viernes, 15 de mayo de 2015

Los Reyes Viejos en la Catedral de Toledo (y II )

Desde Sancho IV, y hasta Enrique III, Toledo se convirtió en lugar de enterramiento de los monarcas castellanos, sustituyendo así a otros lugares.

No se tiene un conocimiento exacto de cómo era la catedral en esos tiempos, ni se sabe cómo era la primitiva Capilla Real.

Los Anales Toledanos indican que se hallaba detrás del altar mayor. Lo único que se sabe es que el presbiterio primitivo estaba dividido en dos partes:

la delantera, ocupada por el altar, y la trasera, que acogería la Capilla Real.

A finales del siglo XV, en la época de Cisneros, el presbiterio, donde se ubicaba la Capilla de la Santa Cruz, se había quedado pequeño.

El Cardenal pidió permiso a los Reyes Católicos  para proceder a una reforma.

Una vez obtenido el consentimiento, demolió la primitiva Capilla Real.

















El culto funerario de los reyes fue trasladado a una de las capillas de la girola, en el lado de la Epístola, la capilla del Espíritu Santo, espaciosa y cercana al altar mayor.

Capilla que pasó a denominarse de la Santa Cruz (conocida después como Capilla de los Reyes Viejos).

Sobre la hoy desaparecida sillería figura la siguiente inscripción:

ESTA CAPILLA DEL REY DON SANCHO DE GLORIOSA MEMORIA FUE FUNDADA SO INVOCACIÓN DE LA CRUZ DO ESTÁ AHORA EL ALTAR MAYOR DE ESTA SANTA IGLESIA, Y, QUEDANDO LOS CUERPOS DE LOS REYES A LOS LADOS DEL ALTAR, FUE TRASLADADA AQUÍ POR MANDADO DE LOS CATÓLICOS PRÍNCIPES DON FERNANDO E DOÑA ISABEL, NUESTROS SEÑORES, EN 18 DE ENERO DE 1498 AÑOS.

Así pues, si bien se trasladó la capilla, los cuerpos permanecieron en el enterramiento inicial, convertido en altar mayor.

Cisneros mandó edificar la actual Capilla Mayor en el lugar que ocupaba la Capilla de la Santa Cruz.















Para alojar adecuadamente los restos de los reyes allí sepultados, encargó al escultor Diego Copín de Holanda unos mausoleos que fueron colocados en el nuevo presbiterio.

Allí continúan pues los restos mortales de los reyes Alfonso VII, Sancho III y Sancho IV y del infante don Pedro.

De las rejas laterales que cerraban la capilla en el siglo XIII sólo se conserva la del lado de la Epístola.

La del lado del Evangelio fue sustituida hacia 1500 por el sepulcro del Cardenal Mendoza, por encargo de Isabel la Católica.

Cierra el frontal de la capilla una reja renacentista rematada con el escudo de Carlos I.

En 1947 el gobierno portugués de Oliveira Salazar solicitó los restos del destronado rey luso Sancho II.

Se le suponía enterrado en la primitiva Capilla Real, junto a los reyes castellanos.

Se abrieron entonces las cuatro tumbas del presbiterio, se revisaron los restos, comprobándose sus identidades, y se sacaron de los ataúdes algunos objetos. Pero no se encontró el cuerpo del rey portugués.

Tampoco se encontraron los restos de los dos arzobispos de Toledo de linaje real, Sancho de Castilla y Sancho de Aragón.

Sobre los enterramientos de los llamados Reyes Viejos se han escrito muchas imprecisiones.

Juan Francisco Rivera Recio, canónigo-capellán mayor de la capilla de reyes, presenció la apertura de las tumbas y en 1985 trataba de aclarar confusiones.

Según la descripción de Rivera, la ubicación de los restos es como sigue:

En el lado del Evangelio:





Alfonso VII en la parte inferior, Sancho III en la superior.
En el lado de la Epístola: Sancho IV en la parte inferior, Don Pedro en la superior.

Se trata de dos monumentos funerarios situados a ambos lados del presbiterio, enfrentados.

La disposición de ambos mausoleos es similar. Cada uno de ellos contiene dos estatuas yacentes bajo arcosolios.

Las estatuas aparecen en un plano oblicuo para facilitar su contemplación. Las imágenes están ejecutadas en madera labrada y policromada.

