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miércoles, 1 de julio de 2020

Galdós, «Ángel Guerra» y una epidemia de cólera

Durante la epidemia se prohibió a los toledanos el uso de las aguas del río Tajo (Foto Casiano Alguacil, Archivo Municipal de Toledo)

Durante el siglo XIX, unas ochocientas mil personas perecieron en España víctimas de esta pandemia, que llegó también a la ciudad de Toledo donde se tuvieron que tomar medidas de emergencia como prohibir usar el agua del río Tajo

Enrique Sánchez Lubián
TOLEDO 20/05/2020 

Con la publicación de «Ángel Guerra» (1890), Galdós iniciaba un nuevo ciclo en su producción literaria: las novelas espiritualistas. En ellas, se centraba en el mundo interior de sus personajes, profundizando en valores como la caridad y en los contrastes morales de los mismos. 

En este periodo se encuadran títulos como «Tristana», «Nazarín», «Halma», «Misericordia», «El abuelo» o «La loca de la casa». Amén de dar comienzo a esta etapa, en «Ángel Guerra» don Benito reflejó su pasión por Toledo.

 La obra apareció en tres volúmenes, estando los dos segundos ambientados en la hoy capital de Castilla-La Mancha.La epidemia impidió a Galdós pasar en Toledo una temporada para documentar la segunda parte de “Ángel Guerra”. (Foto, Kaulak)

Galdós concluyó la primera parte de «Ángel Guerra» en abril de 1890. Publicada la obra, en las páginas de «El Liberal» se decía que don Benito se encontraba ya «encenegado» en su continuación y que para todo lo concerniente a la mejor ambientación de la misma, se trasladaría en breve a Toledo, sin embargo una epidemia de cólera se lo impidió, por la que el escritor canario no pudo trabajar sus páginas con la precisión que le hubiera gustado.

Durante el siglo XIX, unas ochocientas mil personas perecieron en España víctimas del cólera. Algunas de las pandemias más graves se sufrieron durante la década de los años ochenta, destacando las habidas en los años 1884 y 1885 y 1890.





 Los primeros casos de esta última se registraron en la localidad valenciana de Puebla de Rugat durante el mes de mayo, transmitiéndose a las provincias levantinas y otras del interior, entre ellas Toledo.

Como medidas preventivas, se procedió a fumigar cuantas mercancías ingresaban en la ciudad, se desinfectaron las letrinas, se recomendó rigor en la alimentación no tomando frutas ni verduras, se prohibió el uso de las aguas del Tajo –las cuales una vez reconocidas resultaron no tener bacilos nocivos-, se hicieron hogueras fumigatorias, se aisló a los atacados por la dolencia, se extremaron los controles en el matadero y se aplicaron cuantos conocimientos médicos se tenían en aquellos momentos para atajar el mal. 

Aunque las aguas del río dejaron de utilizarse para consumo, algunos facultativos recurrieron a ellas para recomendar baños a fin de atenuar la «acción enervadora» del cólera. 

También se permitía el lavado de ropas junto a la turbina elevadora, aguas abajo del puente de Alcántara.

Entre mayo y noviembre de 1890, la ciudad de Toledo sufrió una epidemia de cólera en la que fallecieron más de ciento sesenta personas. 

Vista de la plaza de la Magdalena (Foto Casiano Alguacil, Archivo Municipal de Toledo)

A efectos de que ningún toledano afectado por el mal quedase sin atención médica, el alcalde Julio González Pérez, dictó un bando estableciendo un turno permanente en los servicios de la Beneficencia Municipal, «al objeto de que tan luego como sea demandado el socorro pueda otorgarse sin dilaciones de género alguno, que tal vez hicieran extemporánea o tardía la acción inteligente y celosa de los encargados, por deber profesional, de acudir en remedio de la humanidad doliente». 

Para ello, comunicaba a todos los vecinos de la capital, sin distinción de clase ni condiciones, que a cualquier hora del día o de la noche acudieran a las Casas Consistoriales para solicitar la asistencia facultativa que precisasen.

En su texto, también juzgaba ocioso encarecer la observancia de cuantos preceptos higiénicos se habían prescrito. 

«Los toledanos –indicaba- […] no querrán rechazar bajo pretextos siempre injustificados, los medios –que unos tienen a su alcance y con que a otros se brinda- para atajar los efectos de la dolencia; con lo que conseguiremos todos no lleguen a ser tantos ni tales, que siembren entre nosotros la más grande consternación».

Entre mayo y noviembre de 1890, la ciudad de Toledo sufrió una epidemia de cólera en la que fallecieron más de ciento sesenta personas. Vista de la plaza de la Magdalena (Foto Casiano Alguacil, Archivo Municipal de Toledo

Entre las medidas extraordinarias adoptadas, se acordó reservar un espacio en el nuevo cementerio municipal para dar sepultura a las víctimas del cólera, se habilitaron salas en el Hospital de San Lázaro para acoger a los infectados y se creó una comisión municipal para estudiar las indemnizaciones a aquellas personas cuyas ropas y enseres hubieran de ser quemados por la epidemia.

 Le feria de agosto fue suspendida, si bien en la festividad de la Virgen del Sagrario el Ayuntamiento entregó quinientos bonos de alimentos entre las familias más necesitadas y en la víspera se iluminó la fachada de las Casas Consistoriales.

