martes, 28 de octubre de 2014

Los Intentos de Ruptura del Frente sur del Tajo, Mayo de 1937 ( y III): Consecuencias

Consecuencias de los intentos de Ruptura del Frente sur del Tajo

La operación de ampliación de la cabeza de puente de San Martín fue el mayor de los combates acaecidos en el Frente Sur del Tajo a lo largo de toda la guerra.

Llegó a involucrar a más de 17000 soldados de ambos bandos, por no contar la aviación y los tanques, y causó un número de bajas difícil de determinar pero elevado sin lugar a dudas.

Recientes estudios cifran las bajas totales en más de 4000, un millar de ellas mortales (Ruiz 2004: 364), teniéndose que tomar estos datos con reservas. Habría que sumar un número indeterminado de prisioneros y pasados en ambos bandos, en cualquier caso no demasiado elevado; así como las pérdidas y captura de material militar.

Sin embargo, pese a lo elevado de las cifras, el combate no fue, en absoluto, decisivo. Los franquistas reconocían, ya el día 9 de mayo, antes de la fase de desgaste del combate que más bajas causaría, que los objetivos pretendidos no se habían alcanzado por completo (Martínez 1981:102).

El objetivo principal, alejar la línea del frente de la capital toledana para evitar el tiro directo de la artillería contraria, no se había logrado. Una cuña de territorio republicano, el área de La Sisla, llegaba aún hasta la misma orilla del Tajo con la zona urbana de Toledo (Casa del Diamantista) a escasos metros.

 Sin embargo, ante el contraata-que del Ejército Popular, se dan órdenes de no abandonar las nuevas posiciones de poco o ningún valor bajo ningún concepto, y asumiendo el coste que sea necesario para su preservación.

Por su parte, las fuerzas republicanas, pese a restablecer parcialmente la situación inicial, partieron de un error de base: Yagüe nunca había pretendido una ruptura del frente más allá de una simple rectificación de líneas. Las bajas (así como la pérdida de los preciosos blindados soviéticos) harían que el precio de la contraofensiva fuese exagerado.

El contraataque republicano tampoco alcanzó el éxito deseado, y la frustración de Líster al no poder proseguir con las operaciones por la carestía de munición es prueba de que sus planes habían que-dado a medio gas.

¿Por qué ese empecinamiento de ambos bandos en seguir alimentando la lucha asumiendo cuantiosas bajas si ya desde un estadio temprano se atisbaba que los resultados no iban a ser favorables?

El combate de la cabeza de puente de San Martín puede entenderse como la lucha de dos egos: el de Yagüe, quien no se podía arriesgar a una derrota en una operación concebida y manda-da por sí mismo en un frente secundario; y el de Líster, quien quería dar una lección de disciplina a las tropas de Uribarri (y, en consecuencia, a Prieto, rival político de los comunistas cuyo prestigio re-presentaba Líster en el campo de batalla).

Pese a que el líder comunista estaba teóricamente subor-dinado a Mena, quien dirigía la operación, su auto-nomía fue amplia, como se deduce tanto de su relato de los combates y su acción política poste-rior en la zona como del hecho de que las órdenes de Mena fuesen desoídas en ocasiones. En el ban-do enfrentado, Yagüe admite que la operación no tiene éxito cuando ya ha desencadenado los acon-tecimientos, cuando sus tropas ya están ocupando la línea conquistada, mientras que éstas han cum-plido escrupulosamente con la Orden de Operacio-nes emitida desde su mismo Estado Mayor.

Es en ese momento cuando vuelve a plantear a Saliquet que el ataque hubiese sido totalmente satisfactorio si no se le hubiese privado de fuerzas y restringido su ofensiva a una sola cabeza de puente.

 ¿Esperaba Yagüe que, ante los hechos consuma-dos, Saliquet le dejase carta blanca para retomar sus planes iniciales?

Y si no, ¿no se habría podido ver desde los gabinetes militares que la operación no iba a alcanzar los objetivos deseados sin poner a las tropas sobre el terreno, sin poner en juego sus vidas y sin asumir el coste de la operación?

Cuando llegue la contraofensiva republi-cana, la actitud de Yagüe en el Sur del Tajo dejará traslucir lo que se repetiría más tarde en Brunete, Teruel o el Ebro a una escala mucho mayor: los franquistas no estaban dispuestos a perder un solo kilómetro cuadrado de su territorio a manos de un enemigo al que despreciaban. El valor estratégico no importaba, el coste en vidas humanas tampoco. Era una cuestión de un pervertido sentido del honor, profundamente enraizado su mentalidad legionaria y africanista.

Una vez concluidos los combates, la 11ª División acometió una profunda labor política en los pueblos afectados por el desgobierno de Uribarri, reprimiendo a muchos de sus oficiales (Ruiz 2004: 482 491).

El destino del antiguo guardia civil sería por el contrario bastante diferente. Para evitar el choque con Líster, huyó de inmediato a Valencia, donde, lejos de ser castigado, se valió del patrocinio de Indalecio Prieto para ser nombrado jefe del SIM. También correrían peor suerte las tropas de primera línea de su brigada, que, tras el fin de los combates, serían concentradas en Orgaz, donde tuvieron que elegir entre ingresar voluntariamente en las unidades del temido Frente de Madrid o ser procesadas por abandono de sus puestos, delito que podría acabar con el fusila-miento.

Una de las principales consecuencias de la acción, o, mejor dicho, de lo poco concluyente que ésta resultó, fue que posteriormente se retoma-rían los proyectos por ampliar las cabezas de puen-te en dos ocasiones. Al contrario que en el caso de la operación de San Martín, éstas últimas serían operaciones de poco calado y en las que no entrarían en juego contingentes comparables de tropas.

Fuente: http://www.academia.edu/1423981/Arqueolog%C3%ADa_de_la_Guerra_Civil_en_Toledo._El_frente_Sur_del_Tajo_y_el_cigarral_de_Menores_un_escenario_de_guerra

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