martes, 2 de diciembre de 2014

En tiempos de los Visigodos: El entorno sociopolítico y la derrota del Duque Paulo (I)

En estas alturas del siglo VII era mayúsculo desorden del clero; así, el concilio IX de Toledo, entre otras decisiones de importancia, señala que “Habiéndose promulgado muchos cánones para contener la incontinencia de los clérigos, y no habiéndose conseguido de modo alguno, ha parecido, que en adelante no solo se ha de castigar á los que cometen las maldades, sino también, á su descendencia. 

Y por lo tanto, cualquiera desde el obispo hasta el subdiácono, constituidos en el honor, que en adelante engendraren hijos de comercio detestable ó con mujer sierva ó con Ingenua, serán condenados á sufrir las censuras canónicas; y la prole de semejante profanación, no solo no recibirá jamás la herencia de sus padres, sino que permanecerá siempre sierva de aquella iglesia en que servia su padre de sacerdote ó ministro para ignominia propia.” [1]

La insistencia de los concilios, los castigos que se aplicaban a quienes profanaban su estatuto religioso, no bastaban para controlar los desmanes de los clérigos, que en alta proporción vivían amancebados.

Se eriza el vello al leer las conclusiones de los concilios toledanos sobre el clero, pero la situación de la nobleza no era mejor. Se estaba gestando el feudalismo, que en España, como consecuencia de la invasión de los bárbaros del sur, tendría poco efecto, pero el signo de los tiempos era 3evidente en este siglo VI; así, “En los primeros años del reinado de Recesvinto se pusieron de manifiesto las debilidades estructurales de este sistema. Los intereses de los grupos nobiliarios privilegiados eran opuestos al aumento económico de los del rey. Añadiéndose dos factores nuevos de desequilibrio:

* La gran concentración de poder tras las reformas administrativas en ciertos cargos, como el de dux provinciae.

* La persistencia de algunos grupos nobiliarios marginados por Chisdasvinto, pero que aún seguían teniendo fuerza.”[2]

Dos elementos que resultan letales para la integridad nacional.

“Los antiguos dux provinciae de tiempos de Leovigildo, ahora 6 (Galicia, Bética, Lusitania, Cartaginense, Tarraconense y Narbonense) pasaron a desempeñar todas las funciones atribuidas a los gobernadores provinciales, como jueces supremos y recaudadores de ciertos tributos… Las causas de tal reorganización hay que buscarlas en el estado de inseguridad, por el poder central debilitado y por la avanzada feudalización de las estructuras sociales y políticas del reino visigodo a mediados del siglo VII. Era necesario reestructurar la administración de carácter militar y más simplificada para controlar la nobleza.” [3]

Los cargos, que eran de designación real, estaban comenzando a considerarse hereditarios, lo que ocasionaría no pocos inconvenientes a la estructura de la monarquía hispánica.

“La primera dignidad de los Palatinos fue siempre entre los Godos la de Dux (Duque), á la que Justiniano da el nombre de spectabilis dignitas: y su principal cargo consistía en dirigir las operaciones militares en las provincias: por lo cual los Germanos elegían los Duques de entre los nobles y de los valerosos, encomendándoles el cuidado de la provincia á que los enviaban de gobernadores.”[4]

Observemos que a estas alturas de la Historia, los duques, que eran los gobernadores de un territorio, eran elegidos en la corte para desempeñar una función determinada… por un tiempo determinado o sin determinar, pero la designación era personal e intransferible, no hereditaria. La dación en herencia de estos títulos se produciría al compás de la feudalización.

En este estado de cosas, El uno de septiembre del año 672 fallecía Recesvinto dejando una España unida jurídica y religiosamente, y habiendo superado las diferencias que durante siglos habían separado a los godos de los hispano-romanos.

“A la muerte de Recesvinto se reunió la Asamblea de electores en el lugar del fallecimiento, en Géricos (Salamanca) y, aunque había hijos legítimos del difunto, los concurrentes se fijaron en uno de los nobles presentes, Wamba, hombre de reconocido prestigio y ya entrado en años, que en realidad no deseaba la corona, pero el 20 de octubre de 672 fue ungido en la iglesia de Santa María de Toledo.”[5]

El hecho de que no se eligiese a un hijo de Recesvinto no es extraño, ya que el nombramiento del rey, nominalmente era de carácter electivo. No obstante, lo normal era que el rey se hiciese acompañar de quién le sucedería; aspecto que con Leovigildo se centró al asociar al trono, primero a Hermenegildo, y luego a Recaredo. Así, aunque la monarquía no era de carácter hereditario, tuvo sus salvedades.