El final del verano alivió bastante la situación en la ciudad, relajándose algunas de las medidas adoptadas. Pese a ello, a mediados de septiembre, el regidor municipal, en un nuevo bando, pedía a todos decisión y constancia en combatir sin tregua ni descanso los embates de la dolencia, así como «fe ciega en las clemencias celestiales, confianza omnímoda en las autoridades todas y en quienes, por deber profesional, se hallan al cuidado de nuestra salud, y así conseguiremos vernos libres muy en breve de la presencia del mortífero huésped».

Desde los primeros días de octubre, en la ciudad de Toledo dejaron de registrarse defunciones por el cólera.

 Hasta entonces su balance, según los datos publicados en «La Gaceta de Madrid», eran terribles: 295 contagiados y 162 fallecidos. 

En la provincia estuvieron afectados municipios como Argés, Ventas con Peña Aguilera, Bargas, Polán o La Puebla de Montalbán. Villamiel fue la localidad donde se registraron los últimos casos.

Julio González Pérez, alcalde de la ciudad de Toledo durante los meses que duró la epidemia

Una vez cumplidas cuatro semanas sin incidencias, se consideró que la capital estaba «limpia». Exponente de tal normalidad fue la inauguración el 2 de noviembre del nuevo curso en la Academia General Militar, extremándose las medidas de seguridad sanitaria e higiénica de cuantos alumnos se incorporaban: desinfección a su llegada a las dependencias del Alcázar, fumigación de equipajes, riguroso aseo, rígido control en los alimentos o teniendo preparadas estancias para posibles aislamientos.

A finales de noviembre dejaron de registrarse casos en toda España. A la vista de ello, el gobierno, presidido por Francisco Silvela, aprobó una real orden en la que se daban las gracias a cuantos sanitarios, Hermanitas de la Caridad y autoridades habían contribuido, con su actividad y abnegación, a contener los efectos de la epidemia.

 Semanas después, en su caserón santanderino, «San Quintín», Pérez Galdós ponía punto final a la segunda entrega de «Ángel Guerra». Aunque su lectura es imprescindible para conocer el ambiente e idiosincrasia de la ciudad y de los toledanos de aquel tiempo, don Benito no se mostró plenamente contento con su trabajo.




Apenas concluida la redacción de esta segunda parte, con fecha 9 de enero de 1891, Galdós remitió una carta a su amigo el archivero Francisco Navarro Ledesma, quien por entonces residía en Toledo, dándole detalles de su terminación: «El segundo tomo de esta obrilla –le confesaba- es el toledano y no tiene usted idea de las fatigas que he pasado aquí para concluirlo, ausente de la localidad, pues con el cólera, y la pereza mía, renuncié al plan de irme a pasar una temporada en la ciudad imperial. 

Dicho segundo tomo saldrá a mitad de febrero, y en él verá usted que si en todo lo referente a topografía y a lo externo y visible de la ciudad he salido regularmente del compromiso (por conocer bastante las calles y monumentos) hay algo que no he podido apropiarme. De memoria y por sentimiento he hecho escenas y tipos que habrían quedado mejor sorprendidos en la realidad. Pero ya no tiene remedio».

Tras esa autocrítica, Galdós, con la intención de «enmendar algunas cosas» apelaba a los extensos conocimientos de la vida toledana que poseía Navarro Ledesma para trasladarle «varias preguntillas», referidas a aspectos como la descripción del traje bargueño de mujer y de hombre, el patronímico de los habitantes de la Sagra, categoría -¿posada o mesón?- y servicios que ofrecía la fonda de Remenditos junto a Santo Tomé, si el Cristo de las Aguas era cristo muerto o de agonía, qué tiempo se tardaba en recorrer a pie la distancia entre el Puente de San Martín y el cigarral más próximo, o la descripción pormenorizada de un cigarral.

En apenas unos días, Navarro Ledesma contestó con profusión a estas peticiones, interés agradecido por Galdós, manifestándole, con fecha 8 de febrero, que los datos toledanos «me han sido de grandísima utilidad». 

También le comunicaba que en breve marcharía desde Santander a Toledo, pidiéndole discreción sobre esa visita «pues temo mucho en Toledo me rodee el “elemento” literario (dudo que tal elemento exista, y existirá sin duda) porque si tal plaga cae sobre mí, me veré imposibilitado de trabajar, y de ver las cosas como a mí me gusta verlas, “enteramente solo”, o acompañado de una sola persona, que comprenda este oficio».

Es posible que esta nueva estancia de Galdós en Toledo coincidiese con la celebración del carnaval, pues en las primeras páginas de la tercera parte de «Ángel Guerra» el protagonista se encuentra a la salida de la Catedral con «dos figuras grotescas, mamarrachos envueltos en colchas, el uno con careta de negro bozal, el otro representando la faz de un horroroso mico» y más allá, en la entrada de la calle de San Marcos, «un tío muy sucio cubierto con una estera vieja, la cara y las manos pintadas de hollín, el cual llevaba una especie de caña de pescar, con cuerda, de la cual pendía un higo».

