viernes, 25 de julio de 2014

Historia de Villacañas

En el término municipal de Villacañas se han descubierto restos arqueológicos que nos remontan a una antigüedad prehistórica: Fragmentos de cerámica ibérica y restos de cerámica campaniforme entre otros, que nos hablan de civilizaciones antiguas que hollaron nuestro territorio. 

La Sierra del Coscojo, Tirez , Borregas. Silos de la Atalaya, El Calaminar son parajes en los que el hombre prehistórico ha dejado su impronta en una cronología que va desde el tercer milenio del Cerro de Tïrez ( posible castro Ibérico), pasando por los restos de la Edad del Bronce, Hierro, hasta llegar a la dominación romana, de la que nos hablan la toponimia de ciertos parajes como “Las Casas Romanas”. 

También destacan los vestigios que reflejan la dominación musulmana, en especial, los restos de un hisn, o fortificación islámica de carácter rural, situada en la Sierra del Castillo. 

Cuatro poblados existieron en diversas partes del término, sin que se pueda precisar dónde, anteriores al actual emplazamiento del pueblo: Borregas, Tirez, Ormeña y Ormeñuela.

El ser humano ha ido siempre buscando el agua, fuente de vida imprescindible para la agricultura y la ganadería. Actividades de las que han dependido siempre los villacañeros, al igual que todos los manchegos. Pues es en esta comarca, donde la escasez de agua, hace que se valore mucho más: asentándose el hombre en torno a las lagunas, cerros y siguiendo la vega del río Riánsares.

En el solar que ocupa nuestro municipio no se han encontrado restos arqueológicos, si bien es verdad no se ha llevado ninguna excavación sistemática.

Tras la victoria Cristiana de las Navas de Tolosa en 1212, los reinos cristianos se encuentran con un territorio amplio para repoblar: La Mancha. Fue la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, cuyo Priorato estaba en Consuegra, quien otorga carta de Población (Carta Puebla ) en 1230, a Villar de Cañas. Siendo la primera carta que concede a un territorio de su jurisdicción. Con el término repoblación se entiende un proceso por el cual se articulaba y se organizaba el territorio y se recristianizaba, pues había estado bajo jurisdicción musulmana.

Es posible que gentes castellanas y galaicas repoblaran nuestro pueblo, ya habitado en 1229; pero es en 1230 cuando Ferrant Ruiz, el comendador de Consuegra otorga la carta de población para los que deseen habitar en esta aldea y a los que así lo hicieran se les daría para regirse el fuero de Consuegra, de quien había de depender.

La Orden de San Juan, dejaría su huella en hermandades y cofradías que poseen una estructura militar. Como la del Santísimo Cristo de la Viga, entre otras. Y en el urbanismo destaca La Casa de La Tercia ( edificio en el que se guardaba la tercera parte del diezmo).

Además de la cruz Sanjuanista que decora dinteles de casas y la Iglesia Parroquial. Sin olvidar que aunque no hay restos, la primera Iglesia que tuvo Villacañas estaba bajo la advocación de la Vera Cruz. Construida por los caballeros de la Orden de San Juan.

Las órdenes militares impulsarían la ganadería. Villacañas es recorrida por la Cañada Real Soriana. Una de las más importantes y ancestrales vías de la trashumancia. Además por nuestro territorio pasan importantes vías de comunicación como el Camino Real de Alicante ( que también es el Camino que va a Santiago de Compostela). 

Su nombre se origina ya en el 1229, con motivo del establecimiento de mojones entre las tierras propias de los arzobispos de Toledo y las del maestrazgo de la orden de San Juan. Denominándose "Villar de Cañas".

De Villar de Cañas a la Villa de Villacañas

El 12 de mayo de 1557, la Princesa de Portugal, doña Juana de Austria, gobernadora de los Reinos de España en ausencia de su hermano Felipe II, a la sazón Rey consorte en Inglaterra, por su matrimonio con María Tudor, concedió el privilegio para que sea Villa y “ tenga jurisdicción por sí y sobre sí en ella y sus términos y dezmería y dehesas de Tirez y Borregas”.

9000 ducados le costaría a Villacañas ser independiente de Consuegra.

