viernes, 25 de septiembre de 2015

El Mal de Ojo en Toledo (I)

EL MAL DE OJO 

Al estudiar el curanderismo no podemos dejar a un lado el fenómeno del mal de ojo, que podemos clasificar como de práctica curativa de origen anímico.

El mal de ojo o aojamiento se creyó que era consecuencia de la acción de una hechicera o bruja que transmitía un deseo maléfico y perjudicial para un individuo o animal, manifestándose en estados psíquicos y físicos alterados, con efectos negativos para la propia salud. 

Incluso el hechizo llegaba a los seres inertes, aojándoles también. Este concepto, muy evolucionado, ha llegado hasta nosotros y por analogía con la tradición hechiceril, hoy se cree que aojan personas con deformaciones físicas, con aspecto extraño o poco agradable.

Los síntomas del mal de ojo suelen manifestarse como malestar general, adelgazamiento, pérdida de apetito, melancolía, dolores intensos de cabeza y vientre.

La saludadora debe descubrir si son causa de un aojamiento, si no fuese así se abstendría. De esta manera la curandera se convierte en la persona que devuelve la salud 'y vehículo contra el mal, contra el hechizamiento, en la antibruja.

Es la mujer con «poderes)} para devolver, mediante un ritual mágico-religioso, la salud perdida a causa de un acto procedente de otro individuo con «poderes» negativos. Esta es la síntesis de la superstición más conocida y popular en Toledo y en otras muchas regiones de España.

Contra el mal de ojo se protegían las gentes con amuletos de diversa índole, como aquellos fabricados de coral en forma de cuerno, las higas, cintas de colores, las campanillas, chupones de cristal, castañas de indias, escapularios, evangelios, relicarios, cuernos de ciervo o de chivo negro, etc. El ritual de las saludadoras varía según las regiones donde se practica.

El que aún perdura en los Montes de Toledo toma como protagonista al agua, al fuego y al aceite; elementos contrapuestos que se conjugan para una acción curativa. A su vez son parte de la liturgia cristiana que los utiliza precisamente el Sábado Santo como símbolo de resurrección de Cristo, clave de la fe católica y de otras confesiones cristianas.

El agua se deposita en un recipiente y el aceite se toma del candil encendido. Se introduce el dedo del paciente en el agua y la saludadora deposita con el suyo, mojado en el aceite del candil, tres gotas, repitiéndose hasta tres veces. Si las gotas se deshacen es señal de aojamiento, entonces se trazan tres cruces en la 31 frente del aojado y recita la oración secreta, acompañando algunos padrenuestros y credos.

De las diferentes oraciones que conocemos todas tienen en común invocaciones a los santos y a la Virgen, recitadas en forma de pareados, creando asociaciones entre diversos lugares del cuerpo, situaciones temporales y los santos que mejor riman en ese momento.

Recordemos la que hemos reproducido de Gálvez. Unas variantes de interés son las oraciones «retorneadas}}, en las que se asocian los doce primeros números a pasajes bíblicos o devociones relacionadas con el número que se recita, ahuyentando al demonio en cada número.

La kábala está presente en este ritual a través del número tres o de sus múltiplos y sobre todo del nueve, con el que se produce el trinomio 3, 6, 9, que se debe interpretar, según los estudiosos, como los tres principios o componentes del hombre, subdivididos en tres elementos cada uno:

Tres físicos, tres psíquicos y tres espirituales, por tanto a un hombre vivo o completo se le designará con el número nueve, por ser la suma de los elementos anteriores. Tres veces tres, se hacen las cruces en la frente del paciente, según algunos rituales del mal de ojo, o tres veces se depositan las gotas de aceite en el agua. Un hombre vivo mermado en alguno de los elementos necesita, para volver a su estado normal, la restitución del que le falta.

Tiene por tanto este tipo de curanderismo algo de mágico, de exorcismo cristiano y de tradición hebrea, tan ligada a la cultura toledana.

Del poder curativo de las hierbas y el agua 

Entre el curanderismo popular ocupó un lugar preferente, como remedio para aliviar ciertas dolencias, el uso de las plantas y el agua, acompañado a veces con un componente seductor con el fin de apoyar el tratamiento y su eficacia real.

Aunque en la antigüedad se pensó que la mayoría de las hierbas tenían propiedades e interés curativo, lo cierto es que esta condición la tienen sólo aquéllas con las que se ha experimentado con éxito. Poco a poco se han ido olvidando las propiedades milagrosas o extraordinarias de las plantas, en razón de su forma, por algunas semejanzas con órganos humanos, etc.

Sus virtudes sólo se pueden explicar por la presencia de ciertos compuestos químicos que son los principios activos, como los alcaloides, glucósidos, esencias, ácidos, resinas, mucílagos, grasas ... , unas con más y otras con menos energías o espíritu curativo, que se acumulan o localizan en las diferentes partes de la planta y que todo sanador debe conocer.

En las terapias toledanas del siglo XVIII encontramos hierbas y tratamientos hidroterápicos que se emplearon, junto con otros remedios más o menos agresivos, tanto por los médicos como por los curanderos, para aliviar las enfermedades más comunes que se daban en nuestra geografía, como «tercianas}) o «calenturas catarrales}), los «males de costado), «fluxiones a las muelas}), «tabardillos}}, dolores articulares, carbuncos, hidropesias, «garrotillos~, «perlesias», «alferecias», flatos ...