 Ese segundo lugar se localiza a escasos metros de la pensión de las hermanas Figueroa, en la calle de Santa Isabel, donde Galdós se alojaba durante sus estancias toledanas en aquellos años.

A principios de marzo, en las páginas de «El Liberal» se informaba de que don Benito, estaba corrigiendo ya las pruebas de la segunda parte de «Ángel Guerra» y trabajaba en la tercera, dedicándole a su escritura dos horas diarias. 

Y tres meses después, en ese mismo diario madrileño, se indicaba que el jueves 12 de junio sería puesta a la venta la tercera parte de «Ángel Guerra», en la que Galdós reflejó cuantas anotaciones y detalles le había transmitido Navarro Ledesma meses antes.

Pasados unos años, el propio Navarro alabó este novela de su amigo Pérez Galdós, diciendo que en la misma «hay cien veces más Toledo que cuanto escribieron Amador, Quadrado, Bécquer, Latour, Gautier, Amicis, Barrés, etc. etc.»

Sobre el desarrollo de estas epidemias de cólera en la ciudad de Toledo, el doctor Juan Moraleda y Esteban, por entonces médico titular de la cárcel y de la Sociedad Cooperativa de Obreros, publicó en 1891 un opúsculo relatando pormenores de las infecciones y de cómo, en la última de ellas, su propia familia se vio afectada, atribuyéndose el contagio a la ingesta de unas brevas.



martes, 30 de junio de 2020

¿Apareció el Brasero de la Vega de Toledo?


¿Aparece el Brasero de la Vega?

El hallazgo de indicios de este antiguo cadalso, demolido en 1820, se encontró producido en el solar entre las avenidas de los Canónigos y de Carlos III, donde acaban de ser excavadas decenas de sepulturas

El Brasero de la Vega fue demolido el 9 de julio de 1820, durante el Trienio Liberal.

 Con la venta de los materiales tras su derribo se sufragó el primer homenaje que los toledanos rindieron al comunero Juan de Padilla.


Escapada a Colombres, Asturias: Tierra de Indianos

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Colombres, un recorrido por las raíces indianas de Asturias

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Un pueblo a caballo entre el mar y la montaña asturiana. Vamos a descubrir los imprescindibles que ver en Colombres. Una localidad del interior de Asturias repleta de arquitectura indiana y hermosos rincones.

Son muchos los que tuvieron que partir allende lo mares. Los colombrinos lo saben bien. Se despidieron de sus familias para poner rumbo a las Américas, a lo desconocido. Pero lo desconocido se tornó en riquezas a su regreso. 

Como llegar 


         

En autobús, La empresa de transportes Alsa es la que presta este servicio. Para información actualizada de rutas, horarios y precio de billetes consulte su página web: www.alsa.es

Apartamento en Ribadedeva, alquiler vacaciones Asturias ...En ferrocarril, FEVE mantiene Ribadesella comunicada por ferrocarril de vía estrecha a través de la línea Oviedo-Santander. 

Para información actualizada de horarios y precio de billetes consulte su página web: www.feve.es

En avión, El Aeropuerto de Asturias se encuentra situado en Ranón a una distancia aproximada de 130 Km. 

Las compañías aéreas que operan desde Asturias son: Iberia, Easyjet, Air Europa, Vueling 

El aeropuerto de Santander, a unos 120 kms aproximadamente, es el segundo aeropuerto más cercano a nuestro Municipio, seguido por Bilbao a unos 166 kms. aproximadamente


para saber mas:



lunes, 29 de junio de 2020

El Regalo del Príncipe Alberto

Blog | AYUDAS A LA REHABILITACIÓN_The Royal Collection es una extensa colección de obras de arte, objetos decorativos, fotografías y archivos documentales pertenecientes a la Corona Británica. 

Es una de las colecciones de arte más grandes e importantes del mundo, y una de las últimas grandes colecciones reales europeas que permanece intacta. 

Comprende casi todos los aspectos de las bellas artes y las artes decorativas y abarca más de un millón de objetos. Esta colección se despliega por las diversas residencias reales del país, tanto en salas abiertas al público como decorando las estancias privadas que habita la Familia Real.

La página web de la Colección Real es magnífica y se pueden perder horas revisando el amplio conjunto de tesoros que guarda. Y entre esos tesoros se encuentra Toledo 

Además de varias fotografías de Toledo de Charles Cliford, que ya conocía gracias al blog «Toledo Olvidado», pude encontrar un bellísimo cuadro, pintado por el pintor escocés David Roberts, en el que se retrata el Puente de Alcántara sobre el río Tajo. Una pintura romántica que conjuga con maestría paisaje y monumento, arquitectura y naturaleza, imagen real y fantástica.





Merece la pena recrearse un rato mirando los detalles de este lienzo. Luz dorada de atardecer, grandiosidad, misterio, ensoñación, … Los personajes, ataviados con trajes típicos al pie de la escena, nos ayudan a recuperar una imagen más cercana a la realidad, despertar de un sueño. 

Ellos se asoman con nosotros a contemplar como la lámina de agua se desliza perezosa río abajo. Al pie del agua, otros personajes más lejanos ayudan a crear profundidad en la imagen … les animo a mirar despacio cada detalle.

Este cuadro, encargo de la reina a David Roberts, fue regalado por la Reina Victoria, curiosamente en el día de su propio cumpleaños, 24 de mayo de 1841, al príncipe consorte Alberto.

