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martes, 18 de marzo de 2014

Ervigio (680-687) y la erradicación de la "peste judaica"

Monedas del rey visigodo Ervigio (680)

Ervigio promulgó unas medidas aún más terribles contra el judaísmo —según Juan José Sayas, "angustiado por la debilidad de su poder, Ervigio suscitó una vez más la cuestión judías como el medio más rápido y eficaz de aunar voluntades en torno suyo, especialmente del influyente sector eclesiástico"—.52

Así, extremó las disposiciones preventivas establecidas en el IX Concilio de Toledo del reinado de Recesvinto y ordenó a los judeoconversos que debían presentarse ante el obispo, sacerdote o funcionario civil de su lugar de residencia todos los sábados y días de fiesta cristianas y judías, bajo pena de decalvación y de cien azotes. Además durante esos días las mujeres judías debían ser acompañadas de mujeres cristianas para evitar que los clérigos que tenían la obligación de vigilarlas pudiesen cometer con ellas actos deshonestos.53

Su política de exterminio de la peste judaica la concretó en el XII Concilio de Toledo, celebrado en 681 nada más iniciarse su reinado, cuando presentó en el mismo nada menos que veintiocho leyes antijudías que acababa de promulgar: 54

Extirpad de raíz la peste judaica que siempre se renueva con nuevas locuras; examinad también con la más pura intención las leyes que nuestra gloria promulgó poco ha contra la infidelidad de dichos judíos y añadid a las mismas leyes una cláusula confirmatoria, y promulgad estas decisiones contra los abusos de tales infieles reunidas en un suelo cuerpo

Ervigio insistió en la defensa de la fe cristiana frente a los judíos, por lo que se les prohibió leer o poseer libros en los que se la atacase. La pena serían la decalvación pública y cien latigazos, que se aplicaría a partir de los diez años de edad. 55

La ley más importante que Ervigio promulgó, y confirmó el XII Concilio, fue la que exigió la conversión forzosa de todos los judíos, a los que se daba un plazo máximo de un año (a partir del 27 de enero del 681) para bautizarse ellos, sus hijos y sus esclavos –una medida que no había impuesto Recesvinto-. El que cumplido el plazo no se hubiera bautizado recibiría cien latigazos, sufriría la decalvación, sería desterrado y sus propiedades confiscadas si el rey así lo decidía –el mismo castigo se impondría al judío que celebrase laPascua o cualquier otra fiesta judía-.55

Además se ordenaba un nuevo placitum que debían realizar los judeoconversos de forma individual ante el obispo, lo que lo diferenciaba de los dos placitum anteriores de Chintila y Recesvinto, que habían sido hechos de forma colectiva. Por otro lado, se vuelven a reiterar medidas anteriores pero endureciéndolas todavía más. Los Iudaei (supuestamente los judeoconversos) debían liberar a sus esclavos cristianos en un plazo máximo de dos meses y si no la hacían perderían la mitad de sus bienes, o en caso de ser pobres, serían sometidos a la decalvatio y recibirían cien azotes. De esta forma se pretendía evitar que los convirtieran al judaísmo, tal como le había sucedido al esclavo cristiano Mancio quien, según el relato hagiográfico del siglo VII Passio Mantii, sufrió martirio por negarse a abrazar la religión de su amo judío. 56

La pena impuesta a la circuncisión fue tal vez la más brutal: tanto al circuncidado como al realizador se les cortarían los genitales y si éste último era mujer se le cortaría la nariz –además todos ellos perderían sus propiedades-. Esa misma pena se aplicaría a los que hicieran proselitismo de la religión judaica. 57 También se impusieron importantes restricciones a los judíos que quisieran viajar, ya que en cuanto llegaran a un lugar debían presentarse ante el obispo, el sacerdote o el juez, que se encargaría de que no celebrasen el Sábado judío o cualquier otra fiesta. Debían alojarse entre cristianos y cuando se marcharan debía comunicar a donde se dirigían para que fueran avisadas con antelación las autoridades eclesiásticas y civiles de su llegada. 58

Ervigio se preocupó también de que estas leyes fueran cumplidas, por lo que los obispos o los jueces que no las aplicaran, porque fueran sobornados o porque no estuvieran de acuerdo con ellas, pagarían una multa de setenta y dos sueldos. Además para que los judíos no pudieran alegar el desconocimiento de las leyes, el rey ordenó a los obispos y sacerdotes que reunieran en su iglesia a la comunidad judía y se las leyeran. Lo único que se puede decir a favor de Ervigio, según E.A. Thompson, es que abolió la pena de muerte impuesta por Sisebuto a los que hicieran proselitismo y por Recesvinto a los que incumplieran sus leyes. "Un judío que se negara a abandonar la fe de sus padres podría ahora por lo menos esperar conservar la vida, aunque en terribles condiciones".59

La durísima política antijudía de Ervigio fue alentada y justificada por Julián de Toledo -quien al parecer tenía ascendientes judíos-60 de esta forma: 61

Ante cualquier mal que circula por el cuerpo, es costumbre de los buenos médicos cercenar con el hierro la zona afectada y primero amputar radicalmente las podredumbres purulentas, antes de que la parte nociva contagie a las sanas. […] Pienso que vuestra bondad, muy sagrado príncipe, deseará imitar la dulzura de este remedio admirable […] Pues bien, entre estos miembros putrefactos que han de evitarse, se encuentran las lenguas de los judíos, los cuales piensan que Cristo, el hijo de Dios prometido por la Ley, todavía no ha nacido […]

Fuente: wikipedia

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