El título de Villa se alcanza en 1557, en que Villacañas se desliga del vínculo feudal que mantenía con la Orden de san Juan. 

A partir de esa fecha se comienzan a arrendar tierras de labor y en el caserío se empiezan a notar edificios de interés: Iglesia Parroquial siglo XVI, casa blasonadas. En el siglo XVIII nos muestra un periodo pujante; se construye entonces el nuevo Ayuntamiento, pósito, reformas en la iglesia -camerino-, ermita de la Virgen, San Roque.

Tenía por entonces 392 vecinos. A partir de esta fecha se construyen edificaciones que nos han llegado hasta nuestros días: La Iglesia Parroquial, de Nuestra Señora de la Asunción, (llamada en aquel entonces de Santa María. Ermita de La Virgen de la Concepción, Ermita de Santa Ana, de San Sebastián, del Cristo del Coloquio…

En el siglo XVIII nos muestra un periodo pujante; se construye entonces el nuevo Ayuntamiento, pósito, casas blasonadas, reformas en la iglesia –camarín y retablo churrigueresco de gran valor, destruido en la Guerra Civil.

Del siglo de las Luces destaca el Colegio de Niños Huérfanos de La Mancha ( no conservado) fundado por el presbítero Francisco Gabriel Malo de Medina. Inventor, escritor y benefactor. Hijo ilustre de Villacañas.

En Villacañas como en todos los pueblos de España, La Guerra de la Independencia tajo consigo el fin del Antiguo Régimen.

Del 20 al 25 de diciembre la población rechazó los ataques de las tropas francesas. El paisanaje levantado en armas y dirigido por Carlos Ropero, a quien nombraron su general ( de ahí que se le conozca como el general zapatero). Lucharon con denuedo, valor y usando todo tipo de armas. Hoces, facas, atrincherándose en los silos ( por eso se le llama a este episodio de resistencia, como 2 Batalla de los Silos”) y formando barricadas con carros y galeras. Resistieron como pudieron. No entrando los franceses en esta villa. 

Otro episodio de la Guerra de la Independencia que tuvo como escenario a Villacañas, es el alojamiento y cura de las heridas de guerra del Duque de Rivas, que fue herido en la Batalla de Ontígola. Escribió un poema que empieza “Con once heridas mortales” y en le que menciona a Villacañas. 

A finales del siglo XVIII había aparecido en nuestra población, a consecuencia de la desamortización y de la consiguiente roturación de nuevas tierras, el jornalerismo. Este proceso se acelerará en el siglo XIX con la aparición de una amplia burguesía propietaria de tierras y unos braceros que, por economía, se verán obligados a construir viviendas subterráneas, que conforman un conjunto arquitectónico único en el mundo: Los Silos, hoy declarados Conjunto de Interés Histórico Artístico como Bien de Interés Cultural. Existían anteriormente estas construcciones siendo su tipología de origen prehistórico.

El tendido de la línea férrea en 1853 provocará cambios en la economía villacañera y en la fisonomía urbana que aún hoy son apreciables: bodegas, fábricas, fondas, estación, casino o teatro y una dinamización social y económica que la harán cabeza de comarca. Con el ferrocarril Villacañas entró en el camino del progreso.

A partir de estas fechas la población de Villacañas irá creciendo, entrando en el siglo XX con 6000 habitantes, para ir aumentando hasta llegar hasta los 12.000 en los años 50.

La rápida mecanización del campo, provocó un gran excedente de población activa, que se vio obligada a emigrar a las ciudades que estaban en pleno proceso de industrialización y necesitaban mano de obra. Se produjo una gran sangría en Villacañas. 

Los villacañeros son gente emprendedora, y así en la década de los años 80 y 90 empezaron a crear empresas de fábricas de puertas. Convirtiéndose Villacañas en un pueblo que perdía población por la emigración a ser un pueblo que ha recibido mucha población inmigración, tanto de villacañeros que marcharon y regresan con el auge de las industrias de la madera, como personas de otros municipios tanto de España como de otros países. En la actualidad esta actividad ocupa a más de 3.500 empleados, de los que 2.000 son villacañeros y el resto proceden de otros pueblos de esta zona manchega que componen la parte oriental de la provincia de Toledo y también algunos de pueblos de las de Ciudad Real y Cuenca.

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