 La reina Victoria quedó muy impresionada por las pinturas de Roberts en la exposición de la Royal Academy en 1840 y, como consecuencia de ello, posteriormente, encargó esta pintura de Toledo. Roberts había visitado España en 1832 pero nunca fue a Toledo.

 Los bocetos y la información para la elaboración del cuadro habían sido recogidos por Edmund Head, más tarde gobernador de Canadá, que había estado en España con el artista. Este cuadro es una prueba tangible de la importancia de nuestra ciudad en el mundo, de la impronta que ha dejado en el alma de artistas y personajes de talla mundial.

En el catálogo de la Royal Collection no se indica la ubicación del cuadro, está en alguna de las Casas Reales: Buckingham Palace, el Castillo de Windsor, el Palacio de Holyroodhouse, … pero no se especifica ningún dato en concreto. Sin duda, este extraordinario cuadro de Toledo, aportará calidez a algún rincón de esos bellos, aunque «fríos», palacios.

Una vista de Toledo y el río Tajo (1841) David Roberts. Óleo sobre panel 25 x 36 cm. The Royal Collection

Jose María Gutiérrez Arias. Consorcio de Toledo

domingo, 28 de junio de 2020

En Ruta por los Jardines con Encanto de Madrid (y II)

Parque El Capricho de la Alameda de Osuna | Turismo Madrid

Jardín el Capricho, Madrid


Parque del capricho • Un buen día en Madrid

Jadrín del Museo de Sorolla
Jardín del Museo Sorolla, Madrid

Continuamos nuestro recorrido por los Jardines con encanto de Madrid, en esta segunda parteY este es el croquis de la II Parte de nuestra Ruta

         

Son lugares con encanto que merece la pena descubrir en cualquier época del año pero sin duda la primavera y el verano los hacen más atractivos. El colorido de sus flores y el fresquito que se respira bajo sus árboles animan a pasar un rato de relax paseando o leyendo un libro sentado en alguno de sus bancos.

para saber mas:


sábado, 27 de junio de 2020

La Fiesta de la Candelaria en Las Navillas, Toledo

LA FIESTA DE LA CANDELARIA EN LAS NAVILLAS (TOLEDO)


La pedanía de Las Navillas, perteneciente al pueblo toledano de Menasalbas, es un coqueto lugar situado en un enclave privilegiado de los Montes de Toledo. 





Allí se celebran a principios de febrero las fiestas de la Candelaria en honor a la Virgen del Consuelo desde tiempo inmemorial, y cada año se da continuidad a una serie de ritos que las convierten en especiales. 


Los quintos son los máximos protagonistas de esta celebración que aúna ritos de paso y de fertilidad. La tarde del dos de febrero los naveros salen a las inmediaciones del pueblo para cortar la leña de encina que se quemará por la noche en la tradicional luminaria. 

Sobre un antiguo carro de madera van colocando las ramas hasta prácticamente cubrirlo todo. 

Cuando está toda la leña cargada, se coloca una gran rama en la parte más alta y en ella los quintos pinchan las naranjas que, cuando entren en el pueblo, serán lanzadas. 

Esta fiesta cuenta con una peculiaridad que la convierte en única; los quintos llevan llamativos sombreros que se decoran con postales, fotos antiguas, estampas... 

Antiguamente, cuando aún existía el servicio militar, eran las madres y las novias las encargadas de confeccionarlos a modo de obsequio para que los quintos los lucieran en la fiesta. 

También llevan al cuello los tradicionales pañuelos bordados que reciben como regalo para ese día tan importante. 

Cuando el carro está cargado de leña y las naranjas dispuestas, se inicia la marcha hacia el pueblo donde esperan los naveros y visitantes. 

Los quintos van cantando las tradicionales coplillas que hablan del servicio militar y de la propia tradición, algunas en tono picaresco:

"Candelaria, Candelaria, 
Candelaria puñetera, 
que tú has tenido la culpa 
de que yo soldado sea". 

"Cantad quintillos, cantad
cantad y no tengáis pena,
que donde os van a llevar
también hay buenas morenas".

"A las puertas de Toledo
salieron las toledanas,
ya vienen los quintos nuevos,
vamos a hacerles la cama".


A la entrada del pueblo los quintos comienzan el "Lanzamiento de las naranjas", un acto que muy probablemente hunda sus raíces en un rito pagano relacionado con la fertilidad. 




Por un lado, el hecho de lanzar las naranjas a las mujeres podría representar un acto propiciatorio de fecundidad como ya hemos visto en otras fiestas de invierno; por otro, podría hacer referencia a la fertilidad de la tierra, a la llamada al despertar de la naturaleza, aletargada por los rigores del frío invierno. 


La naranja es un fruto cargado de simbolismo; su color y su forma esférica hacen que se la relacione con el Sol, el astro que dora las cosechas, que hace brotar la vida en árboles y plantas... Los presentes se afanan en coger estas naranjas para consumirlas. 

Tras recorrer las calles del pueblo, se lleva el carro hasta las inmediaciones de la iglesia, donde tiene lugar otro de los momentos más esperados de la fiesta. 