El caso es que a la muerte de Recesvinto es elegido rey Wamba, que en principio se niega a ser coronado.

Sobre la coronación de Wamba existe una gran leyenda que resulta difícil desentrañar de la historia. Estamos tratando un momento histórico, la Edad Media, que carece de la luz existente en los tiempos romanos; luz que ha sido sustituida por leyendas incontrastables, y por la falta de relato histórico. En este caso sólo contamos con el relato de Julián de Toledo, que calla los antecedentes de Wamba, y con los Concilios, donde Wamba no aparece.

Wamba ha sido presentado como rústico que había sido elegido más o menos al azar, lo que no resulta plausible. Con toda seguridad era miembro destacado del oficio palatino; si se quiere suponer un alto funcionario con capacidad pero sin mando, que en un momento determinado se vio como salida en un momento de crisis producida con la muerte de Recesvinto.

¿Es cierto que Wamba no quería ser coronado?, ¿es verdad que aceptó tras ser amenazado de muerte si no lo hacía?… También es posible que, sabiéndose la mejor de las salidas se hiciese de rogar para conseguir con ello comprometer a los electores. Una jugada política que, en principio, y dada la situación convulsa del reino podía rfesultar conveniente.

Si Wamba no quería ser coronado podría ser por una amplia gama de motivos. Debemos tener en cuenta que en esos momentos las convulsiones políticas estaban a la orden del día; se producían movimientos tendentes a la feudalización, y la presión musulmana comenzaba a sentirse ya en España. Debemos tener en cuenta que, desde que Wamba fue coronado hasta que se produjo la asonada árabe pasaron tan sólo 39 años, y ya Wamba derrotó a una armada sarracena.

Venía siendo tradicional en el reino visigodo que a cada nueva coronación, que se sucedía con harta frecuencia dado el “morbus gothorum” que hizo que existiesen reyes por siete días, se produjesen alzamientos de los vascones. Así, “en abril de ese año, Wamba encabezó una expedición contra los vascones en respuesta a una de las tradicionales incursiones de saqueo con que los montañeses saludaban el cambio de monarca en Toledo. Al ordenar la leva para la campaña, Wamba tropezó con el mismo problema que había experimentado Recesvinto 7 años atrás: los godos libres escaseaban, y los nobles enviaban una parte ridícula de sus siervos, normalmente castigados, e insuficientemente armados; algunos de ellos directamente ignoraban la orden real. Sobre el disgusto que algunos nobles sentirían por el arreglo de Gérticos, lo cierto es que la aristocracia acentuaba cada vez más su tendencia egoísta en sus obligaciones hacia el estado.”[6]

No obstante, esa aseveración: “tropezó con el mismo problema que había experimentado Recesvinto 7 años atrás”, parece ser, al cabo, incierta. Cierto es que los nobles iban a su aire; cierto que el apoyo era manifiestamente mejorable, pero sin embargo, de los resultados parece deducirse que las argucias de Wamba surtieron el efecto deseado, al menos momentáneamente, lo que le dio capacidad para solventar dos asuntos de envergadura, la rebelión de los vascones y la sublevación de Paulo, de un plumazo. Otro asunto es lo que vino después, pero evidentemente supo parar el golpe, y antes supo prepararse para los acontecimientos que eran previsibles y que efectivamente ocurrieron.

“En la primavera del año 673 en plena campaña contra los vascos, el viejo guerrero coronado rey de los visigodos por la presión de los militares recibió la noticia de la revuelta contra su poder en la provincia gala de Septimania. Ilderico, comes de Nimes encabezaba la rebelión con el propósito de independizar esas tierras del reino visigodo. Los rebeldes llegaron a controlar gran parte de la provincia excepto la capital, Narbona. A las faldas de las montañas cántabras el rey Wamba meditaba junto a sus hombres de confianza la estrategia a seguir. Desde la gran ciudad de Nimes la rebelión se extendía rápidamente, varios obispos se unieron al traidor y el pueblo galo empezaba a tributar a Ilderico y sus hombres.”[7]

“Septimania era el nombre dado a la zona marítima de la antigua Gallia Narbonense que quedó en manos visigodas tras la batalla de Vouillé; el nombre de Septimania proviene de las 7 principales ciudades de la región: Elna, Agde, Narbona, Lodève, Beziers, Nimes y Maguelona.”[8]

Wamba envió al duque Paulo a resolver el conflicto, al mando de un ejército compuesto por dos mil caballeros, pero “éste, emparentado con la familia de Chindasvinto, en vez de acabar con la rebelión se unió a ella y se convirtió en su líder.”[9]

Comenzaba a perfilarse la honda separación que acabaría con el reino visigodo y que estaba perfilada en el clan de Chindasvinto, enfrentado a Wamba.

