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jueves, 14 de mayo de 2015

Los Reyes Viejos en la Catedral de Toledo (I)

La catedral de Toledo es obra del siglo XIII, época del arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada y del rey Fernando III el Santo.

Ximénez de Rada fue nombrado arzobispo de Toledo en 1209 y desde el principio de su mandato defendió la primacía de la sede toledana.

Inicialmente la catedral se había instalado en la antigua mezquita mayor y a comienzos del siglo XIII el edificio se encontraba ruinoso.

Ximénez de Rada pensó en construir un nuevo templo acorde con la importancia de una sede primada, y se volcó con entusiasmo en el proyecto.

En 1227 el propio Fernando III asistió en persona al inicio de las obras.

Alfonso VII de León, hijo de la reina Urraca de León y del conde Raimundo de Borgoña, fue el primer rey leonés de la Casa de Borgoña, línea que se extinguirá con la muerte de Pedro I el Cruel.

Alfonso retomó la vieja idea imperial visigoda y el 26 de mayo de 1135 fue coronado Imperator totius Hispaniae (Emperador de España)
en la catedral de León, recibiendo homenaje, entre otros, de su cuñado Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.

Murió en las inmediaciones de Despeñaperros en 1157. Dispuso ser enterrado en Toledo, pues la ciudad «antiquitus fuerat sedes episcopalis tempore Ildefonsi archiepiscopi et Recaredi regis, quando tota illa terra christianorum erat».

Su sepulcro fue colocado en la catedral, en la Capilla del Espíritu Santo.

Sancho III el Deseado, hijo de Alfonso VII y Berenguela de Barcelona, sucedió a su padre en 1157.

En 1158 recibió de los templarios la renuncia a mantener la defensa de la plaza fronteriza de Calatrava que les había sido concedida por Alfonso VII en 1147, y entregó la tenencia de la fortaleza al abad Raimundo de Fitero y al caballero Diego Velázquez, que fundaron la Orden de Calatrava.

Sólo reinó un año, de agosto de 1157 a agosto de 1158. Murió en Toledo, con 24 años, pese a lo cual el pintor José María Rodríguez de Losada, que en siglo XIX hizo una serie de retratos de reyes que se conservan en el Ayuntamiento de León, lo representó como un anciano. Le sucedió su hijo Alfonso VIII.

Fue enterrado junto a su padre en la Capilla del Espíritu Santo de la catedral.

Sancho IV el Bravo comenzó a reinar en 1284. Era hijo de Alfonso X de Castilla y de Violante de Aragón, hija de Jaime I el Conquistador.

Sancho IV concibió la idea de convertir la catedral de Toledo, con su condición de primada, en panteón real.

En León y Castilla no existió un santuario exclusivo como lugar de enterramiento regio. Los reyes leoneses y castellanos se hicieron enterrar en iglesias y conventos construidos o elegidos por ellos.

Alfonso VIII ordenó erigir el real monasterio cisterciense de las Huelgas de Burgos, el panteón real por antonomasia de Castilla. Pero Sancho IV lo sustituirá por Toledo.

A pesar de su permanente mala salud y de la enfermedad que precedió a su fallecimiento, don Sancho estaba convencido de que su óbito no se debería a una dolencia natural, sino que la causa de su muerte serían sus numerosos y graves pecados:

«Ca bien cred que esta muerte que yo muero non es muerte de dolencia, mas es muerte que me dan mios pecados, et sennaladamente por la maldición que me dieron mios padres por muchos merecimientos que les yo merecí».

Así se lo comunicaba, arrepentido y apesadumbrado, don Sancho a su primo don Juan Manuel en una conversación mantenida en el convento de las dominicas de Santo Domingo el Real de Madrid, un par de meses antes de fallecer en Toledo.

Don Sancho vivía obsesionado por el recuerdo de haber sido maldecido y desheredado públicamente por su padre, contra el cual Sancho se había sublevado.

Para compensar esa maldición, don Sancho quería morir bien y dar testimonio público de ello.

En 1284 fue coronado por cuatro obispos en la catedral de Toledo.

En 1285 dispuso en un privilegio rodado ser enterrado en la catedral de Toledo, anulando una disposición anterior en la que mandaba ser inhumado «en la casa del convento de los ffreyres menores de Toledo».