Los quintos llevan a cabo el tradicional "Vuelco del carro" para depositar la leña con la que por la noche se encenderá la tradicional luminaria. Con las cuerdas que sujetaban las ramas de encina, los quintos corren tras los presentes intentado atarlos. 

























Cuando la noche cae sobre este precioso enclave en el corazón de los Montes de Toledo, los naveros se congregan en torno al fuego para poner así punto y final a sus tradicionales fiestas.

*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor del blog.















Detalle de las fotos y postales que componen los tradicionales gorros

El tradicional gorro de los quintos


Los quintos cargan la leña en el carro

El carro junto a la iglesia a la espera de ser volcado

Los quintos pinchan las naranjas en las ramas

Un quinto de Las Navillas




Misterio en torno a una monumental Esfinge Egipcia descubierta en los Desiertos de Israel

Misterio en torno a una monumental esfinge egipcia descubierta en ...Las esfinges son una de las criaturas más distintas del antiguo Egipto, en buena medida por la impresionante edificación de una de ellas ya indisociable del paisaje de Giza.

Quizá por esto un hallazgo reciente ha planteado un enigma al parecer de difícil resolución para la arqueología especializada.

Se trata de las patas de una esfinge esculpidas en piedra, con una antigüedad aproximada de 4 mil años, que se encontraron en Tel Hazor, al norte de Israel. Antes en esta zona se han desenterrado otros vestigios de culturas antiguas, pero nunca algo tan decididamente egipcio.

Asimismo, junto con estas extremidades se localizó una inscripción en jeroglíficos con el nombre del faraón Micerino (o Menkaura), quien gobernó Egipto entre los años 2514 y 2486 antes de nuestra era.





De acuerdo con Amnon Ben-Tor, director de la excavación y profesor de al Universidad Hebrea, la importancia de este descubrimiento radica, de inicio, en que esta esfinge es la única conocida que está dedicada a Micerino e incluso, dice, “es la única pieza monumental de la escultura egipcia encontrada en un lugar del Levante”. 

Según el investigador, la esfinge completa debió medir un metro de altura y pesar media tonelada.

En cuanto al hecho de que hasta solo se han encontrado las patas de la escultura, esto parece deberse a que cuando estas ciudades fueron derrotadas por alguna conquista, usualmente estatuas como esta eran destruidas, casi siempre quebrando sus cabezas y sus manos.

Las excavaciones continuarán, esperando localizar los demás restos dela esfinge pero, sobre todo, resolver el misterio de cómo llegó esta al territorio israelí.

[CNN]

viernes, 26 de junio de 2020

El Jardín del Claustro de la Catedral de Toledo en el Siglo XVI ( y II)

La Catedral de Toledo podría acoger afectados por el COVID-19 ...
Poco a poco se completaba el adorno del jardín. Así, el 10 de marzo de 1582, se pagaba a Josep de la Oliva "a buena cuenta In que oviere de aver por los vasos de barro pintados que se han de hacer para el jardín de dicha iglesia" ".

Al tiempo que se construían albercas para regar el plantío, ya que cinco días después se pagará a Joan Díaz, "por la tierra y piedra que a de traer para hacer las albercas del jardín del claustro".

Se continúan las obras el 18 de abril, fecha en que se le abonan dos mil y setecientos y noventa y un mrvs. "con los quales y con cinco mil y cien mrs. que tiene recibidos quedo acabado de pagar las piedras y tierra que trajo para hacer las albercas del jardín del claustro" "'.

Para distribuir el agua por el claustro se comprarán, "Al licenciado San Pedro", doce llaves de bronce, a tres ducados cada una, el 9 de mayo".

Las albercas están hoy muy por debajo del nivel del suelo del jardín, con un recrecimiento en piedra sillar posterior que nos puede hacer pensar en un nivel de suelo original muy por debajo del piso del claustro bajo, y, mediante andenes situados por encima de los cuadros de plantío, permitía el acceso al crucero central donde se situaba la fuente, posición más acorde con la tradición hispano-musulmana, que en ningún caso  permitía el jardín realzado con respecto al paseo en el claustro bajo .





Es ahora cuando se adquieren los naranjos que constituirán la parte esencial del jardín. El día 20 de abril se compran al monasterio de San Juan de la Penitencia de Toledo, por 7500 mrvs., "tres naranjos grandes que dio para el jardín del claustro".

Probablemente, se trazarían ahora los andenes, ya que el 20 de mayo se pagan a Juan Díaz, 1.398 mrvs. "por ciento sesenta y cuatro cargas de piedra que trajo para el jardín del claustro a quartillo cada carga", y seis días después a Juan Izquierdo, 3.560 mrvs. "por las cargas de piedra y arena que trajo para el jardín del claustro y basura que llevo como se declara en el memorial".

File:Claustro catedral toledo.jpg - Wikimedia CommonsFinalmente, el 15 de mayo se pagan "veynte y un mil y ciento y treinta y un mrvs. por otros tantos que pago de la compra de las murtas y naranjos que se trajeron de valencia con su tierra". Una vez plantados, se completó el relleno de los cuadros.

El 6 de septiembre se le daban a Juan Izquierdo 3.400 mrvs. "a buena cuenta de la arena que a de traer para el jardín del claustro para poner las calles".

