miércoles, 31 de diciembre de 2014

El Nacimiento de los Cigarrales en el Siglo XVI y su desarrollo en el Siglo XVII (I)

EL NACIMIENTO DE LOS CIGARRALES EN EL SIGLO XVI Y SU DESARROLLO EN EL SIGLO XVII.

Como hemos visto, no es que en los alrededores de Toledo no existieran fincas rústicas de recreo durante la Edad Media cristiana, la primera fue la Huerta del Rey, propiedad de la aristocracia urbana desde fines del siglo XIV, a la que siguió la huerta del Marqués de Villena a finales del siglo XV que, con el tiempo, se convirtió en el Cigarral del Ángel. Pero, en general, estas propiedades se sitúan en las vegas, aprovechando las posibilidades de regadío del río y no todavía en los riscos del sur del torno del Tajo.

Lucio Marineo Sículo, en el primer tercio del siglo XVI habla de los sotos de los alrededores de la ciudad como “Los más fértiles y fructíferos de toda España, los cuales sotos tienen en largo por la una y por la otra parte más de cinco millas, y por la otra parte occidental otro tanto”. Ensalza mucho los olivares, viñas y almendros y otros árboles que se criaban en los alrededores ciudadanos

A Pedro de Alcocer en 1554 no le llamaron la atención los cigarrales, ya que no hizo referencia a ellos, sino las huertas y el arbolado de las vegas: “Es el asiento desta ciudad alto, áspero, firmísimo y inexpugnable: fundado sobre una alta montaña de dura y brava peña del tamaño della misma, cercada quasi en torno del famosísimo río Tajo, que a la forma de una herradura, cerca la mayor parte della: cuyos callos o extremos, son la entrada y salida de él, que por una pequeña distancia se aparta el uno del otro, quedando esta ciudad en medio de él a manera de isla. 

Y puesto que las riberas deste río, antes de llegar a la ciudad y después de apartado de ella van coronadas de frescas y hermosas arboledas, llena por todas partes de sotos y huertas, con gran muchedumbre de árboles frescos y deleitosos (...) Adorna mucho a esta ciudad, la frescura de sus sotos, huertas y arboledas fructíferas que entorno a ella hay.”

Será Hurtado de Toledo quien tenga el honor de ser el que primero cite el nombre de cigarrales en su obra de 1576:

“Aunque Toledo por su antigüedad y cultivación no tiene montes cercanos de donde ser de leña proveída, tiene a tres o cuatro leguas el común que llaman, donde queriendo enviar qualquier ciudadano fácilmente de gracia es proveído, y no solamente de la leña que se puede quemar, mas también madera para los arcos de las cubas, exes de carros y otros servicios agrestes, demás de esto como haya en sus sotos, vegas, montes, muchos cigarrales y casas de recreo, siempre hay alguna leña (...)”. En este caso distingue los cigarrales de las casas de recreo.

En el Capítulo 21, “De las riberas, sotos, huertos, frutos y pescados cercanos a la dicha ciudad“, describe las distintas propiedades de recreo que se extienden en los alrededores urbanos, tanto en las vegas como en la meseta cristalina:

“En las riberas del río Tajo, legua y media antes que llegue a Toledo, a la parte de oriente, comienzan de un lado y de otros, dos fertilísimos y amenos sotos, cuyo comienzo es la huerta de Higares que con sus molinos, iglesia y dehesa, posee el caballero de la Orden de Calatrava (...) llamado don García de Toledo, señor de Higares. De aquí se siguen como dicho es las dos riberas de sotos, llamadas el soto
del Lobo y el soto del Cardete.

 La mayor parte de la arboleda de estos sotos son membrillares (...) es grande su cosecha, dura en los árboles desde el mes de julio hasta diciembre y en las cámaras todo el año (...)Tienen así mismo estos sotos grande copia de vides de uva temprana, suave y delicada ciruela de todas suertes y tiempos, manzana xavi, más suaves que camuesas de la Vera...y hay albérchigas y
albaricoques, aunque por temor de los muchos ladrones y por ser fruta de precio, con las peritas que dicen de San Silvestre y vinosas, sus dueños las van extirpando.

Síguese al soto que está cabe la ribera del río al oriente, la casa, heredad y huerta que dizen de Rodrigo Niño, la qual está a media legua de la ciudad, dende la qual hasta la casa y el jardín artificioso de don Antonio de Córdova, caballero de la Orden de Santiago, hay muchos tejares de teja y ladrillo(...) Está luego la casa y jardín de Alonso Manrique, dende la qual comienza la celebrada y amena huerta que llaman del Rey (...) en esta huerta hay todo género de hortaliza de que la ciudad es
proveída y los mejores cardos de España. Abundan también esta huerta de la fruta que de los sotos hemos contado y de las venenosas berenjenas (...) Al lado de esta huerta están los mesones, abrevadero y parador de los carros que vienen con trigo y carbón y otras provisiones (...)

En la otra parte la ribera del río hacia poniente dende Higares, se sigue, como dicho es, el otro soto y de él se deriva una hermosa y pequeña población llamada Azuqueica, nombre árabe que es la junta de las caserías de los herederos de dicho soto. De nuevo en este lugar se han labrado algunas buenas casas de morada y recreo como son las del jurado Alonso Sánchez Hurtado, las del doctor Toro y otras que se van labrando. A este soto se sigue el pago de Calencas y huerta de Alaytique de mucha frescura y recreo, en la cual está una de las más famosas azudas de este río. 

