miércoles, 27 de enero de 2016

Toledo, la Roma española

TOLEDO,LA ROMA ESPAÑOLA.


Vamos a derribar uno de los mitos toledanos más arraigados, el de «la ciudad de las siete colinas»

ANA PÉREZ HERRERA


Hoy nos enfrentamos al reto de derribar uno de los mitos toledanos más arraigados: «el Toledo de las siete colinas». A lo largo de los años, todos hemos escuchado y leído que la Ciudad Imperial tiene el mismo número de alturas que la Ciudad Eterna, pero pocos han estudiado y clarificado dónde estaban ubicadas. El motivo principal es que, en realidad, no hay siete colinas en «Toletum», sino nueve.

Esta confusión probablemente provenga del apodo que, desde antiguo y en diferentes épocas, se le ha dado a la Ciudad Imperial: «la Roma Española». Pero la razón por la que los escritores y estudiosos le dieron ese nombre fue que a Toledo siempre se la ha considerado la ciudad más importante del catolicismo mundial después de Roma; la capital Primada de España; la urbe con más edificios religiosos en su seno tras la metrópoli capitolina.

El primero que nombra a Toledo como la Roma Española es Tirso de Molina en su obra Los cigarrales de Toledo: «Roma segunda y corazón de España»; también, en el mismo siglo XVII, el conde de Mora la compara con Roma; después, son Sixto Ramón Parro y Gustavo AdolfoBécquer los que utilizan igual apelativo en diferentes momentos de su obra. Todo esto unido es, sin duda, lo que hizo que el error derivara en costumbre.

Pero pasemos, ahora, a comentar los lugares donde se ubican esas nueve colinas, los nueve promontorios, los altozanos en los que se subdivide la roca toledana. Para esto, debemos comenzar por imaginar la ciudad desprovista de edificios y visualizar correctamente las alturas. También es importante dejar claro lo que entendemos por colina, que sería –ni más ni menos– un lugar elevado desde el cual ya solo podremos descender en cualquier dirección que tomemos. Visto esto, tendríamos las siguientes:

1- El Alcázar; 2- La zona central de la calle Sillería; 3- La parte superior de la cuesta del Can; 4- La parte central de la calle de la Plata, con prolongación hasta el final del callejón sin salida de los Husillos; 5- El final, sin salida, de la calle Instituto; 6- San Román,delante de la puerta de la iglesia y coincidente con el altar mayor de la iglesia del convento de S. Clemente El Real; 7- La confluencia delcallejón de Esquivias con el de las Siete Revueltas; 8- El cerro de la Virgen de Gracia; y, por último, 9- S. Cristóbal (Montichel), en la parte más alta de su callejón.

Las peculiaridades de estos nueve enclaves son muy interesantes.

Por ejemplo, el hecho de que S. Román sea la más alta. A pesar de que su cota y la del Alcázar coincidan (548 m.), comprobamos –al entrar al museo del Ejército– que la primitiva alcazaba de los Trastamara se yergue a partir de una cota bastante inferior a la del actual edificio, elevado este artificialmente sobre las fortificaciones más antiguas, lo que ha implicado un error en el cálculo de su cota real. Otra curiosidad es poder observar, todavía hoy, la roca viva en dos de las colinas: Montichel y cerro del Can, sobresaliendo indemnes a la acción del hombre. Y además, al final del callejón de las Siete Revueltas y en el antiguo patio de Telefónica, en la calle de la Plata, tenemos dos de los pocos patios elevados (1’5 m.) sobre el nivel de la vía que hay en Toledo.

Algo que sabemos con seguridad es que las dos más altas (Alcázar y S. Román) ya en época romana dieron fundamento a la distribución de agua potable dentro del casco histórico, delimitando las vertientes más importantes y significativas con sus caídas hacia los diferentes puntos cardinales: hasta una llegaba el agua a través del acueducto, y la otra servía como distribuidor principal de las zonas norte y oeste, haciendo ya a Toledo una ciudad perfectamentehabitable, por lo que al suministro de agua se refiere.

Tenemos, además, cinco pequeñas prominencias (menores de un metro de altura) que en algunos casos han sido llamadas colinas, pero que, desde mi punto de vista, no merecen tal nombre; aunque tres de ellas ya fueron registradas como tales en el primer cuarto del siglo XX por el topógrafo y sismólogo Alfonso Rey Pastor, en una época en que los aparatos de medición daban cotas diferentes a las actuales.

Son las siguientes, comenzando por las tres de Rey Pastor: 10- La zona media del callejón de S.Justo (antiguo de la Divisa); 11- La explanada del seminario; 12- El final del callejón de Córdova; 13- La parte alta de la calle Cárcel del Vicario; 14- Roca Tarpeya.

Para terminar, si tenemos en cuenta que dos de la nueve colinas (el cerro de la Virgen de Gracia y la calle Sillería) son prominencias que no se elevan sobre su rededor más de dos metros, podríamos volver a considerar que Toledo tiene siete colinas importantes, con lo cual daríamosgusto a todos y habría para elegir… siete, nueve, doce o catorce colinas en nuestra ciudad. Opten ustedes, que las habitan y recorren, por el número que prefieran.

Publicado por SONIA BARJA el agosto 25, 2014 a las 6:33pm

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