Todavía, el último día del año, se pagarán 1.338 ms. "por otros tantos que pago por seis naranjos grandes para el jardín del claustro", sin especificar el origen de los mismos.

 Para el año siguiente siguieron realizándose plantíos, El 17 de febrero de 1583 se dan a Juan Berrocoso, vecino de Jarandilla, cinco mil y ciento maravedis "a quenta de cien ducados que a de aver por las posturas que a de traer para el jardín del claustro de esta Santa Iglesia conforme a escritura que tiene hecha" "~'o A la vez se completa el jardín con la construcción de una fuente central.

El 28 de mayo de 1583 se realiza el pago a Juan Pérez, solador, de 1.700 mrvs., "que se libraron a buena quenta de lo que a de dever por chapar de azulexos la fuente del jardín del claustro".

Un mes después, el 15 de junio se le vuelve a librar 3.400 mrvs., para continuar dicha tarea, y el 22 de julio un último pago de 8.900 mrs. "que tiene recibidos queda acabado de pagar de 14.000 mrs. que han de aver por el asiento y chapado de los ladrillos y azulejos de la fuente del jardín del claustro como se declara en memorial y tasación que se libra" "'.

Seis días después se comprará a Rodrigo de la Fuente, clérigo, un "naranjo grande" por 2.244 mrvs., y el 18 de agosto a Martín Ochoa de Cárate, de Albarca de Fresneda, capellán de Reyes Nuevos, 28.494 mrs. "por aver por treinta naranjos que se sacaron de su almoneda de dicha Fresneda para el jardín del claustro en fin de octubre de 1581 por dichos maravedis".

Un gasto que se realizaría durante todo el siglo para mantener el riego del jardín sería el coste de compra, cuidado y manutención de cuatro mulos, animales que subirían el agua desde el Tajo a las albercas.

El 12 de enero de 1582 se libraría a Gaspar de Fuensalida la suma de 42.675 mrvs. "por los quatro machos que se compraron para hechar agua al jardín del claustro y todos los recaudos y aparejos necesarios para ellos, como se aclara en un memoria!"'''.

Para el cobijo de las bestias se alquilaría a Gaspar López, vecino de Toledo, una "cavalleric;a y aposento donde está la cevada y paxa para los quatro machos q. sirven de hechar agua en el jardín del claustro de esta Santa Iglesia" n.

A eso se añadían otros gastos de mantenimiento, como el que registra la data de 20 de marzo de 1585, en que se dio cédula "que diesen a Rodrigo de Sea se le libran por otros tantos que pareció aver gastado en las cosas necesarias para los quatro machos de la yglesia desde seis de octubre de quinientas y ochenta y quatro hasta veynte de marzo deste presente año asi en paja como en herraduras medianas, sogas y reatas y otras cosas como se declara en la memorial que está con la libranza"".

Pagos que se repetirían un año tras otro en parecidas condiciones a Lucas de Parraga y a Gaspar de Fuensalida, por avituallamiento de cebada; Bartolomé Femández y a Juan Fernández, por la paja; a Pedro Bravo, herrador" y a Francisco Sánchez, alabardero, cuyos servicios se requeririan dos veces al año. 

La reposición de animales era continua. Así, el 22 de julio de 1585 se hizo con una caballería, comprado a Luis Sánchez de Robledo, vecino de Toledo, por 19.448 mrvs., "un macho negro de cuatro años que dio con sus aparejos para el servicio del el jardín del claustro por cinquenta y un ducados y un ducado para el corredor q. montan dichos mrvs".

Otro macho, esta vez "castaño, mediano, de seis años", se compró el catorce de octubre de 1593 a Alonso de la Cámara, panadero, vecino de Magán, por 400 rs. "para el servicio del jardín de esta Santa Iglesia ". También castaño, de cinco años, era el que se compró el 4 de enero del siguiente año a Pedro Bermexo, de la misma localidad, por cuarenta ducados".

Ese mismo año, el 7 de octubre se compraría a loan Brusol, por dos ducados y medio, cinco docenas de cascabeles "para los machuelos a medio ducado la docena" ". Los animales subirían agua del Tajo para verterlas en las albercas del jardín, tal como lo constata el pago realizado, el 17 de mayo de 1586, a Pedro Xaramillo, de 4.496 mrvs., "por 562 caminos de agua que se han hechado en las albercas del jardín del claustro" ".

Hay que señalar que hay años, como ocurre en 1596, en que se realizan varios pagos (9 abril -10.243 mrvs.-, 18 junio -2.440 rnrvs.-, 29 de julio -4-418 rnrvs.-, 13 de agosto -3.916 mrvs.-), "por otros tantos que ha pagado de agua q. se ha hechado en el jardín como se declara en un memorial" 2", no sabemos si por gastos derivados de conducir a los animales o por el acarreo del líquido elemento por necesidades extraordinarias, o por ambas acciones a la vez.

En 1600 se le vuelven a realizar pagos, el 20 de mayo 3.041 mrvs., el 5 de junio 3959 mrvs., el 6 de julio 7.813 mrvs., y el 2 de septiembre 7.953 mrvs. Un apunte de gasto de cevada, fechado en el día postrero del año, y realizado a Gaspar de Fuensalida, nos informa de la muerte del azacán ".

