viernes, 17 de julio de 2020

Don Pedro Gonzalez de Mendoza, el Gran Cardenal


Don Pedro González de Mendoza (1428-1495), conocido como el “Gran Cardenal”, quinto hijo de don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, fue una de las figuras más brillantes de la aristocracia castellana en la segunda mitad del siglo XV, en el paso del medievo a la Edad Moderna.

Autor Anónimo. Escuela hispano-flamenca. El cardenal don Pedro de Mendoza orando ante San Pedro. 1490-1495. En deósito en el Museo de Santa Cruz de Toledo propiedad del Museo del Prado (1)

Rodeado del ambiente culto y erudito de su familia y con una sólida formación, primero en Toledo junto a su tío el arzobispo Gutierre Álvarez de Toledo, donde estudió Retórica, Historia y Latín, y después en la Universidad de Salamanca, donde adquirió conocimientos en Cánones y Leyes, doctorándose tanto en Derecho civil como eclesiástico, a lo largo de su carrera alcanzó las dignidades de obispo de Calahorra, Santo Domingo de la Calzada y Sigüenza, arzobispo de Sevilla y Toledo y Cardenal por nombramiento del papa Sixto IV, bajo la advocación de Santa María in Dominica que luego cambio por la de Santa Cruz.

Durante los conflictos anteriores a la llegada al trono de Isabel la Católica, don Pedro estuvo a favor de la sucesión de la princesa Juana, apodada “la Beltraneja”, hija de Enrique IV y de Juana de Portugal, enfrentándose al arzobispo de Toledo don Alfonso Carrillo de Acuña y a don Juan Pacheco, marqués de Villena, sus grandes rivales en la corte, que defendían la sucesión de los príncipes Alfonso e Isabel, hermanos de padre del rey. 





Pero en 1473, posiblemente por la rivalidad en la carrera eclesiástica y política con el propio Carrillo y quizá por las promesas que recibiera del Cardenal Borgia, futuro papa Alejandro VI, en cuanto a las grandes mercedes que recibiría en relación con el apoyo a la boda del príncipe Fernando de Aragón con la princesa Isabel de Castilla, don Pedro decidió pasarse al bando de esta última, un apoyo que vino acompañado del de toda la familia Mendoza, pues él había heredado el liderazgo a la muerte de su padre, y que fue decisivo para que ésta accediera al trono, convirtiéndose, además, en uno de los principales consejeros de los Reyes Católicos.

Como casi todos los Mendoza, don Pedro también fue un destacado mecenas de las artes, uno de los introductores del nuevo estilo renaciente italiano en la península mediante el patrocinio de grandes obras arquitectónicas en la provincia de Guadalajara, enclave principal de las posesiones de la familia, como la casa-palacio de gran fama en lo siglos XV y XVI pero que quedó destruida en un incendio en el XVII.

Su labor también se extendió a los lugares en los que detentó cargos eclesiásticos, destacando el Colegio Grande de San Antonio de Portaceli en Sigüenza, después convertido en Universidad, el Colegio de Santa Cruz en Valladolid, o el Hospital de Santa Cruz de Toledo, a favor del que testó toda su fortuna.

Fachada del Hospital de Santa Cruz de Toledo

Galería del crucero del Hospital de Santa Cruz de Toledo

Además, también patrocinó obras fuera de la península, como la reedificación completa de la iglesia de Santa Croce en Roma y la consolidación de la iglesia del Santo Sepulcro y la construcción de otro templo bajo la advocación de la Santa Cruz en Jerusalén.

Tuvo dos hijos con la portuguesa doña Mencía de Lemos, dama de la reina Juana de Portugal, legitimados por Isabel I, para los que después Sixto IV concedió autorización para testar y que recibieron la verdadera legitimación de Inocencio VIII, y otro hijo más con doña Inés de Tovar.

Murió en Guadalajara y recibió sepultura en presbiterio la catedral de Toledo en el que quizá fuera el primer sepulcro de tipo renacentista de Castilla, acaso diseñado por Antonio Sansovino a su paso hacia Lisboa.


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