Haciendo un recorrido por la geografía de nuestra provincia recogiendo los medios más usuales para las enfermedades reseñadas, y tomando como muestra lo más singular de algunos pueblos, según el informe emitido por los párrocos en las contestaciones solicitadas por el arzobispado de Toledo en el último cuarto del siglo XVIll, hemos de anotar los siguientes apuntes, cuando encontramos en los remedios terapéuticos alguna particularidad:

Aldeanueva de San Bartolomé: Existe una fuente con aguas medicinales que llaman «ferrumbosas».
Persistió hasta entrado el presente siglo una especie de balneario donde acudían los afectados de dolores reumáticos y articulares. Más tarde el edificio desapareció y no quedó sino la fuente protegida por un brocal y tejadillo.

Cabañas de Yepes: Las aguas de las fuentes Nueva y Vieja son «muy especiales y medicinales como confiesan y dicen los médicos y cirujanos ... ».

Casar de Talavera: Se dice que hay una fuente llamada de la Mora en la falda del cerro de la atalaya, cuyo agua «es diurética y muy medicinal principalmente para poner en movimiento la orina y también el vientre ... continuamente se están llevando ete agua a todas partes y principalmente a Talavera ... El señor Infante mandó estos días que le /levasen una carga».

Caudilla: De una fuente inmediata al camino de Magueda se aprovechaba el agua para no engordar: «No permite la grosura en quien se acostumbra a el/as».

Ciruelos: El agua de la fuente de Valderretama se tomaba como medicinal para personas «achacosas de varias dolencias interiores»,

Espinoso del Rey: Una fuente llamada «Xerumbrienta», cuyas aguas curaban las obstrucciones, dolores de estómago (abrían las ganas de comer), la hidropesia, el mal de orina y otros achaques, fue famosa por el estudio que se hizo de sus aguas en el siglo XVlII y los tratamientos hidroterápicos recogidos en una órbita impresa en 1789, escrita por Paz Rodríguez, farmacéutico talaverano, titulada «Disertación de las aguas de la villa de Espinoso del Rey».

Hontanar: En la calle del Venero hay una fuente cuyas aguas dicen curar los males del estómago.

Illescas: El agua de la fuente de Alama Blanco, que está al poniente de la villa, «es medicinal para flatos y obstrucciones .. ,».

Marjaliza: Dos fuentes, la de Hediondo y la Becerra, tenían propiedades para curar obstrucciones, «bebiéndolas a todo pasto», Pero las aguas de la fuente de la Pontidueña surtían buen efecto «contra la sordera o impedimento de los okios»,

Méntrida: Curan las tercianas con «sal de la higuera», El origen de esta enfermedad lo atribuye el señor Cura al «exceso de comer higos, pepinos, melones, que lo hacen muy bien, como los hay de sobra y mucho desgobierno en no comer a la hora que debieran, pues se advierte que quien bien se rige, tiene salud», He 34 aquí un clérigo del siglo XVIII preocupado no sólo por la salud espiritual de sus feligreses.

Monlearagón: Sólo hay dos pozos del común, las aguas «de uno sirven para beber los racionales y el otro para los irracionales», El agua era ordinaria, pero es curiosa la apreciación.

Navahermosa: «En sus montes hay tal número de hierbas medicinales que los boticarios, siguiendo a los naturales, suelen buscar para sus establecimientos», Las más usuales son la verbena, peonia, escorzonera, centáura mayor y menor y otra que llaman «yerba para detener el flujo de la sangre de las heridas».
Existen también unas «matas de monte que dicen carquesas que echa unas flores pajizas y semiblancas y aseguran que sus ramas cociéndose en agua, aplicándose y dándose con el agua baños, se curan los dolores y afecciones reumáticas»,

Los Navalmorales: En el término de este pueblo se daban numerosas hierbas medicinales, reseñando entre ellas el ajenjo, culantrillo, altea, amaranto, artemisa, apio, «betronica», «lengua de buey», «berza perruna), polipodio, tormentilla, carquesa, cardo de María, centaura mayor y menor, celidonia, cicuta, consuelda, malva, manzanilla, diente de león, adormidera, acedera, borraja, cantueso, violeta, yerbabuena, sándalo, pericón, cardiaca, lamparo, agrimonia, etc., etc.

Los Navalucillos: Dice el informante que «de yerbas extraordinarias ... podría surtirse una botica sin tener que gastar maravedies en sus compras». Se encuentran en sus montes la zarzaparrilla, raíces de escorzonera y duélamo.

Noblejas: Sólo dicen que el agua de la Fuente Santa es muy delgada, «de modo que suaviza el garbanzo por duro que sea. Algo es algo.

Nombela: Un erudito botánico, cura de la parroquia, plantó tres árboles que llaman «agnocastro», cuyas ramas restregadas en los frutales «han experimentado tener virtud para quitar la oruga ... ».

Orgaz: El cura de Orgaz, autor de la contestación al interrogatorio de Lorenzana, se pronuncia contra la abusiva práctica de las sangrías indiscriminadas, diciendo que éste «es un bello y admirable modo de curar matando muchos enfermos ... ». Pone el ejemplo del carbunco, enfermedad que los médicos remediaban con sangrías, lo que llevaba al enfermo a las puertas de la muerte o fallecía. Sugiere un tratamiento alternativo que ofrece un vecino de Los Yébenes, oriundo de Orgaz, que fue médico en Argel, que es aplicar un «grano de Solimam sobre el carbunco durante veinticuatro horas, tratamiento que había sanado a muchos enfermos.

Ventura Leblic García 
http://www.realacademiatoledo.es/index.php/publicaciones/temas-toledanos/1728-medicina-popular-en-la-provincia-de-toledo-por-ventura-leblic-garcia.html

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