El plantel de naranjos debía ser renovado continuamente, y las compras, como vemos, se realizan tanto a personas cercanas a la catedral y a la clerecía, como a la nobleza y a la burguesía local.

El 14 de diciembre de 1584 se comprarían 29 naranjos a Francisco de Huerta, capellán mayor de Santo Domingo el Antiguo por 40.800 mrvs., "los doze grandes con un limo de fruto llevar y los demás medianos y pequeños y no todos se midieron y tasaron a los dichos maravedis". El 20 de diciembre de ese mismo año serían 3 naranjos al clérigo cura de Santo Bartolomé de Sonsoles, que percibiría 3.400 mrvs.

Todavía once días después, se comprarán "tres naranjos y un limo grandes" a Gaspar López, por 6.000 rurvs". En 4 de abril del año siguiente serían 7 naranjos, por los que se pagaron al "señor canónigo Gaspar Yanez doce mil maravedis.

El 6 de julio a Diego Camargo, clérigo, se compraron 2 naranjos por 1.700 mrvs, mientras que el 3 de octubre a Gutierre García 1.120 mrvs. por un naranjo.

Debemos esperar cuatro años, hasta el 28 de junio de 1589, para ver la compra, a "doña María de los Ríos, muger del Licenciado Venegas", de 5 naranjos grandes"', otros tantos, para comprar, el 6 de diciembre de 1593, a Pedro de Burgos, ochenta y cinco ducados por nada !llenos que diez y siete naranjos para el jardín, a razón de cinco ducados cada uno J>.

A comienzos de junio del siguiente año se hizo necesario comprar otros 3 naranjos, a Martín de Alderete, "Dignidad y Canónigo de esta Santa Iglesia", a razón de 1600 rs., junto con un limón y laurel, a razón de cien reales cada naranjo "y el limo y laurel a ciento y cincuenta rs. cada uno" ". Es interesante constatar el uso de nuevas especies y técnicas en lajardinería, como es la de plantar estacas de granados para instalarlas como "respaldares de los quadros", es decir, para guiar los setos bajos.

El II febrero de 1586 se comprará a Pedro Rodríguez Nieto, vecino de Mesegar, por 2.784 mrvs., "232 estacas de granados que truxo para el jardín de esta Santa Iglesia para los respaldares de los quadros a doce maravedis cada una";;. Interesante es, por la forma en que se adquieren, doscientas murtas que se trajeron desde Valencia.

El 21 de marzo de 1588 se pagaron a Juan Sánchez, peón, 9.038 mrvs. "que a de aver en esta manera los cinco mil y sesenta mrs. que son catorce libras -cinco sueldos y tres dineros moneda de Valencia que gastó en valencia en la compra de doscientos murgones de murta para el jardín de esta Santa Iglesia y a derechos para traerlos como particularmente esta declarado en un memorial que está con libranza de 3.978 mrvs. por treinta y tres días que se a ocupado en yda, estada y buelta, de dicha ciudad de Valencia contándole 18 días de camino a cuatro reales y quince de estanzia a tres reales cada uno".

Por su parte, los arrieros, también recibían su pago, en este caso, 19.904 mrvs JO. Hemos de esperar hasta 1590, para ver como se completa el sistema de riego del jardín.

El 6 de junio de dicho año se libra a Juan de Vera, alfarero, 2.208 mrs. "por ochenta caños y seis codillos para el jardín a 24 mrs. el caño y a 48 el codillo", y no serían suficientes, ya que doce días después se le pagarían otros 2.808 mrvs., por ochenta caños y seis codillos".

Seis años debió de aguantar el sistema de riego, ya que en 1596 se vuelven a encargar al alfarero caños por valor de 1.054 mrvs Jó. No sólo se recurría al alfarero para configurar los sistemas de riego, también se le compraban, como ya hemos constatado, macetas ornamentales.

Así, el II de septiembre de 1593 se comprarían a Sebastián de Morales, por 215 rs., 23 tiestos, "los veinte grandes a diez reales y los otros a seis reales y medio para el jardín del claustro" n. El 8 de agosto de 1600 se volvieron a comprar, esta vez a Sebastián de Morales, por 52 rs., "por cuatro tiestos grandes y cuatro medianos para el jardín" 3".

Un apunte realizado el tres de junio de 1600 sabemos que se libro a Diego de Lamar, clérigo, sesenta y siete reales "por dos tiestos grandes de flor de retama para el jardín" ", tipo de macetas que eran las más apreciadas por su calidad y prestancia. Otros utensilios se harían necesarios para el riego del jardín. El 20 de noviembre de 1582 se adquiriría, a Lucas Ruiz de Ribera, "contador mayor de su señora IIma", cuatro cántaros de cobre, por 6.800 mrvs., "para hechar el agua al jardín del claustro".

No serían suficientes, ya que el 6 de abril de 1585 se comprarían otros ocho cántaros a Alonso Hernández, calderero, por 10.544,50 mrvs. "con los quales y con tres mil y setecientos y noventa y nueve maravedis que recibió en ocho cántaros viejos de cobre que pesaron setenta y quatro libras y media a real y medio la libra queda acabado de pagar ocho cántaros nuevos de cobre que dio para el servicio de jardín del claustro pesaron noventa y cinco libras y media a quartro cals y quartillo la libra y mas de seis reales estañar los dichos cántaros".