Y explicaba el porqué de su elección:

En Toledo, porque «la muy noble cibdat de Toledo es cabeça de toda Espanna e logar que amaron mucho los reyes e fue siempre muy preciada e mucho onrrada de antiguedat a acá».

En la catedral, porque, aunque fuera mucho su fervor por San Francisco, mayor era su devoción a Santa María, bajo cuya advocación se halla la catedral.

Y además «porque en esta sancta eglesia recibiemos por la gracia de Dios la onrra de my coronamiento guando fuemos recebido por rey».

En Castilla la ceremonia de la coronación no se consideraba imprescindible para ser rey. La de Sancho IV en Toledo constituyó un hecho excepcional, la primera coronación desde 1111.

Pero para don Sancho, maldito y desheredado por su padre, era esencial que sus súbditos lo vieran asumiendo la corona paterna, la corona que Alfonso X había convertido en símbolo de la legitimidad dinástica al ordenar en su testamento que debía poseerla su sucesor legal, que, a su entender, era su nieto Alfonso de la Cerda.

La coronación por los obispos legitimaba el acceso de don Sancho al trono. Y convertía la catedral de Toledo en referencia simbólica de su reinado.

Don Sancho fundó en la catedral una capilla en la que ser enterrado:
La Capilla de la Santa Cruz.

Una vez terminada, en 1289, ordenó el traslado a ella de los restos de Alfonso VII y Sancho III, que se encontraban en la Capilla del Espíritu Santo.

También fue trasladado al nuevo panteón, según recogen los Anales Toledanos, el cuerpo del cuarto rey de Portugal, Sancho II, llamado Sancho el Piadoso y también Sancho Capelo, por el sombrero que usaba, y que murió en Toledo en 1248, cuando estaba acogido a la protección del rey castellano Fernando III porque su hermano le había usurpado el trono.

El primero en ser enterrado en el nuevo panteón no fue un rey, sino un arzobispo de Toledo, tío de Sancho IV:  El infante Sancho de Aragón, hijo de Jaime I el Conquistador y de Violante de Hungría.

En 1266, a los 16 años, don Sancho fue nombrado arzobispo de Toledo; su padre asistió a su toma de posesión. En 1275, a los 25 años, murió degollado por los árabes en Jaén.

Su cadáver fue trasladado a Toledo y enterrado debajo de las gradas del altar en la capilla real.

El ataúd fue abierto en 1503, cuando se realizaron las obras de ampliación del presbiterio, pero en la actualidad se desconoce la ubicación de los restos.

Es incluso posible que, con anterioridad a Sancho de Aragón, fuera enterrado en la capilla otro arzobispo de Toledo de linaje real: El infante Sancho de Castilla, hijo de Fernando III el Santo y de Beatriz de Suabia.

Don Sancho fue nombrado arzobispo en 1259, cuando contaba 26 años. Falleció en 1261.

Existe controversia sobre el paradero de sus restos, que no se han encontrado.

Algunas fuentes aseguran que don Sancho recibió sepultura, como miembro de la familia real castellana, en la Capilla de la Santa Cruz de la catedral de Toledo.

El historiador Ricardo del Arco y Garay, en la obra Sepulcros de la Casa Real de Castilla, indica que los restos del infante-arzobispo se encuentran en el presbiterio, en una hornacina sin estatua yacente,
en el lado de la Epístola, junto al sepulcro de Sancho IV. Sin embargo, el cadáver no se ha localizado.

Se ha apuntado que su lugar de enterramiento pudo no haber sido Toledo sino el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos, en un sepulcro de piedra que la tradición del cenobio atribuía a Alfonso X (que en realidad está enterrado en la catedral de Sevilla, junto a su padre Fernando III).

Sancho IV murió en 1295, y recibió sepultura, tal como había dispuesto, en la Capilla de la Santa Cruz.

Poco antes de morir, tomó el hábito de la orden franciscana.

El sepulcro en el que fue enterrado había sido labrado en vida del rey, pero en 1308 su viuda, María de Molina, lo sustituyó por otro más suntuoso.

En 1338 fue inhumado en el panteón real el infante Pedro, señor de Aguilar, hijo ilegítimo de Alfonso XI de Castilla, primero de los diez hijos que tuvo con Leonor de Guzmán, y que murió con 8 años.

Publicado por Caminante
http://buscandomontsalvatge.blogspot.com.es/2013/10/toledo-catedral-reyes-viejos.html

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