miércoles, 11 de junio de 2014

Raices de la Devoción a Nuestra Sra. de la Natividad en Mentrida


Podemos afirmar que el amor mentridano a la Virgen es tan antiguo como el origen de aquel sencillo pueblo, nacido al cobijo de Alamín en la Baja Edad Media, cuyos habitantes –unos 50– se agrupaban en la reducida iglesia parroquial de Santa María, en cuyo recinto fue colocada la imagen aparecida al cabrero Pablo Tardío en Berciana en 1270, celebrando su culto y fiesta patronal el 8 de septiembre, nacimiento o natividad de María.


Las escasas noticias de aquella primitiva parroquia, asentada
en la explanada de la actual ermita, las encontramos en un catálogo de objetos de 1504, en el libro primero de fábrica de la parroquia de San Sebastián, en el folio 4, con el nombre de “bienes de la iglesia vieja de Santa María”. 

Su redacción se debe al mismo mayordomo de la parroquia de San Sebastián quien anota separadamente las propiedades de ambos edificios.

Los objetos de aquel primer santuario de la Virgen eran muy
escasos: tres altares, una lámpara delante del crucifijo, una imagen de bulto de Nuestra Señora con una camisa blanca en el altar mayor, un frontal pintado viejo, una sábana de lienzo de estopa, una sábana vieja y remendada, un San Cristóbal de bulto en el altar mayor, un frontal de estopa viejo, una sábana de caño viejo, una Santa Catalina pintada, un San Bartolomé de bulto, un frontal de estopa viejo pintado, una  sábana de lienzo viejo rota, un crucifijo pequeño, dos imágenes  pequeñas puestas en su viga con una sábana a las espaldas, una pililla  de piedra para el agua bendita y una campanilla para hacer señal. 

Debajo de uno de sus tres altares fue enterrado el pastor Pablo Tardío  en 1293. 

Los informes más remotos sobre el aparecimiento de la imagen  y demás sucesos con ello relacionados, los debemos al escrito del  entonces cura teniente de la parroquia de Méntrida, don Braulio  Gómez, quien conoció personalmente a Pablo Tardío, “al que traté por el tiempo de diez años con mucha mesura a este pastor, que en sus hablas nunca hablaba de otra cosa que del aparecimiento de Nuestra Señora, e de esta su milagrosa Figura, e siempre lloraba. 

Finó en la  muerte este año de noventa y tres, día ocho de septiembre, veinte y tres años después del aparecimiento de Nuestra Señora en Berciana;  fue su muerte como su vida, e le enterré junto al Altar de la Virgen Aparecida, que tenemos en esta Iglesia de Méntrida colocada, de toda esta pequeña población venerada e de todo el contorno reverenciada e estimada”. Este documento, del que tan sólo tenemos constancia a través de una referencia del padre Luis de Solís –al que enseguida aludiremos–, fue escrito, al parecer, el año 1284. 

En su relato –manuscrito en cinco hojas de pergamino– don Braulio dejó anotados los diversos episodios sobre las apariciones de la imagen en 1270 a Pablo Tardío en Berciana, dando detalles sobre la  comunicación de Pablo a los sacerdotes y a la justicia de la aldea, las  contrariedades que sufrió el pastor, el hallazgo de la imagen en  presencia del pueblo y su traslado a Méntrida, colocada en la  parroquia “en donde hoy se venera con mucha devoción, no sólo de  todos los vecinos de este pueblo de Méntrida, sino también de otros  lugares circunstantes y distantes, que vienen cada día a hacerla fiestas,  a tributarla cultos y veneraciones y a pedirla en sus necesidades remedio, con quienes ha hecho muchos milagros”. 

Con la presencia de la imagen de Berciana en la parroquia de Santa María, su culto experimentó un significativo aumento entre los humildes habitantes del lugar y de otros pueblos, atraídos por la fama de ser imagen milagrosa, venerándola en un principio con la advocación de Santa María de Bercalia (Berciana) y después con el  título de Nuestra Señora de la Natividad. 

Cuando las funciones pastorales pasaron a la actual parroquia  de San Sebastián Mártir –tal vez a mediados del siglo XV-, el viejo  edificio quedó únicamente como morada de la Virgen de la Natividad  hasta la inauguración de la nueva ermita en 1653.

 Algunos años antes  –en 1624- el obispo auxiliar de Toledo don Luis de Requeséns  reconcilió el cementerio de Santa María alrededor de la parroquia. En 1633 la sagrada imagen fue acomodada en un buen retablo, obra del  maestro toledano Eugenio de León, que pagó Gabriel Moreno, siendo  iluminada constantemente con sendas lámparas de plata regaladas por  Magdalena Mayoral en el mismo año. 

Para refrendar y perpetuar la tradición del aparecimiento, y  como aportación a los solemnes actos que se organizaron con motivo de la inauguración de la actual ermita en septiembre de 1653, se recogieron diferentes testimonios de las personas que oyeron a sus antepasados cómo ocurrió la aparición, ordenados en un libro titulado  “Declaraciones del Aparecimiento de Nuestra Señora de la atividad”, en sus 31 folios manuscritos. 

El contenido de las “Declaraciones” –también conocidas como  “Información Jurídica”– están acordes con el libro de Fray Luis de  Solís, religioso de San Francisco de Paula del convento de Camarena,  estante en Méntrida entre 1722 y 1737, escrito en 1734, nominado “Historia del prodigioso aparecimiento de la milagrosa y soberana imagen de Nuestra Señora de la Natividad, venerada extramuros de la villa de Méntrida”

Fuente: http://www.mentridanatividad.com/images/LIBRO2.pdf

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