“Los hechos ocurrieron de esta manera: Hilderico, conde de la ciudad de Nimes, se había levantado contra el rey apoyado por el obispo de Maguelonne, y había ordenado deponer y entregar a los francos al obispo de Nimes, que se había negado a unirse a ellos, nombrando en su puesto el abad Ranimiro. No obstante, ni la capital, Narbona, ni toda la parte occidental de la provincia se sumaron a esta conjura. Wamba no consideró la rebelión de importancia y prosiguió su itinerario, sencillamente desgajando una porción del ejército real al mando del duque Paulo (probablemente duque de la provincia rebelada), con orden de sofocarla.”[10]

“El conde Ilderico de Nimes y el obispo Gumildo de Maguelonne, junto con un abad llamado Ranimir, habían fraguado una conspiración. Dado que a Ilderico nunca se le ha atribuido el título de rey, puede que esta conspiración no fuera tanto un intento de usurpación como un complot para que aquellas importantes regiones fronterizas del extremo oeste de la Narbonense pasaran a estar bajo el control de los francos.”[11]

Y es que, desde la llegada de Ataulfo el año 413, los enfrentamientos con los galos por la posesión de la Galia Narbonense habían estado presentes en la actividad cotidiana. No es extraño que los francos tomasen parte decidida, aunque llegase a ser de forma encubierta, para detraer la región de la órbita hispánica.

“Apenas, pues, había subido Wamba al solio de Recaredo, cuando tuvo noticia de que Hilderico, conde gobernador de la Galia gótica, se había alzado con toda la tierra, robándola y talándola, y dando entrada en ella á algunos judíos que habían sido desterrados de los dominios de los godos. El nuevo rey juntó un grueso ejército, y nombrando por general á Paulo, griego de nación y capitán muy experto y entendido, le mandó á la Galia gótica, con título y nombre de procurador de Aquitania, para que recobrase el señorío del país y castigase á los rebeldes.”[12]

“Este Paulo es casi con toda seguridad el que aparece como «Paulo, conde los notarios», que fue uno de los dieciocho funcionarios cortesanos que en 653 firmaron las actas del VIII Concilio de Toledo, y con el mismo título figura uno de los cuatro magnates que dieron fe con su firma en las actas del IX Concilio de Toledo en 655.” [13] (693 de la era Hispánica, conforme reza el concilio).

Era pues, un hombre del oficio palatino cuya actuación nos demuestra el nivel de degradación de la nobleza visigoda; “Paulo maquina utilizar la revuelta narbonense en su propio beneficio, se gana a Ranosindo, dux de la Tarraconense, al gardingo Hildigiso que probablemente le acompañaba comandando una parte de las tropas de élite del ejército y con ellos enseguida consigue que una parte de la Tarraconense acabe sumándose a los sediciosos. Parecen asumir el liderazgo de Paulo quien, para reforzar su posición, recluta contingentes vascones y llama en su apoyo a los francos que envían un importante cuerpo de guerreros”[14]

“Marchó a Zaragoza y luego a Narbona. Allí se le unieron el dux de la Tarraconense, Ranosindo, y otros rebeldes y le proclamaron rey. No se trataba sólo de un rival de Wamba. Paulo y los suyos buscaban la secesión de Septimania y Tarraconense para constituir un nuevo reino, y de hecho Paulo le envió a Wamba negociadores que llegasen a un arreglo sobre esta base. Este hecho no tenía precedentes en la historia visigoda, porque para los visigodos el reino era patrimonio del pueblo, no un patrimonio personal que pudiera dividirse a la muerte de su dueño.”[15]


[1] Colección de Cánones y de todos los concilios de la Iglesia de España y de América

https://play.google.com/books/reader?id=0Mj41Zl8U58C&printsec=frontcover&output=reader&authuser=0&hl=es&pg=GBS.PA396

[2] Historia Antigua de la Península Ibérica.