Debajo de esta huerta ha dejado el río por descargar su conciencia lo que muchos años antes había comido y robado, en lo qual se ha plantado un badén y membrillar fertilísimo. Dende aquí va una ancha rambla, donde están formadas muchas casas de morada (...) Síguese de aquí el río llano, que por la Puerta Nueva sirve en sus molinos, y a los que se proveeen de agua limpia antes que entre en la
ciudad, y lugar cercano para las lavanderas, fácil y llano para lavar.

Entre este brazo de río y ese otro que se divide al abrevadero de la Huerta del Rey, está una viña y arboleda muy fértil (...)enfrente de esta isla está una pequeña huerta que dicen de San Pablo, cuyos edificios están arruinados Después de haber cercado este río la ciudad, sale debajo de la Puente de San Martín a la llana vega, donde, aunque pequeñas hay muchas huertas cercanas y deleitosas en sus riberas, y otra isleta, que dende las vistillas de Santo Agustín da notable recreo su vista. Y a la parte del poniente, enfrente del Pradillo y lo que llaman las azudas, está la huerta y casa de campo del Marqués de Villena, la Huerta del Comendador y Vega de San Román y Corral Rubio, heredad y presa de los frailes Jerónimos de las Sisla...”

En el Capítulo 45 en que habla de “las casas, cortijos, jardines, heredades y labranzas cercanas a Toledo y de donde se provee”, es donde afina su concepto de Cigarral y propone una etimología para la palabra:

“De las casas, cortijos y heredades que hay cercanas de esta ciudad se puede poner poca cuenta, porque algunas de ellas son de tan pequeño sitio que parecen sepulturas o celdas de frailes cartujos, tiene algunas cuatro arbolicos, una fontezuela y una pieza de tapias o enramada paxiza, esto a la parte de poniente, donde llaman Solanilla o Morterón. Lo que se puede poner en alguna memorias es esto, dando la vuelta al circuito redondo: a la parte de oriente una casa y jardín que ha labrado don Antonio de Córdova, caballero de la Orden de Santiago...síguese a esta, la Huerta del Rey, que sin tocar en su fruta, es libre entrada para los que en sus veredas y riberas se quisieren recrear. 

De la otra parte del río, las casas que llaman de Capiscol, que al presente posee don Juan Zapata de Sandoval, están cabe Lázaro Buey, y de allí vienen por las azudas al jardín y casa del secretario Vargas. Al poniente el dicho cerro de Solanilla o Morterón está la casa de Hernán Pérez de Guzmán con su huerta, la casa del marqués de Villena, aunque arruinada y caída; la casa y huerta de don Gutierre de Guevara, la huerta y casa del arcediano de Segovia, la casa y bosque que labró Diego López de Ayala, obrero y canónigo de la Santa Iglesia de Toledo; la casa, huerta y pozo de Fernán Suárez Franco que labró Juan López de León; la estancia de San Pedro de Sahelices; la casa de don García; la casa y huerta de la Sisla; la casa y soto y dehesa de las Nieves que es de los frailes dominicos. Todas estas casas y huertas por la esterilidad del agua y por la mucha frecuentación de las gentes de esta ciudad y poco cuidado o posibilidad de sus dueños son muy estériles y de poco provecho y de mucho gasto, por lo qual, corrompido el nombre de cigarrales, los llaman algarreales.”

El padre jesuita Jerónimo Román de la Higuera (1538-1614) en su “Historia Eclesiástica de la Imperial Ciudad de Toledo” comenta: “Hállanse en contorno de esta ciudad muchos cigarrales, así dichos porque en el estío cantan allí mucho las cigarras, y por la mayor parte son los más preciados, que están fuera de la puente de San Martín y, entre otros, (...) el que labró no lejos del monasterio de San Bernardo el Ilmo. Sr. Don Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, gastando en él cerca de cien
mil ducados, donde tiene estanques, huertas y jardines muy lindos, fuentes, baños y todo género de recreación (...)

En general el temple y aires de estos cigarrales son los más saludables de toda la tierra. Cógense en estos altos las mejores rosas, más hermosas y de mayor virtud de toda España (...) Tiene más nuestra ciudad por particular regalo las mejores damascenas que se hallan en España, así en grandeza, color blandura y sabor, que se crían en estos cigarrales de secano (...) Tiene también esta ciudad dos sotos, el del Lobo y el del Cardete donde se recogen los mejores membrillos de toda España (...)”

Francisco de Pisa en su “Descripción de la Imperial ciudad de Toledo”, escrita en 1605 también nos especifica los propietarios de los cigarrales, en el Capítulo XV, “De otras huertas, cigarrales y sotos que hay fuera de los muros”:

“Tiene esta ciudad fuera de los muros gran abundancia de huertas, jardines, cigarrales y casas de campo donde se halla todo género de árboles frutales, hortalizas y flores que, además de provecho que dan para el sustento, sirven de recreación, entretenimiento y salud. El río Tajo con su curso y rodeo alegra la ciudad y la enriquece de mantenimientos, por entrambas riberas, la superior, la que mira al Oriente, por el espacio de la famosa legua, amena y deleitosa, con abundancia de huertas, árboles y alamedas; la inferior y más baxa, hace el mismo oficio: entre las quales la principal huerta es la que llaman del Rey, que en medio tiene los palacios o baños llamados de Galiana. Al Occidente, a la orilla o ribera del Tajo hay otras mil huertas, desde Santa Leocadia la de fuera, con el vergel del secretario Vargas, y de las callejuelas, hasta San Pedro el Verde, y la huerta que llaman del Capiscol.

Autores: Alfonso Vázquez González y Pilar Morollón Hernández
Fuente: http://abierto.toledo.es/open/urbanismo/03-CIGARRALES/Memoria/Historico.pdf

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