Alfonso VII es retratado con barba, corona, túnica, manto y chapines.

Sancho IV figura lampiño, con hábito franciscano y descalzo, y su mano derecha esboza un “mea culpa”.

Cuando se abrieron las tumbas, se encontró lo siguiente:

El cadáver de Sancho IV estaba momificado. Vestía sólo unos calzones y llevaba a la cintura un cordón de San Francisco y los pies cubiertos con calzado de cuero.

Don Sancho fue el primer rey castellano en romper con la tradición de enterrarse con el manto escarlata y los ropajes bordados en oro, plata y seda. Llevaba, eso sí, corona, espada y espuelas.

El cuerpo se encontraba envueltoen  una rica colcha de valioso tejido oriental. Este edredón no se ha devuelto a la tumba. Conserva en su mitad una mancha oscura, consecuencia del proceso de descomposición del cadáver, y un olor a cadaverina imposible de eliminar, pese a haber sido ventilado durante años.

El otro ataúd del lado derecho contenía los restos de un niño, del que sólo se conservaban los zapatos. Se supuso que correspondían al bastardo de Alfonso XI.

En los dos sarcófagos del lado izquierdo se encontraron cenizas de gusanos necrófilos.

Entre los restos de Alfonso VII había, casi intacto, un almohadón aún mullido, forrado con una tela decorada con leones y flores de lis.

El entonces cardenal-arzobispo de Toledo dispuso que el cadáver de Sancho IV fuera vestido con un hábito franciscano, y depositado de nuevo en su cenotafio.

Se retiraron para su futura exhibición, además de la mencionada colcha mortuoria, la corona, la espada y las espuelas de Sancho IV, la almohada de Alfonso VII y las espuelas del infante don Pedro de Aguilar. Todo ello se conserva en el cabildo de la catedral.

La corona es probablemente la misma con la que don Sancho fue coronado.

Generalmente cada rey se hacía su corona para  u coronación, pero Sancho utilizó la corona de su padre, la que Alfonso X legó en su testamento a «aquel que con derecho e por nos heredare León».

Es una pieza única en España, puesto que los franceses saquearon los sepulcros de las Huelgas, donde podría haber más joyas de este tipo.

Está hecha de plata dorada, con cuatro zafiros y cuatro camafeos de ónice. El modelo de placas articuladas es bizantino. El remate de castillos de tres torres es gótico.

El zafiro es una de las piedras preciosas más valoradas en la Edad Media; los de esta pieza, por tamaño y color, son excepcionales; uno se encuentra en bruto pero los demás han sido tallados con forma geométrica:
cuadrada, rectangular y octogonal. 

Los camafeos son de los siglos I y II; los reyes hispanos desde la época asturiana son muy aficionados a coleccionar piezas antiguas, de época romana o visigoda, que reutilizan en sus propias joyas.

La espada es de acero y bronce, con esmaltes rojos y blancos y cristal de roca. La vaina es de madera, cuero rojo, tejido color verde y bronce.

Mide 101 centímetros de longitud total, siendo 83 centímetros la longitud de la hoja.

Su estilo es una síntesis de lo cristiano y lo islámico. La empuñadura es de tipo musulmán.

Hay adornos de escritura cúfica.

La empuñadura está tallada en madera, adornada con escudos de Castilla y León, esmaltados sobre una lámina de oro protegida por una placa de cristal de roca incrustada en la madera.

La hoja está deteriorada por la corrosión y en ella se aprecian restos de una inscripción en letra gótica.

No es una espada de combate, dada la fragilidad de los materiales de la empuñadura. La vaina es sencilla en comparación con la calidad de la espada, lo que sugiere que era de uso diario; probablemente se trata de la espada favorita del monarca.


En el monasterio de las Huelgas, en Burgos, se conservan dos sepulcros en los que la tradición del cenobio sostiene que descansan los restos de Alfonso VII y Sancho III.

Pero en dichos enterramientos quienes están sepultados son el infante Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X, y su hijo primogénito Alfonso de la Cerda. Los sepulcros están adornados con los escudos de armas de ambos.

Publicado por Caminante 
http://buscandomontsalvatge.blogspot.com.es/2013/10/toledo-catedral-reyes-viejos.html

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