición de talleres alfareros en los Oppida, como el taller de Las Cogotas (ver sección Poblamientos). 

Y a lo largo de los ss. II y I a. C. se van homogeneizando las producciones en todo el territorio vettón. Y a lo largo de los ss. II y I a. C. se van homogeneizando las producciones en todo el territorio vettón. La cerámica recuperada allí fue hecha a torno, siendo muchos de ellos vasos de borde vuelto en forma de “palo de golf”, en “cabeza de pato”, copas, cuencos botellas, recipientes globulares, embudos. Si están pintados los motivos son bandas, líneas ondiladas, meandros, motivos de cestería y los característicos círculos y semicírculos concéntricos. Parecen q en el transcurso de los s II y I a.C. el material fue homogeneizándose en todo el territorio.

Fue en el año 61 a. C. Cuando Julio César fue nombrado gobernador de la Hispania Ulterior, y con el pretexto de erradicar las rapiñas de vettones y lusitanos, hizo con actuaciones militares entre el Duero y el Tajo que la población abandonase los poblados fortificados y bajar al llano, además de prohibir la construcción de fortalezas. Este hecho modificó notablemente la organización de territorio, pero los Oppidaoptaron por diferentes soluciones; unos siguieron funcionando como pequeños núcleos, llegando incluso a adquirir estatutos municipales con el tiempo. Arqueológicamente, se observa que el abandono de los poblados se debiera más bien a la propia iniciativa indígena, al no haber hallado procesos de choque, como quema de poblados, sino abandonos pacíficos. No parece que esta etnia fuera de las más belicosas y contrarias a Roma, el silencio de las fuentes parecen corroborarlo.

 Quizá se buscasen mejores lugares de acuerdo con los intereses romanos, valorando los recursos agrícolas, mineros, ganaderos, estratégicos (vías de comunicación y ciudades) todo ello controlado por el ejército, que prefiguraría la situación altoimperial. La estrategia ya empezó en el s. II a. C. Pero debió tener mucha más éxito tras la guerras sertorianas 82-72 a. C: , por entonces los núcleos de población como Las Cogotas, La Mesa de Miranda o Ulaca comenzaron a despoblarse, dado que apenas se han encontrado materiales romanos en su inteior. La población debió trasladarse al a la vega, probablemente al lugar que hoy ocupa Ávila, que tiene una aparente semejanza con la ciudad vettona Óbila de Ptolomeo, pero no existen pruebas concluyentes al respecto. No hay pruebas q certifiquen que bajo Ávila existiese un castro de la Segunda edad del Hierro, pero sí se han hallado cerámicas en un solar que podrían atestiguar una población sobre el s. I a. C. Que coincide con la escasez de restos en los Oppida del valle.

Sin embargo en Ciudad Rodrigo y Salamanca se ha podido constatar la relación entre el mundo indígena y el altoimperial romano. Otros castros sobresalen durante el bajo imperio, como son Las Merchanas o Yecla la Vieja, q se relacionan con la explotación minera del territorio. Al sur de Gredos, en El Raso de la Candeleda, se han obtenido denarios y ases republicanos, y se observa abandono hacia la época de César, por su importancia, debió trasladrase su población a Talavera la Vieja, o Augustóbriga o a Talavera de la Reina, Caesarobriga. En el s. A. C. La presencia romana al sur del Tajo no debía estar muy consolidada, pero es a partir de entonces cuando los poblados en el llano empiezan a presentar los mismo materiales que los castros fortificados, que poco a poco ocuparán las tierra agrícolas más productivas. La fundación en el año 34 a. C. de Norba Caesaratina, actual Cáceres, se relaciona con el abandono del yacimiento de Villasviejas y los núcleos cercanos, por estar lejos de las Vías de Comunicación, Norba tiene un buen lugar con respecto a la Vía de la Plata.


Bibliogafía

• Álvarez-Sanchís J. R. (1999): Los Vettones. Real Academia de la Historia. Madrid.

• Álvarez-Sanchís J. R. (2001): Los Vettones en Almgro-Gorbea M; Mariné, M. y Álvarez-Sanchís (Edit.): Celtas y Vettones. Catálogo de la Exposición. Institución Gran Duque de Alba. Ávila.

• Sánchez Moreno, E. (2000):Vetones: Historia de un pueblo prerromano. Ediciones de la U. A. M. Madrid

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