[3] Historia Antigua de la Península Ibérica.

[4] Colección de Cánones y de todos los concilios de la Iglesia de España y de América
https://play.google.com/books/reader?id=0Mj41Zl8U58C&printsec=frontcover&output=reader&authuser=0&hl=es&pg=GBS.PA213



[7] Anónimo. Rebelión en Septimania. http://historiauge.blogspot.com.es/2008/01/rebelin-en-septimania-i-parte.html

[8] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[9] Merino, Ignacio. Los Visigodos. http://anatomiadelahistoria.com/wp-content/uploads/2012/03/los-visigodos.pdf

[10] Amorós, Luis I. Dos Familias.

[11] COLLINS, Roger. La Espana Visigoda (409 -711). http://es.scribd.com/doc/134353000/COLLINS-Roger-La-Espana-Visigoda-409-711

[12] Angelon, Manuel. Crónica General de España. Crónica de la Provincia de Barcelona. http://booksnow2.scholarsportal.info/ebooks/oca9/3/crnicagenerald00madr/crnicagenerald00madr_bw.pdf

[13] COLLINS, Roger. La Espana Visigoda (409 -711).

[14] Diaz Martinez, Pablo C. La Dinámica del poder y la defensa del territorio. http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/DA399C57-3C97-4D44-B9D7-1E81B9EF4A4D/255871/SemanasMedievales39web.pdf

[15] Anónimo. El reino de Toledo. De Wamba a Rodrigo. http://www.historialago.com/leg_visig_0214.htm

[16] Angelon, Manuel. Crónica General de España. Crónica de la Provincia de Barcelona.

[17] Amorós, Luis I. Dos Familias.

[18] Angelon, Manuel. Crónica General de España. Crónica de la Provincia de Barcelona.

[19] MOLINA GÓMEZ, JOSÉ ANTONIO. LAS CORONAS DE DONACIÓN REGIA DEL TESORO DE GUARRAZAR: LA RELIGIOSIDAD EN LA MONARQUÍA VISIGODA Y EL USO DE MODELOS BIZANTINOS. http://interclassica.um.es/var/plain/storage/original/application/69966498d7b7ef5b2c4671e2522cddee.pdf

[20] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.


[22] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[23] Seo de Urgel. http://ddd.uab.cat/pub/llibres/1880/59816/albhispin_a1880n32.pdf

[24] Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de los heterodoxos españoles.http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/historia-de-los-heterodoxos-espanoles/html/.

[25] CORDERO NAVARRO, Catherine. El problema judío como visión del «otro»

[26] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.


[27] EL REINO VISIGODO Aproximación a la edad media.


[28] Miranda Calvo, José. EL CABALLO Y SU UTILIZACIÓN CASTRENSE DURANTE LA

ETAPA VISIGODA. XV Congreso Nacional y VI Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria. http://www5.colvet.es/aehv/pdf/CONGRESO%20Toledo%20redux.PDF

[29] COLLINS, Roger. La Espana Visigoda (409 -711).

[30] Angelon, Manuel. Crónica General de España. Crónica de la Provincia de Barcelona.

[31] Orlandis Rovira, José. Revista de Historia Militar nº 91. http://www.portalcultura.mde.es/Galerias/revistas/ficheros/RHM_091.pdf

[32] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[33] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[34] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[35] Angelon, Manuel. Crónica General de España. Crónica de la Provincia de Barcelona.

[36] Martín Prieto, Pablo. TALLER DE HISTORIA MEDIEVAL

http://audema2011.files.wordpress.com/2013/02/apuntes-de-h-medieva-abril.pdf

[37] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[38] Bronisch, Alexander Pierre. El concepto de España en la historiografía visigoda y asturiana. http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=10&ved=0CHUQFjAJ&url=http%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F2566373.pdf&ei=FG99UuPPJOXA7AbwqIEo&usg=AFQjCNGXxE71QV_j385ACHFK380koum-rg&sig2=dDI3ByJWd6e3gW2hpLHNOw

[39] Esteban Ribas, Alberto Raúl. La Rebelión de Paulus.

[40] Anónimo. Cronología histórica http://cronologiahistorica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=230:ano-673&catid=11&Itemid=108

[41] Beltrán Torreira, Federico M. Siervos del Anticristo.dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/814510.pdf‎

Fuente: http://tradiciondigital.es/2013/12/02/ii-2-la-rebelion-de-paulo/

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