El 27 de noviembre, al mismo calderero, se le dieron 1.390 mrvs. "por un cántaro nuevo, quedó para el servicio del jardín y reparo de quatro cántaros descontado uno viejo que se le entregó". Nuevos cántaros se hicieron necesarios en 1593.

El 20 de abril se compraron cuatro cántaros de cobre a Juan de Buyos, al que se pagaron "setenta y cinco reales y doze mrvs. para acabar de pagar los cuatro cántaros de cobre que se compraron que montaron ciento setenta y nueve reales y doce rnrs. a tres reales y medio la libra que pesaron cincuenta y una libra y cuatro onzas para en cuenta de los cuales se les dieron cuatro cántaros de cobre viejos q. se taxaron"40,

Conocemos ahora el nombre de un jardinero, Luis Martín, al que se le tienen que pagar durante unos años 2.000 mrv·s. al año "para ayudar a pagar la cassa en que vive por que no se le da casa como a los demás jardineros"", por lo que inferimos que el encargado de cuidar el jardín claustral tenía derecho a casa en las claverías.

Por un pago realizado para idéntico fin. el 7 de junio de 1600, sabemos de la sustitución de éste jardinero por Pascual de Yepes ". Para el mantenimiento del jardín, el gasto suele rondar anualmente -sin que haya gastos extraordinarios- de 70.000 a 80.000 mrvs ".

Probablemente, el jardín que ahora observamos es relativamente reciente'", aunque Reyes Prósper sitúa -sabemos que erróneamente- en el siglo XV el origen de varios de los árboles que él anotó a comienzos de siglo XX": el ciprés (Cupressusfastigiata), el laurel (Laurus nohilis), los mirtos (Myrtus communis); al siglo XVI adjudicaba un algarrobo (Cerutonia siliqua) arrancado a finales del XIX.

En 1827 un viajero inglés, Mackenzie, realizando una transposición de jardín oriental", describía el claustro como "un delicioso jardín, sembrado con arbustos olorosos y árboles frutales, teniendo una fuente en el centro (oo.) con flores, mientras innumerables pájaros entonaban su melodía al unísono con el correr incesante de esa fuente" ".

Parro dice que «hubo al principio un simple patio en el que ponían por el verano un toldo gigantesco; pero después lo convirtieron en jardín muy lindo, en que (hasta pocos años hace por un empleado del Cabildo y ahora por un particular que es de oficio jardinero) se cultivan multitud de flores que sirven para adorno del altar de la Virgen del Sagrario, y allí recrean la vista y el olfato de las muchas gentes que concurren á pasear, especialmente en las tardes malas y lluviosas».

Es posible que al gusto romántico del autor le agradaba la composición del conjunto, pues se conservaba un «hermoso cenador, octógono, hecho en 1782 por el maestro carpintero Ignacio García, todo de madera, rodeado de celosías pintadas de verde, y cubierto de un empizarrado con su chapitel forrado de plomo y rematado en un globo y su cruz de hierro»".




El templete y eljardín que nos describiera Parro hacia 1850 se conservaría igual en 1882, pues en el plano citado 10 vemos en el cruce de las dos calles principales.

Forman los muretes del kiosco una planta octogonal, con cuatro vanos que dan acceso al mismo desde las citadas calles. Constituiría el cenador, a modo de pabellón árabe, el centro del jardín, del cual saldrían los cuatro ríos del paraíso'".

Todavía el plano realizado en 1882 por el Instituto Geográfico nos muestra el jardín en un plano reticular con doce cuarteles cuadrados más cuatro más pequeños y rectangulares, fronteros con los aljibes que se sitúan al sur del espacio claustral.

En cuanto al contenido de los arriates, los planos arquitectónicos solamente señalan lo que pudiera ser una plantación de setos perimetrales en los cuarteles y arbolillos en el interior, más tupidos en los cuatro centrales.

Resulta poco significativo, ya que podemos pensar en un esquematizado lenguaje transcriptor del método topográfico.

Poco después, Blasco lbañez, ya a comienzos de este siglo, nos describe el jardín claustral literariamente, por lo que podemos hacernos una idea más certera de las plantaciones "': «El Jardín, que se extiende entre los cuatro pórticos del claustro, mostraba en pleno invierno su vegetación helénica de altos laureles y cipreses, pasando sus famas por entre las verjas que cierran los cinco arcos de cada lado hasta la altura de los capiteles. Gabriel miró largo rato el jardín, que está más alto que el claustro ( ... )

Las plantas trepadoras se enredaban en las verjas del claustro formando tupidas celosías de verdura, y la hiedra tapizaba el cenador central, rematado por una montera de negra pizarra con cruz de hierro enmohecido».

 Hoy el cenador ha sido sustituido, de nuevo, por una fuente, esta vez de taza y surtidor, realizada en mármol, mientras que el claustro espera, con el desarrollo del Plan director de la Catedral, una profunda remodelación, que, esperemos, vuelva otra vez a mostrarnos su aspecto original, tal como lo intentó el Cabildo catedral y el cardenal Gaspar de Quiroga a finales del siglo XVI.

Francisco García Martín 

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