sábado, 26 de diciembre de 2015

«La Alberquilla» de Toledo, una finca ilustrada

En la vega del Tajo destaca la presencia de una singular edificación de estilo neomudéjar, una explotación agrícola cuyo pasado literario es excepcional, con invitados tan ilustres como Benito Pérez Galdós

Casa principal de “La Alberquilla”, buen ejemplo del estilo neomudéjar toledano, singular explotación agraria en la vega del Tajo (Foto, Ayuntamiento de Toledo)

Galdós, junto a Sergio Novales y su sobrino Hurtado de Mendoza, en la finca toledana. «Melejo», sobre el pescante de coche de caballos, fue un cordial compañero de excursiones para el escritor canario.

Durante años, Pérez Galdós dispuso en “La Alberquilla” de una estancia para desarrollar su creación literaria (Foto, Alfonso)

A pocos kilómetros de Toledo, en la vega del Tajo, hacia Algodor destaca la presencia de una singular edificación de estilo neomudéjar. Es la casa principal de la finca «La Alberquilla», una de las explotaciones agrícolas más destacadas de la capital regional, cuyo pasado literario es excepcional.

Asentada sobre terrenos de una antigua villa romana, en ella alojó su extraordinaria biblioteca Bartolomé José Gallardo, uno de los grandes bibliógrafos españoles del siglo XIX, y en sus estancias escribió cientos de páginas el irrepetible Pérez Galdós, quien durante temporadas se alojó allí, en lo que denominaba su «Arabia feliz».

Desde antiguo los terrenos donde se encuentra «La Alberquilla» fueron apreciados tanto para su explotación agrícola como para otras actividades. Durante el verano de 2003, como resultado de las excavaciones realizadas con motivo de las obras de la línea del AVE Toledo-Madrid, se localizaron allí un horno de producción cerámica de la Edad del Hierro, restos de otras estructuras similares y numerosas muestras de cerámica carpetana. 

Casi un siglo atrás, en 1929, al realizarse obras de desmonte para el ferrocarril Toledo-Bargas, aparecieron diferentes restos de una villa romana, destacando fragmentos de dos mosaicos, uno de ellos adornado con flores de loto. Durante la época musulmana, esta extensa vega del Tajo acogíó la legendaria almunia de la Huerta del Rey, donde destacaba la presencia del Palacio de Galiana. Sobre estos fértiles terrenos se extendió el fabuloso jardín botánico que Al-Mamún mandó cultivar al médico Ibn Wafid, autor del afamado recetario medieval (siglo XI) conocido como El libro de la almohada. Y en sus cercanías, Azarquiel construyó sus enigmáticas clepsidras.

Tras pasar por diferentes propietarios, entre los que destacó el mercader Alonso de Yepes, tesorero de alcábalas y tercias reales, en el siglo XVIII «La Alberquilla» fue propiedad de las Comendadoras de Santiago del Convento de Santa Fe. Por entonces ya se había fundado en sus cercanías la ermita de la Concepción. De acuerdo con las reales cédulas que promovían el fomento de la industria sedera en Toledo, sus terrenos albergaban gran cantidad de moreras. Afectado el bien por la desamortización de Mendizábal, la finca cuya extensión entonces era de 169 fanegas, fue adquirida el 4 de diciembre de 1836 por Bartolomé José Gallardo y Blanco, quien abonó la cantidad de 387.200 reales. El historiador Hilario Rodríguez de Gracia publicó hace unos años en Anales Toledanos un documentado estudio sobre la propiedad de esta finca antes de ser desamortizada.

Nacido en 1776 en Campanario (Badajoz), Gallardo se formó en el conocimiento de los ilustrados franceses, siendo nombrado bibliotecario de las Cortes de Cádiz. Al regresar a España Fernando VII, se exilió a Lisboa y Londres. La restauración del régimen liberal en 1820 le restituyó a su puesto en las Cortes, siendo elegido diputado por Badajoz en 1834. Una vez adquirida «La Alberquilla», trasladó a Toledo su gran biblioteca, dispersa por diferentes lugares de España, dedicando grandes temporadas a sus trabajos de erudición. Aquí le visitaron numerosos amigos, entre ellos el escritor ruso Sergéi Sobolevski, quien contó a Juan Varela que durante tres días y tres noches seguidas Gallardo y él mantuvieron un coloquio bibliófilo en los salones de la finca. También recibió, en 1849, al hispanista escocés e historiador del arte William Stirling- Maxwell.

Gallardo incrementó su patrimonio bibliográfico realizando numerosos viajes por todo el país buscando de ejemplares antiguos o valiosos. Ese afán no estuvo exento de polémica, pues en determinados círculos se le consideraba un rapiñador de libros ajenos. Esa controvertida faceta fue reflejada por el escritor y político Serafín Estébanez en el poema A Don Bartolo Gallardete, retratando a nuestro protagonista como «Cuco, cuco, faquín, bibliopirata / tenaza de los libros, chuzo, púa / de papeles, aparte lo ganzúa / hurón, carcoma, polilleja, rata». En 1852, durante una de esas excursiones, falleció en Alcoy a consecuencia de un ataque cerebral cuando tenía setenta y cinco años. Entre sus obras destaca un título imprescindible para la historia de la bibliografía: Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos.

