lunes, 13 de octubre de 2014

Pisto manchego, tesoro Gastronómico

El pisto es palabra castellana que significa algo muy troceado, pero tiene tan bellas acepciones como darse el pisto o vaya pisto, referenciando a aquel que presume con altanería o cuando las cosas se encuentran revueltas o liadas.

El pisto manchego es un sofrito de verduras en aceite de oliva que en su forma más básica lleva calabacín, pimiento verde, cebolla y tomate. 

Con el descubrimiento de América se conocieron nuevos productos como el tomate y el pimiento, y de este el pimentón, elementos que pronto se convirtieron en ingredientes habituales de la alboronía aunque todavía, en muchos sitios de Andalucía, se sigue elaborando según la antigua fórmula.

En su origen, el plato posiblemente fuera cocinado por los campesinos de La Mancha al aire libre con los productos de la huerta, a los que tenían fácil acceso. El auténtico pisto sólo lleva pimientos verdes y rojos, tomates y un poco de calabacín, pero las verduras empleadas suelen variar enormemente dependiendo de la zona, de la temporada y de los gustos locales, etc. No obstante se puede decir que siempre lleva tomate y pimiento y que además es frecuente que lleve cebolla, ajo,calabacín, etc. 

Todos estos ingredientes se preparan cortados en pequeños dados de no más de medio centímetro. Las verduras se van pochando sucesivamente en una sartén con aceite de oliva y cuando están listos se dejan reposar durante media hora.

La mayoría de las recetas modernas aconsejan el siguiente orden: primero la cebolla, el pimiento y cuando ablandan va el calabacín y, por último, los tomates. 

Se puede sustituir el calabacín por la berenjena, pero si a un pisto se le añade berenjena se denominará entonces ratatouille o, simplemente, pisto con berenjenas.

En ciertos lugares de La Mancha, se añade ajo machacado con comino, lo que le aporta un sabor característico (cuidad con la cantidad de cominos, su sabor es muy intenso). Otro ingrediente típico es el lomo de cerdo frito en trocitos, lo que lo convierte en un plato muy completo.

Servir

Se suele servir frío o caliente, según la costumbre, a menudo acompañado de huevo fritos o por algún embutido, especialmente longanizas en una característica cazuela de barro. A veces se sirve como una tapa cubierto de algunos pedacitos de jamón serrano. Es más habitual encontrarse con este plato en las épocas de verano que de invierno, debido a la estacionalidad de sus ingredientes.

Dicen los tratadistas que en época califal llegó a Al-Andalus el gran Zizyag, en el año 206 de la Egira, 822 de nuestra era, procedente de Bagdad e impregnó la sociedad española de nuevas modas, cual Petronio en la época de Nerón.

Zizyab dio a conocer en España la receta del plato que se sirvió en la boda de la princesa Al-Buran con el califa abbasi Al-Ma’mün, hijo de Harum-al-Rasid, califa de Las Mil y Una Noches. 

Este plato creado para tal ocasión, al cual se le llamó al-burmayya, en honor a la princesa desposada, llegó hasta nuestros días con el nombre de alboronía y se confeccionaba con una fritura en aceite de oliva de berenjenas, calabacines, cebolla y membrillo, cambiando en el siglo XVI el membrillo por tomate y pimiento, naciendo así el popular pisto, siendo el manchego el más afamado.

La alboronía se convirtió en un plato muy apreciado en toda Andalucía y, al igual que ocurría en la época mozárabe, era usual degustarla en bodas y grandes celebraciones, tal era la categoría que se otorgaba a este plato.

 De Andalucía pasó a otras tierras españolas que con el tiempo la denominaron pisto. Son muchos los que como Nestor Luján aseguran que la alboronía es la madre de todos los pistos, no solo del manchego (el mas conocido y emblemático), sino también de los demás como el madrileño, el bilbaíno, el tumbet mallorquín o el catalán que ellos llaman xanfaina.

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