En 1921, Juan Marqués Merchán publicó una biografía de Gallardo con varios pasajes dedicados a sus estancias toledanas: «Su existencia –decía en uno de ellos- pertenece por entero a las letras; en la hermosa dehesa, que procedente de los bienes nacionales ha adquirido en época de apuros para el Tesoro, amontona joyas bibliográficas sin número, que va catalogando con gran amor y pericia, mientras discurren lentas y pesadas las horas tediosas de la vejez. [...] Por todos los rincones de la estancia vense hacinados con esmero largas ringleras de anaqueles toscos, rebosantes de valiosísimos volúmenes de foro y de convento, de erudición y amenas letras».

A su muerte, la finca y la biblioteca fue heredada por su sobrino Juan Antonio Gallardo y Rivero, quien se negó a vender tal patrimonio a la Biblioteca Nacional, perdiéndose o desperdigándose la misma con el paso del tiempo. Mayor interés demostró en la modernización de «La Alberquilla», pues era un gran apasionado de la técnica agraria. Testimonio de ello son los numerosos trabajos que publicó en la revista El Tajo, fundada por Antonio Martín Gamero. Entre los años 1869 y 1874, Juan Antonio Gallardo fue, por dos veces, alcalde de Toledo durante el Sexenio Revolucionario y la Primera República. La primera de ellas presentó la dimisión por negarse a equilibrar los presupuestos municipales a costa de los más pobres gravando productos de primera necesidad.

A finales del siglo XIX «La Alberquilla» pasó a ser propiedad de otro sobrino de Bartolomé José Gallardo, el ingeniero agrónomo Sergio Novales y Sainz, quien continuó la apuesta de convertir la finca en modélica, llegando a ser considerada como una de las mejores explotaciones de regadío de España. Dada su condición de profesor de la Escuela Agronómica de Madrid, realizó experiencias en selección de semillas, análisis de suelos, cría de ganado lanar y el uso de nuevas maquinarias. Trasladó sus experiencias a diferentes publicaciones y, sobre todo, a la revista Progreso agrario y pecuario, cuya dirección asumió en 1900.

En esos años «La Alberquilla» acogió a un ilustre visitante: Benito Pérez Galdós, cuyo sobrino, José Hurtado de Mendoza, era compañero de profesión de Novales. En algunas de aquellas visitas, el escritor canario estuvo acompañado de un adolescente Gregorio Marañón, quien años después recordó estas estancias en su ensayo sobre Galdós publicado en Elogio y nostalgia de Toledo. En la casa, cuyos extensos anaqueles ya estaban vacíos, se reservó una habitación para que don Benito desarrollase su producción literaria. Sus estancias solían coincidir con los meses de invierno y, en algunos casos, se prolongaban durante varias semanas.

Durante estos periodos, y aprovechando los servicios de Hermenegildo, Melejo, uno de los trabajadores de la finca encargado de conducir el coche de caballos con que se trasladaban, Galdós y su sobrino realizaron numerosas excursiones por pueblos y parajes cercanos. En cierta ocasión, y mientras se probaba un nuevo arado de desfonde, encontraron una moneda romana, que el escritor conservó el resto de su vida, llamándole «ochavo moruno» y que gustaba mostrar con orgullo a sus visitas. De estas estancias se conserva una fotografía del escritor junto a Novales mientras Hurtado de Mendoza acaricia a un mastín. El grupo se encuentra junto a un coche en cuyo pescante está Hermenegildo.

En «La Alberquilla», Galdós se abastecía de paloduz para suavizar los efectos de su tabaquismo y de la finca se llevó a Madrid una oveja negra, llamada «Mariucha», con la que su sobrino y él convivieron una temporada.

Galdós ya había hecho referencias al bibliófilo Gallardo y a su finca toledana en las páginas de El Audaz (1871) y en alguno de sus Episodios Nacionales, como Cádiz: «Le habréis visto –decía- siempre flaco, siempre amarillo, pero antes atrabiliario que jovial, marchando aprisa con los bolsillos de un como redingote gris, lleno de libros viejos, con su sombrero de hule, hecho a las injurias de aguas y soles, y si por acaso dirigisteis vuestros pasos a la Alberquilla, dehesa próxima a Toledo, le veríais allí sepultado en una biblioteca donde le devora, como a Don Quijote la caballería, la estupenda locura de los apuntes; veríais le encerrado semanas enteras, sin tomar otro alimento que el modestísimo de una diaria ración de sopas de leche».

Novales, encuadrado en las filas del partido liberal, fue elegido diputado a Cortes por Toledo en 1901, cargo que mantuvo en diferentes legislaturas hasta 1918. Falleció de forma trágica en 1921, siendo una de las víctimas de la catástrofe ferroviaria registrada en Villaverde al colisionar los expresos deToledo y Andalucía, con el resultado de una decena de muertos y numerosos heridos. Entre los segundos destacaban el coronel Losada, director de la Academia de Infantería de Toledo, y el conocido periodista José Ortega Munilla.

La casa de estilo neomudéjar que hoy se levanta a medio camino entre los barrios de Santa Bárbara y Santa María de Benquerencia, al pie de la autovía Toledo-Ocaña, y que identifica visualmente «La Alberquilla», es un buen ejemplo de esta corriente arquitectónica desarrollada durante el primer tercio del siglo XX y que en la capital regional alcanza su máxima expresión en la estación ferroviaria de Narciso Clavería, situada también en la misma vega del río. Su prestancia es acorde con el brillante pasado literario que este rincón toledano tuvo en otro tiempo.

por enrique Sánchez lubián - @eslubian - Toledo - 21/01/2015 a las 20:46:14h. 
http://www.abc.es/toledo/ciudad/20150121/abci-alberquilla-toledo-finca-ilustrada-201501212046.html

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